Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Mes: abril 2016 Página 2 de 3

El Real Madrid pasó un buen rato en el campo del Getafe

No diré que fue un paseo militar porque fue una excursión al campo. Recordó a los partidos que se disputan en los niveles más modestos del fútbol aficionado en la sobremesa de los sábados. Partidos de veteranos, de empresas, de treintañeros castigados y cuarentones irreductibles. Quien los ha disfrutado, o todavía los disfruta, sabe de lo que hablo. Cada equipo juega su propio encuentro con independencia del rival. Sin más estrategia que alcanzar la portería contraria y evitar el corte de digestión. Sin marcajes, sin tensiones excesivas y con novias de primer semestre en las gradas. Si alguien se pone violento no falta quien le recuerda el objetivo fundamental de la reunión: “Oye, tranquilo, que aquí hemos venido a jugar al fútbol”.

El Getafe se tomó la visita del Real Madrid como uno de esos partidos sabatinos donde lo prioritario es ganarse la ducha caliente y las cañitas de después. Ajeno a la tragedia que le ronda, el equipo renunció a las argucias tácticas, incluso a la pasión, y decidió jugar a la pelota, como si el resultado fuera lo de menos. Ignoro la influencia de Esnáider en este acto de pacifismo, pero lo cierto es que nunca se le vio muy alterado: o está resignado o se hizo budista.

Como tantas veces, el ambiente no enardeció el desempeño local. Si el campo no estaba lleno es porque no todos los madrileños saben llegar a Getafe. No diré que desconozcan su ubicación en el mapa; quien más quien menos ha visto los carteles indicadores en la M-40. El problema es que hay madrileños que temen ser devorados en caso de tomar el desvío. Devorados por dragones o por carreteras en bucle, absorbidos por una circunvalación eterna que los haría coincidir en un polígono industrial con los barcos y aviones perdidos en el Triángulo de las Bermudas.

Ni qué decir tiene que el Madrid lo pasó mucho mejor que el Getafe: tuvo tiempo para pensar y campo para correr. Generó un sinfín de ocasiones y marcó cinco goles porque no debía marcar más. James jugó en la posición teórica del bueno del recreo y en su particular exhibición se vio secundado por Isco.

Del Getafe sólo se puede destacar a Sarabia, un futbolista por encima del entorno. Su gol no rescató a su equipo, pero probablemente le rescate a él. Algo es mejor que nada.

Sorteo Champions: el Real Madrid y los vengadores

bombo

El fútbol, ciencia inexacta y caprichosa, suele favorecer el ajuste de cuentas y hasta diría que le gusta ajustarlas. Sobran los ejemplos. El avión del United se estrelló en 1958 y el club, reconstruido por Matt Busby y liderado en el campo por Bobby Charlton (dos supervivientes), ganó la Copa de Europa diez años después. Algo similar ocurrió con la selección de Zambia. En el accidente aéreo de 1993 murió un equipo prometedor que estaba a punto de clasificarse para el Mundial de Estados Unidos. Diecinueve años después, y muy cerca de donde se estrelló el avión, Zambia se proclamó campeona de la Copa de África.

Hay más casos, cientos. La selección de Brasil se repuso de la crueldad del Maracanazo (1950) ganando cinco títulos mundiales; para ello sólo tuvo que cambiar el color de la camiseta (del blanco al amarillo) y dejar que el fútbol hiciera el reajuste correspondiente. El Depor, el ejemplo más cercano, debió esperar cuatro años para ganar la Liga y cicatrizar el penalti de Djukic (1994).

Si cuento todo esto es porque tengo la esperanza de que el sorteo de hoy nos sirva alguna gloriosa revancha. Para el Atlético, uno de los equipos que todavía espera que el fútbol pague sus deudas, se juntan en el bombo los dos rivales que corregirían su historia: Real Madrid y Bayern. Contra ellos fue vencido en la Copa de Europa, minutos 93’ y 120’. Ganar el título doblegando sucesivamente a ambos sería una restitución con intereses millonarios, la reescritura de su historia. Aunque tampoco conviene abusar.

Para el Madrid no hay revanchas. Al contrario, le amenazan los vengadores. Pellegrini, despreciado por Florentino, entrena al City; en el Bayern (léase Guardiola) todavía el escuece el 0-4 de hace dos años. Y qué decir del Atlético. La única duda es si el fútbol, esa ciencia caprichosa e inexacta, habrá elegido esta primavera apara ajustar cuentas o para seguir honrando al Madrid, el equipo que no se ha cambiado nunca la camiseta blanca.

Spotlight (crítica tardía): demonios sin ángeles

Mejor parados que en movimiento.

Perdonadme, muchachos, pero habéis tenido momentos mejores.

Comprendo el entusiasmo de quienes vieron la película Spotlight en tiempo y hora (no como yo). Lo entiendo porque la mayor parte de las recomendaciones me las hicieron periodistas. Asumo que para ellos, para nosotros, tan relevante como la historia es la utopía que plantea, al menos en nuestro mundo conocido: un equipo de investigación que trabaja al margen de las rutinas de la Redacción y, además, sin prisa. Sospecho que hay muchos compañeros periodistas que no se reponen en toda la película de ese asombro, ajenos al trajinar de los curas y los reporteros.

Debo confesar que a mí me impactó menos. Digamos que admiré fugazmente la existencia de ese cuerpo de élite y me concentré en la historia, dispuesto a disfrutar de una película elogiada por muchos amigos y reconocida en los Oscars con el premio gordo.

Bien, pues no lo conseguí del todo. Me interesó el relato, pero igual que me hubiera interesado un documental al respecto. No me apasionó, en definitiva. Sentí la dosis aconsejable de asco hacia los responsables de los abusos y sus encubridores. Pero no me identifiqué con los héroes de la trama, ni sufrí ni gocé con ellos; no les copié ni un gesto a la salida del cine.

No es fácil, ni frecuente, que actores como Michael Keaton, Mark Ruffalo o Rachel McAdams compongan personajes carentes de relieve. Da la sensación de que el director se limitó a sobrevolarlos. Keaton, por ejemplo, es la mitad del periodista que interpretó en The Paper. McAdams insiste en su deseo de parecer una mujer poco atractiva (comenzó en True Detective 2) y sigue sin conseguirlo. Ruffalo, representante en muchas películas del tipo que quisiéramos ser, no consigue conectar con nadie: ni con los periodistas caóticos ni con los cuarentones mofletudos.

Tampoco se salva Liv Schreiber aunque por momentos resulte el único superviviente de la película. Su contención es tan absoluta y tan sin tregua que su rictus termina por confundirse con la superficie de la piedra Pómez.

No es una mala película, aunque tampoco es una demasiado buena. Resulta oportuna como denuncia que no caduca y por su indudable valor documental; sospecho que por eso fue premiada en Hollywood (de algún modo había que parar los pies a Iñárritu). También sirve como esperanza para los periodistas que todavía la tienen. Para algunos será suficiente. Para mí no lo es. Odio salir del cine caminando igual que entré.

Cristiano pasa de pantalla

El partido cabe en un gesto, el de Cristiano cuando marcó el tercer gol, su tercer gol. Ahí está todo. Si así lo afirmo no es porque el suyo fuera un gesto extravagante, al contrario. Lo relevante fue, precisamente, la naturalidad de la celebración, la alegría desbordante y sin coreografía. Cristiano no se promocionó: ni enseñó los músculos, ni los tres dedos, ni emitió el lamentable jipido que insiste en convertir en imagen de marca. No hizo nada de eso. Festejó el gol como lo hubiera hecho Fifirichi: corrió hacia la grada con los brazos abiertos y con una sonrisa tan sincera que dieron ganas de salir a su encuentro. Se hablará mucho de la remontada del Madrid y poco de la remontada de Cristiano (afectiva, sentimental), pero son igual de importantes. El equipo ha alcanzado las semifinales y Cristiano los corazones que le faltaban.

Si ustedes me lo permiten, evitaré utilizar la palabra “hazaña”. Tampoco usaré los términos “gesta”, “epopeya”, “heroicidad” o “machada”. Lo que logró el Madrid contra el Wolfsburgo no fue más que aprobar en septiembre. Lo que consiguió fue corregir un mal paso. Lo hizo con un estimable despliegue de méritos, nadie lo podrá negar: determinación, convicción, energía y fútbol. Pero dejemos los adjetivos ‘glorificativos’ para mejor ocasión. No saquemos la cubertería de plata en los cuartos de final.

Reconocido el valor de la clasificación y conmovidos por la alegría de los madridistas que a estas horas chapotean en los charcos, el resto del partido se resume en una frase de la que conviene aprender: ten cuidado con lo que deseas, porque lo puedes conseguir. El Real Madrid igualó la eliminatoria en 16 minutos y en ese instante le invadió, sin pretenderlo, la sensación de haber cumplido demasiado pronto con la primera parte de la misión. De seguir con el ritmo inicial hubiera podido marcar del tirón cuatro o cinco goles. Qué fácil es decirlo. Sin embargo, las cabezas no funcionan así. Ni el miedo. Ni el valor. Lo que nos impulsa es el instinto de supervivencia y esa motivación angustiosa pasó del Madrid al Wolfsburgo en 16 minutos. Ten cuidado con lo que deseas, o especifica bien los plazos dentro de tu sueño.

El partido se reajustó solo y el Madrid, también. Obligado a ser valiente, el Wolfsburgo salió de la cueva en los últimos minutos de la primera parte. Forzado a ser valiente de nuevo, ya entrados en la segunda mitad, el Madrid se fue a por el tercer gol sin reservas y sin más precauciones que las precisas, pocas. Esa actitud dice mucho de un equipo y de su entrenador, aunque no todo. Está bien chapotear ahora en los charcos, pero la cenas con cubertería de plata se sirven en semifinales. Y más allá.

Manual para las horas previas de un gran partido

Máxima expectación ante el Real Madrid-Wolfsburgo.

Los alrededores del Bernabéu, poco antes del encuentro.

Probablemente, en lugar de concentrarse en Valdebebas, los jugadores del Real Madrid deberían haber sido repartidos por los hogares de una veintena de madridistas. Con ellos hubieran compartido la noche de ayer y el desayuno de hoy. A su lado, habrían comprendido la inquietud que se siente, los nervios, la pizca de miedo. Recogido el desayuno y bien hecha la cama, los futbolistas quedarían liberados para marcharse a su hotel de concentración, tampoco es cuestión de que Zidane se pase la tarde recorriendo Madrid para dar las últimas instrucciones tácticas.

Existe otra alternativa, para quien no guste de dormir en casas ajenas. Sería, digamos, la opción cinematográfica. Durante esta mañana inútil los jugadores ocuparían sus asientos en una pequeña sala de proyecciones, donde verían resúmenes de las remontadas históricas del Real Madrid, editadas por el equipo de Informe Robinson y comentadas, finalmente, por alguno de los protagonistas de entonces. Saldrían a colación las arengas de Camacho (“la primera patada es nuestra”) y el italiano de Juanito (“noventa minuti…”), se hablaría del ambiente enloquecido y del desconcierto de los rivales; también se disertaría, seguramente, sobre la psique de los señores árbitros.

Cumplido este protocolo, no sería necesario convocar a los aficionados, de manera algo impostada, para recibir entre vítores al autobús del equipo. Los futbolistas ya sabrían lo que se siente, lo que se dice y lo que se sufre. La mejor forma de visualizar un objetivo es verlo con tus propios ojos, desayunar con él. El partido de hoy no se debe remontar ni por el club ni por la historia, aspiraciones intangibles, sino por la gente. Esa misma gente que lleva toda la mañana viendo llover y preguntándose cómo estará drenando el césped del Bernabéu, cómo se pondrá el campo de pesado, cómo saldrá el partido y cómo será la vida a las once de la noche.

Vamos a ver qué pasa

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Mario Conde se esconde

Cervantes prueba

400 años después de su muerte, nuestro literato más internacional vuelve a casa. El barrio de Las Letras -que debe su nombre a la prolífica prosa (y verso) que vecinos como Quevedo, Góngora, Lope y, por supuesto, Cervantes produjeron durante el Siglo de Oro- homenajea, desde el próximo viernes 15, al autor de El Quijote. El Ayuntamiento de Madrid ha preparado casi un centenar de actividades que se prolongarán hasta el 30 de abril.

El concejal presidente del distrito Centro, Jorge García Castaño, ha presentado en la sede de MediaLab Prado la propuesta del Área de Cultura y Deportes, en colaboración con el distrito y la Asociación Vecinal de Sol y barrio de Las Letras.

El actor José Sacristán dará el pistoletazo de salida a los festejos cervantinos con un discurso inaugural que pronunciará el sábado 16 a las 12.30 horas frente al convento de las Trinitarias Descalzas (calle de Lope de Vega, 18), donde descansan los restos de Cervantes.

Goleada del Madrid y portada de Cristiano (como cabía imaginar)

Al inicio de la primavera proliferan los días mentirosos: brilla el sol, pero hace frío. El problema es confiarse, vestirse con la parte vaporosa del armario, imaginar que el rayo que nos calienta nos acompañará tarde y noche, incluso en las esquinas donde dobla el viento y no alcanza el sol.

La primavera del Real Madrid está llena de días así: soleados en apariencia y de aspecto templado, postales que invitan al optimismo y a retozar en la hierba. La sensación se acentúa si el partido se juega a la hora del café, precisamente cuando más calienta el sol y el revolcón naturalista se hace más tentador. En tardes semejantes todo parece posible, marcar cuatro, cinco o seis goles, levantar una eliminatoria o remontar el Orinoco.

No pretendo afirmar que el triunfo del Madrid haya sido inútil, porque la alegría nunca lo es. Ganar le ha servido para mejorar el ánimo y congraciarse con la afición, que siempre está deseando que la digan que la quieren, aunque sea mentira. Tampoco faltará quien interprete que la goleada traza el plan de ruta para la remontada del martes, aunque conviene recordar que entonces no habrá ni pajarillos ni sol.

En este tipo de tardes, como es conocido, Cristiano aprovecha para invitar a merendar a su ego, que es un monstruo de mucho apetito. Digo ego y no ambición, porque si fuera verdaderamente ambicioso de “dignidades y fama” (como apunta el diccionario) se hubiera reservado para la Champions. Mal hace el Real Madrid si considera que el club gana algo cada vez que Cristiano consigue un Pichichi, una Bota de Oro o un Balón del mismo metal. En todos esos casos, y alguien ya debería haberlo advertido, gana Cristiano.

Al Eibar, como a tantos visitantes, le queda el consuelo de los amantes sin gol: lo hice todo bien, pero la chica recogió los sonetos y se fue con otro. El prestigio, pese al marcador, le queda intacto. Club ejemplar, fútbol atractivo y un japonés en la plantilla. Es seguro que Florentino suspiró al ver a Takashi Inui e imaginar cuantas camisetas podría vender en el Imperio del Sol Naciente (126 millones de habitantes, en doloroso contraste con los 4,8 de Costa Rica).

En fin, nada que no supiéramos antes. Victoria holgada, primavera engañosa, Cristiano en las portadas y Lucas Vázquez en el corazón. Si no lo vieron no se perdieron nada. Yo, de hecho, tampoco lo vi.

El Real Madrid-Eibar o la crónica predictiva

Sí, así es. La crónica Real Madrid-Eibar la escribiré antes de que se juegue. Habrá quien piense que se trata de una solemne estupidez y habrá quien sospeche que tengo planes a la hora del partido (siesta, parque de bolas), pero en realidad es un acto de rebeldía, una huelga a la japonesa. Desde que lo digital irrumpió en nuestras vidas, se espera que los cronistas tengan terminados sus relatos casi inmediatamente después del pitido final. Bien, pues el que me propongo escribir yo estará listo antes del pitido inicial.

Dicho de otro modo: cumpliré los más estrictos horarios de publicación recomendada. O mirado de otra forma: romperé la barrera del sonido de la inmediatez periodística. Y dado que en estos tiempos la rapidez importa tanto como la calidad, mi texto podrá competir con las composiciones más sesudas, meditadas y objetivas. Llegados a este punto, imagino que ya habrá algún director suspirando por no tenerme entre sus brazos.

Sobre algo quiero avisar. Es muy probable que mi crónica esté llena de inexactitudes e imprecisiones, y hasta se me podría colar algún elemento fabulativo, disparatado a tenor de los acontecimientos posteriores; es deseable que así sea. Acertar el marcador, los goleadores y las tarjetas me concedería una dimensión que no pretendo, aunque estoy abierto a todo tipo de ofertas (CNI, CNN, El tarot de Laura, etc…).

Lo único que pretendo reseñar es lo incongruente que resulta esperar inmediatamente después de un partido una reflexión sosegada, oportuna y ponderada, con cada pica en su sitio. Si tal cosa es el objetivo primordial del periodismo digital propongo que las crónicas se escriban antes y que tanto los futbolistas como el árbitro, si no es mucha molestia, se atengan después al guión: marcador, goles y tarjetas.

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