Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Liga devaluada (con perdón)

Seamos honestos, el título de Liga está devaluado. Lo está cuando lo ganan Barcelona o Real Madrid, lo que viene a ser casi siempre, y las excepciones, tres en este siglo, sirven para confirmar la regla. Para comprobar que el título está devaluado (sobrevalorado, si lo prefieren) es suficiente con observar la celebración, cada vez más impostada, de las respectivas aficiones, dócilmente coreografiadas por los clubes. Nada extraño, por otra parte. Cualquier cosa que se gane 32 o 24 veces deja de ser, forzosamente, extraordinaria.

Que el Barça haya ganado ocho de los últimas once Ligas es relevante si lo consideramos en relación al Real Madrid. Lo formidable de ese dominio es el porcentaje, pero excluyan del análisis al resto de equipos (esto es un duelo entre dos), al menos hasta que el Atlético se confirme como fuerza equivalente. La Liga deja de ser una competición global desde el momento en que hay un par de competidores que apenas tienen competencia.

No tendría sentido destacar la dimensión universal de Madrid y Barça y permitir que se justifiquen con un título nacional donde cuenta más la capacidad de concentración que la brillantez. Con el Bayern sucede lo mismo, cambien el diálogo por el monólogo. Que el equipo conquiste la Bundesliga es una mera decantación presupuestaria.

Lo único que da sentido a instituciones tan grandes es la obtención del título más grande que existe, el único que concentra a adversarios de recursos similares. El problema es la fugacidad de esos enfrentamientos; la solución será la creación de una Liga europea (Champions League en sentido estricto) que asegure cada temporada los mejores partidos del Continente sin necesidad de un sorteo con las bolas más o menos calientes.

Cuando escuchen a un entrenador de Real Madrid o Barça decir que la Liga es el título más importante de la temporada, no crean una sola palabra. Lo pregonan para que no se les empiecen a aburrir los jugadores en septiembre, a la espera de los cruces de Champions. Cuando vean a un futbolista de Barça o Madrid celebrar locamente un campeonato liguero, ténganlo claro: ese muchacho tenía más ganas de fiesta que de Liga. A simple vista les parecerá emocionado, pero no se dejen engañar: está pensando en otra.

Anterior

Barça, un campeón sin intriga

Siguiente

El Sevilla ganó al espejo

4 Comentarios

  1. Borja González

    Buen análisis, sin duda. Discrepo en cuanto a la solución a medio plazo: En esa supuesta “Champions League” con formato liga, ¿Cómo se haría el reparto de ingresos televisivos? ¿Aceptaría cualquiera de los 8-10 equipos actualmente punteros un reparto manifiestamente desigual, como el de la Liga española? Sin duda la respuesta es no. Ergo… apliquemos aquella medida económica a ésta, nuestra liga.

    Fdo: Un amante del fútbol de las afueras del reino de Madrid (Sevilla, ciudad del Real Betis).

  2. Raúl

    Hola Juanma,

    En primer lugar, gracias por tu blog, de parte de un seguidor tuyo de hace muchos años.
    Y después del agradecimiento, el reproche: cansa bastante que se menosprecie el título de Liga si lo gana uno de los “grandes”. Sobre todo por el envoltorio adolescente que conlleva. Me explico: soy seguidor del Real Madrid y asumo con naturalidad que tiene la mejor plantilla del mundo (con el permiso de Messi). Entiendo que haya seguidores que vean la Liga como aburrida o poco competitiva, pero son esos mismos seguidores los que caen en una histeria, propia o ajena, contra el “grande” que no ha ganado el título. Si queremos una competición más reñida, deberemos hacerlo dejando a un lado los gritos adolescentes que vertimos (sobre todo en prensa) cuando Madrid o Barça empatan en, por ejemplo, Málaga. ¿Estamos preparados para ello?. Leyendo tu post, da la sensación de que lo único que salva la temporada para Madrid o Barça es ganar la Champions. Y no.

  3. amrs21

    Es una competición devaluada en la medida en que para progresar de un estatus a otro hace falta un mantener un nivel constante de resultados excepcionales. El Atlético, por ejemplo, lleva cinco años bajo un proyecto admirable y sigue teniendo que tirar de fútbol defensivo para competir con los dos grandes. En el fútbol, como en todas las cosas, el poder llama al poder; cuando llegas a un nivel, sólo puedes acumular más.

    En cambio, para el resto, hacer las cosas bien es sinónimo de supervivencia en determinado estrato: un equipo europeo sobrevivirá entre la cuarta y la sexta posición, un equipo de parte baja de la tabla seguirá un año más en la élite y así sucesivamente. Progresar de una zona a otra requiere de una capacidad extraordinaria para crear un proyecto y tener recursos y ojo para renovarlo en permanencia, porque ahora, a poco que destaque uno, ya se lo están rifando los grandes equipos.

    Esto me recuerda a un reportaje maravilloso sobre Quini, por cierto. En él, cuenta el propio jugador que el Barça le quiso una vez cuando era joven aún, y que el Sporting se negó rotundamente. Explicó que tener contrato con un club era prácticamente un acuerdo de pertenencia: “tú eras de un equipo, y hasta que ellos quisieran”. ¿Cuánto habría durado Quini en el Sporting hoy en día?

    No digo que tenga que haber restricciones férreas en cuanto al movimiento de jugadores, pero sí que el problema esencial es que los jugadores tienen más visibilidad que nunca, pero que el fútbol no ha reaccionado a esto adecuadamente, al contrario: hay menos control que nunca. Esto implica que, por ejemplo, Laporte acabe dejando el Athletic, Bakambu salga del Villarreal o Gayá, de confirmar su potencial, termine fichando por un grande tarde o temprano. ¿Y para quienes le descubrieron? Vuelta a empezar.

    Por eso, proyectos como el del Sevilla tienen altibajos. En la época 2005-2010 encontraron una generación maravillosa y compitieron por la liga, luego les fue peor, ahora mejoran…pero es prácticamente imposible para ellos que acaben ganando una Liga o incluso compitiendo por una, porque la brecha económica es tan grande que para el Sevilla será más fácil vender a Gameiro que tratar de retenerle. ¿Cómo se frena la cadena alimenticia? Fomentando medidas que protejan a los clubes modestos, repartiendo mejor los derechos televisivos…restringir la cantidad de fichajes posibles o ayudar a que los jugadores cumplan, por lo menos, la mitad de su contrato, son posibilidades.

    Y eso no tiene por qué perjudicar a los grandes. Seguirán pudiendo fichar a los mejores, sólo que no tan descontroladamente. Y, sobre todo, entenderán que pueden invertir sus recursos en algo mucho más ilusionante e igualmente eficaz, que es la formación.

  4. Eso es para evaluarlo, sin embargo comparado con lo que ocurre en Alemania no están tan mal, ya que a parte de los dos grandes vemos asomarse de vez en cuando a un Atlético, un Sevilla, o a otro equipo. Pero lo del país teutón es muy serio, un Bayern que desde hace años domina a placer la Bundesliga ya está creando dudas entre muchas personas. Hace un tiempo veíamos que el Dortmund servía de contrapeso, pero ¿Qué se puede hacer si se llevan los jugadores? (Lewandowski, Hummels, y en su momento Goetze). El resultado lo vemos en la Champions, donde le otorgan demasiadas plazas a Alemania y al final vemos que casi siempre es sólo el Bayern quien logra llegar a las instancias más decisivas. La Bundesliga podrá ser el torneo con más concurrencia , pero ver que sólo un equipo está a otro nivel preocupa mucho.
    Saludos.

Deja un comentario

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén