Froome, maltrecho. Cómo estarán los demás.

Solemos considerar, no sin cierta crueldad, que una de las condiciones fundamentales de los campeones es que no se caen. Y no es cierto. Lo que distingue la baraka de un campeón frente a la famélica fortuna de otros ciclistas es que cuando se caen no se hacen daño, o no demasiado. Todo campeón de largo recorrido tiene un padrino en los barrios altos.

Repasen conmigo, si piensan que exagero. Tom Dumoulin se cayó y se rompió la muñeca; Pierre Rolland se cayó cuando marchaba en la fuga y el aturdimiento le duró varios minutos (perdió siete en meta); Dani Navarro se cayó en el grupo de cabeza y de sus múltiples heridas físicas y morales todavía no teníamos noticia al cierre de esta edición (obsérvese el humor negro).

Bien, pues Froome se cayó como los otros y los rasguños que se hizo no tuvieron otro efecto que hermosear su liderato. Nada más épico que un maillot amarillo salpicado de sangre. No se puede negar que, a falta de rivales, Froome ha hecho lo que ha podido para ponerle épica a la presente edición: ha subido sin bicicleta por el Ventoux y ha bajado sin ella varios metros de un puerto.

El caso es que el líder se incorporó de inmediato, tomó prestada la bicicleta de Geraint Thomas (1,86 el jefe y 1,83 el gregario) y reanudó la marcha, con tiempo (y resuello) para alcanzar al pelotón de favoritos y pasar lista. Poels hizo el resto. Es decir, controlar a unos, intimidar a otros y arrastrar a su señor hasta los últimos metros. Podríamos afirmar que su trabajo está siendo impagable, pero es posible que esté muy bien pagado. De otro modo no se entiende esa concentración de ciclistas prometedores en el Sky, siempre al servicio de un interés superior.

Fabio Aru se movió, más gesticulante que efectivo, y Valverde tiró del grupo cuando se hizo evidente que Froome no marchaba bien. Quién sabe cuántos minutos o victorias de etapa le habrá costado a Valverde la obstinación del Movistar con Quintana. En eso andábamos pensando cuando vimos llegar a Purito y Valverde a 23 segundos del vencedor de la jornada, el francés Bardet, un muchacho tan delgado que no hay elástico que le ciña. Froome minimizó las pérdidas (diez segundos con Nairo) y alimentó otras ventajas. Porte cedió 17 segundos con el líder y Yates, veinte. Mollema, tocado y hundido, rondó los cuatro minutos.

Si la clasificación general ofrece emociones fuertes es porque quienes siguen al líder están separados por sólo 35 segundos: Bardet, Quintana y Yates. Y Porte tampoco se encuentra muy lejos, a 31 segundos del último vagón. Expresado de otra manera: tortas por el podio. Tortas bajo la lluvia con un líder que bajará los puertos con el ceño fruncido y en constante compañía de Geraint Thomas. Es más, mucho más, de lo que podíamos imaginar hace apenas 24 horas.