Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Mes: agosto 2016 (Página 1 de 2)

El puño de Froome

Chris Froome.

Froome eligió esta foto y la colgó en Twitter. La del puño.

 

No es relevante que Froome le ganara la etapa y la bonificación a Nairo Quintana, qué son cuatro segundos, una pérdida insignificante con tanto por disputar. Lo importante es cómo lo celebró, la rabia con que lo hizo, el braceo en el aire y el puño derecho en alto. Ese gesto, casi una haka neozelandesa, tiene más valor que el tiempo y araña más que el cronómetro. Es probable que Nairo, que llegó justo detrás, se pregunte todavía qué es lo que ha perdido para que su enemigo crea haber ganado tanto: sigue líder, con casi un minuto de ventaja, y su equipo exhibe la fortaleza que desea cualquier aspirante. Sin embargo, hay algo preocupante, y no me pregunten qué es porque no consigo distinguirlo dentro del puño de Froome.

Horas después, el vencedor en Peña Cabarga compartía en las redes sociales la imagen de su triunfo, una fotografía espectacular, casi un logo, pero mostrada como si fuera la prueba definitiva de una victoria fabulosa conseguida en una cumbre mítica. Y es hermosa la subida, digna de acampar en la cumbre, no pretendo decir lo contrario, pero convendrán conmigo que carece de suficientes kilómetros y de la necesaria leyenda, por mucho que a Froomie le traiga buenos recuerdos.

Hay algo que Froome vio o sintió y que a nosotros se nos escapa, algo que podría ubicarse en sus piernas, en ese invisible que los ciclistas llaman “sensaciones”, aunque más seguramente sea algo que le evitaba y que ya tiene en su mano, en su puño concretamente.

 

 

Nairo, el bulldog

Atención: Nairo muerde.

Atención: Nairo muerde.

 

Sucedió durante una charla que pretendía ser deportiva. Preguntado sin más preámbulo por su raza, Nairo Quintana miró a su interlocutor, forzó una media sonrisa y respondió: “Bulldog”. Es obvio que Nairo consideró inapropiada la pregunta, pero hasta ahí llegó su enfado, ni un comentario más, prosigamos la conversación.

En ese primer y único encuentro con Nairo me sorprendió su aplomo. Lo imaginaba tímido, e incluso huidizo, pero lo encontré prudente y sereno, con un fino sentido del humor que no practica ante extraños, como si fuera consciente de su responsabilidad “institucional”: líder de uno de los mejores y más caros equipos del pelotón internacional, además  de embajador plenipotenciario de Colombia.

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David de la Cruz: dejar de tener futuro para tener presente

De la Cruz se sobrepuso a todo.

De la Cruz se sobrepuso a todo.

 

Las autodefiniciones que cada cual incluye en su perfil de Twitter nos ofrecen un fascinante catálogo de tipologías humanas que espero que alguien recopile pronto en un libro. Predominan los “amigos de sus amigos”, pero no faltan los que se declaran como “espíritus sensibles”, sin que ello les impida ametrallarte a insultos a la primera oportunidad. David de la Cruz, ciclista de 27 años, se presenta como sigue: “Pedaleando alrededor del mundo en mi bicicleta”.

Así el nuevo líder de la Vuelta a España y no haría falta añadir nada más. Un muchacho que ama su profesión, que se busca la vida en el extranjero, con más sentido de la aventura que de la vanidad y que de, repente, consigue un éxito que le propulsa. De la Cruz no volverá a ser un corredor de complemento, ni un chico de mérito con discreto palmarés. De la Cruz estrenará, a partir de ahora, una nueva clase social, reconocida en el pelotón y aceptada en el autobús del equipo. Todo encaja con la victoria, incluso los pronósticos que no se hicieron: “Siempre pensé que ese muchacho tenía clase”.

David de la Cruz recordará para siempre el 28 de agosto como el día en que dejó de tener futuro para tener presente. Camino de los Lagos de Covadonga estrenará esa nueva condición que le sitúa como centro del mundo y protagonista de la cámara 2. Que no tema si pierde el liderato. Después de hoy ya no hará falta un jersey rojo para que sepamos dónde está.

El encanto de la juventud

Juventud, divino tesoro.

Morata, el último grito.

El Real Madrid debería celebrar antes que el juego, incluso que las victorias, el ambiente de felicidad que rodea al equipo. Por lo que se ve, no es necesario fichar a una superestrella cada verano. La pacífica sensatez de Zidane también genera ilusión. Su apuesta por los jóvenes conecta con la grada y sirve para purificar el aire, para limpiarlo de divinidad. La entusiasta reacción de los aficionados no es nueva. Es curioso cómo prevalecen los valores que algunos se empeñan en negar. Siempre existió debilidad por los chavales, mejor si son canteranos y preferiblemente si se trata de españoles, pero sin excluir a los que, como Casemiro, representaban las divisas del club, el coraje y la humildad.

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La Vuelta a España es el Tour de Francia que no salió

Valientes a relevos.

Valientes a relevos.

La Vuelta es como nos hubiera gustado el Tour: Nairo de líder, Froome en versión mortal y Contador en la batalla. Por no mencionar a Valverde o Chaves y sin despreciar a Simon Yates. Desde hace algún tiempo las emociones se retrasan hasta el mes de agosto. Es cierto que no son los mismos castillos y es verdad que el maillot de líder se confunde, de manera irritante, con el rojo de otros equipos (Katusha, Cofidis, Lotto Soudal…), pero el nivel competitivo está lejos de desmerecer. Cumplida la octava etapa, el libro de ruta es un menú ante el que cuesta no relamerse: Naranco, Lagos, Peña Cabarga, Aubisque, Formigal… Montañas y campeones, el paraíso del aficionado.

La escalada a La Camperona no defraudó, aunque algunos recelemos de la proliferación de puertos con rampas circenses. Personalmente creo que la Vuelta ya ha demostrado su capacidad de inventiva sin necesidad de que invente permanentemente. Hay otras fórmulas que me atrevo a proponer. Sería una novedad que cada etapa recibiera el nombre de un gran campeón, ya sea porque allí hizo historia el ciclista en cuestión (Hinault-Serranillos), o porque determinado corredor ha sido el inspirador del recorrido, como sucedió con Purito en la etapa de Andorra de la pasada edición. En caso de que prospere la idea sólo reclamaré un viaje en el coche de la dirección con medio cuerpo asomado por el techo del Skoda, quizá gritando Gerónimo. No es mucho pedir.

La suerte hace la cobra (de nuevo) a Alberto Contador

Contador se estrelló, otra vez, contra el mal fario.

Contador se estrelló, otra vez, contra el mal fario.

 

Carece de sentido que el deporte, actividad querida pero ajena a nuestra intimidad (por llamarlo de algún modo), tenga el poder de estropearnos un buen día o de arreglarnos uno pésimo. Tal cosa no debería sucederle a personas casi maduras, coherentes a ratos y relativamente sensatas. Esto es lo que me repito, sin éxito apreciable, para recuperar el ánimo tras la caída (enésima) de Alberto Contador. La experiencia, además, me dicta que lo peor está venir: le harán placas, descubrirán algún hueso roto y me quedaré sin chapa de Cinzano para proseguir la Vuelta.

A los menos iniciados en mi persona (y circunstancias) les diré que mi pesimismo es impostado y no tiene otro objeto que ser desmentido por la realidad. Tengo por seguro que si enuncias algo con suficiente firmeza y lo colocas en el primer párrafo no sucederá nunca. Ya saben aquello de que cada vez que hacemos planes se escuchan carcajadas en el cielo. Imaginen la reacción del cielo ante las proyecciones por escrito.

Entre mis convicciones sin fundamento manejo otra teoría improbable, aunque hoy precisamente me resulte más cierta (mis cosas): la acumulación de desgracias se acaba compensando con un golpe de suerte. El problema, en este caso, es que la vida paga con el retraso de los ayuntamientos. Esa esperanza será la que me haga soñar con un Contador sin secuelas, chapa y pintura, herido únicamente en su orgullo y más valeroso que nunca. Y con esa misma ilusión, o parecida, imagino victorias de Luis León Sánchez burlando a los sabuesos que se lo comieron esta vez. Pensarán ustedes que bebo demasiado Cinzano, pero es por las chapas.

 

Simon Yates: el campeón con un doble

Simon Yates, ganador en la Ribeira Sacra.

Simon Yates, ganador en la Ribeira Sacra.

 

Simon Yates ganó en la Ribeira Sacra una de esas etapas (diabólicas) que consagran a un ciclista, que lo identifican indudablemente como un campeón. Ya hay fundamento documental para justificar la fama con la que los gemelos Yates irrumpieron en el ciclismo hace dos temporadas: un mes después de que Adam terminara el Tour en cuarta posición, Simon ha conquistado su primera etapa en una grande. Los dos genios, de 24 años recién cumplidos, viajan sobre el horario previsto y a la velocidad imaginada, la de la luz.

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Caso Otegi: una reflexión que no gustará a nadie

Arnaldo Otegi.

Arnaldo Otegi.

 

No descubro nada si digo que EH Bildu está aprovechando la inhabilitación de Arnaldo Otegi para recuperar la primera fila del escaparate. No hay mejor noticia que una prohibición que se puede atribuir al Estado y que permite retomar un discurso básico que cuaja entre todos aquellos (y no son pocos) que se movilizan en cuanto alguien pronuncia la palabra libertad, no importa el contexto. Desde ese punto de vista, el de los movilizados, aquí no hay más caso que el de un hombre al que no se permite concurrir a unas elecciones y lo demás son excusas represivas.

A falta de conocer la resolución del caso, lo que parece seguro es que los votos de Bildu se multiplicarán en las elecciones vascas y otra vez nos será imposible distinguir el voto-protesta del voto-conciencia. Nada moviliza tanto a un votante descreído como la posibilidad de manifestarse contra el sistema en el que ha dejado de creer. Europa nos lo recuerda a cada paso, del Brexit a las elecciones españolas.

Lo que parece seguro es que los votos de Bildu se multiplicarán en las elecciones vascas y otra vez nos será imposible distinguir el voto-protesta del voto-conciencia.

Pero no quisiera desviarme de la cuestión. Y la cuestión, a mi juicio, no es si Otegi puede o no presentarse a lehendakari. Si aislamos el asunto como otros aíslan la palabra libertad, Otegi no puede ejercer como cargo público porque así lo ha dictado la ley y porque así se deriva de la condena que le fue impuesta. Sin embargo, el enfoque ha de ser más amplio y debe estar despejado de todo tipo de prejuicios, incluso de consideraciones éticas. Entiendo a quienes consideran repugnante que quien ha justificado a ETA y ha formado parte de la organización pueda ser el presidente de todos los vascos. Y comprendo, naturalmente, el desgarro de las víctimas del terrorismo ante esa posibilidad. Pero la paz incorporaba esta cláusula. La paz no hace desaparecer a quienes respaldan, con matices o sin ellos, las tesis de los abertzales. La paz impone la convivencia, la misma que quiso defender Arantza Quiroga. Ese era el precio.

Asumir lo anterior no significa que Otegi deba ser indultado, o que haya que cambiar la ley para acomodarse a sus quejas, ni rehabilita a los brigadistas nacionales de la estupidez o a los independentistas sin fronteras, tampoco a Pablo Iglesias. Asumir lo anterior sirve para aceptar que Otegi podrá presentarse algún día a las elecciones vascas, como hubiera podido concurrir a las próximas de no mediar condenas y consecuencias. Esto no es una polémica moral, porque ya no puede serlo y porque no avanzaríamos nunca. Es un problema administrativo.

Salvar la cabeza

Meersman, ganador y superviviente.

Meersman, ganador y superviviente.

 

Entrevistado por TVE al finalizar la etapa, Samuel Sánchez reflexionó sobre la suerte y sobre el tiempo: “Los días pasan despacio y los años, volando”. Después se reservó un recuerdo para las víctimas del terremoto de Italia. No pudo aprovechar mejor el minuto frente al micrófono: claro y elegante. Si le apetece y le gusta será un brillante comentarista de ciclismo o un magnífico presentador del Telediario, tal vez un prometedor diputado por Asturias.

Samuel desmiente el tópico del ciclista rudo y de pocas palabras, si es que todavía hiciera falta desmentirlo. Juan Antonio Flecha, que a sus comentarios en Eurosport añade simpatía y sentido del espectáculo, ha elevado la categoría del ex corredor que opina: ha demostrado que los hispano parlantes no tenemos ninguna deformación en la laringe que nos impida hablar inglés correctamente.

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El beso

Calmejane, entre azafatas.

Calmejane, entre azafatas.

 

Cuando Lilian Calmejane, flamante ganador de la etapa, se dispuso a besar a una de las azafatas, concretamente la situada a su derecha, los labios de ambos estuvieron a punto de coincidir accidentalmente. El chico salió algo azorado de la situación y ahí se le notaron los 23 años, la falta de podios y la escasez de novias comunitarias (léase de la UE). La joven, por su parte, evitó el equívoco con agilidad de cobra. Resulta evidente que conoce la naturaleza masculina pero no sabe nada de ciclismo: es Sagan quien la hubiera besado a tornillo.

Vaya en descargo de Calmejane que los franceses besan al revés, lo que significa (no se asusten, ni se exciten) que ofrecen primero la mejilla izquierda, la contraria de la que esperamos nosotros. Se dice que a los italianos les pasa lo mismo, pero en este caso sí conviene desconfiar. Más embarazoso habría sido si el ganador hubiera nacido en Normandía, pues ellos reparten cuatro besos, dos por mejilla. O que Calmejane hubiera practicado el beso nacional, el french kiss: aquel en el que las lenguas entablan conversación. Es muy posible que, en tal extremo, hubiésemos asistido al primer tortazo en la historia de los podios ciclistas.

Calmejane aprenderá y es fácil que la azafata en cuestión presuma algún día del chico al que negó el beso que merecía. Bastante fácil.

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