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Ya estamos de Vuelta

Kennaugh ya ha elegido azafata.

Kennaugh, muchacho avispado, ya ha elegido azafata.

 

En el número 85 de Brewer Street, en el Soho londinense, se ubica un local que no se puede describir tan sólo como una tienda de bicicletas. Rapha, de hecho, se define en primer lugar como un Club de Ciclismo. De eso presumen sus empleados, y está bien que lo hagan, aunque la denominación sigue sin estar completa. Rapha es el selecto fabricante de la ropa del Sky, una firma tan elegante que podría tener sastrería en Regent’s Street. Convendrán conmigo en que la distinción del equipo no sólo es deportiva, también se relaciona con la indumentaria de los corredores, con la tecnología en general y con los coches en particular, unos Jaguar esplendorosos. No hay duda de que James Bond correría en el Sky.

En la tienda de Rapha se venden gorras a diez libras que servirían para casarse sin perder la compostura, por no mencionar otros artículos de semejante buen gusto pero mayor presupuesto. En Rapha (y no soy accionista) se combina el clasicismo del buen vestir con la tradición, de modo que cualquier aficionado que se precie se sentirá allí como en el Ralph Lauren del ciclismo, lamentando no ser rico y deseando depilarse las piernas.

También se puede almorzar, concretamente sobre mesas que tienen enmarcados viejos maillots del Peugeot o del Molteni. Desde esa peculiar cafetería se siguen las grandes carreras y se anotan en una pizarra los líderes de cada día al tiempo que se degusta un sándwich de roastbeef y pepino. Una de las conquistas del Sky, y por extensión del ciclismo inglés, es haber puesto de moda no ya el ciclismo, sino el ciclismo elegante.

Rapha, 85 de Brewer Street, Londres.

Rapha, 85 de Brewer Street, Londres.

 

Para mi desgracia, no estuve en el 85 de Brewer St. cuando Sky se proclamó vencedor de la primera etapa de la Vuelta a España; me hubiera gustado comprobar cómo lo celebraban los lugareños, quizá brindando flemáticamente con alguna bebida détox.

El triunfo del Sky por centésimas impidió la victoria de Movistar y lo que hubiera sido un emotivo liderato de Valverde, ese campeón que todavía se divierte a los 36 años. Aplazada la nostalgia, el primer maillot rojo será Peter Kennaugh, un muchacho de carrillos sonrosados que nació en la Isla de Man, como Mark Cavendish y los Bee Gees.

El gran rendimiento del Movistar anuncia un prometedor duelo entre Froome y Nairo, al que se llegará Contador con 52 segundos de desventaja. Esa fue la pérdida del Tinkoff, una formación que se disolverá sin haber ayudado verdaderamente a su líder. También es culpa del interesado. Hay quien escoge mal los novios y quien elige mal los equipos.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

Me gusta la Vuelta. Tengo la impresión de que me gusta como a los franceses les gusta el Tour, con ese punto de orgullo. Entiendo que los organizadores, con quienes simpatizo, afinen en cada edición su capacidad de inventiva, pero temo que los inventos, de tan repetidos, nos distraigan de la carrera y la hagan parecer superficial. Es verdad que la Vuelta carece de la monumentalidad del Giro o del Tour, y nada se puede hacer contra eso. Sin embargo, se ha terminado por beneficiar de su posición en el calendario: la Vuelta es la última oportunidad para salvar la temporada. De ahí que en las últimas ediciones reúna a un buen número de campeones con asignaturas pendientes. Por no hablar, claro, de los campeones que no necesitan motivos para competir, como Froome o como Valverde.

Me gusta Galicia. Para ello no necesitaría vínculos familiares directos (Galicia es objetivamente hermosa), pero los tengo. Galicia son los veranos de mi infancia y a ningún territorio pertenecemos tanto. Me gusta poco, no obstante, que el trazado de la Vuelta a España se concentre en zonas determinadas del mapa, aunque sea en Galicia. Me gustan menos aún las polémicas idiomáticas. La gran mayoría de los gallegos a los que trato hablan de La Coruña y no de A Coruña, sin que por ello su esencia pierda un gramo de galleguismo. Lo mismo podría decir de Orense y Ourense. Sentirse agredido porque un forastero opta por el término castellano en detrimento de la denominación oficial me parece muy poco inteligente y muy poco gallego. Lo comento porque me han llegado ecos de una polémica al respecto.

Por lo demás, todo bien, gracias.

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2 comentarios

  1. Líbreme el cielo de veleidades nacionalistas y de cualquier -ismo en general. Pero me gustaría hacer una puntualización. El nombre oficial de las localidades que citas es «A Coruña» y «Ourense». Y no porque lo diga ningún nacionalista amargado y amargador, es que esos son los nombres definidos por el BOE. Luego ya cada cual le puede llamar «La Coruña», «Orense» o «Sangenjo» o «El sitioaqueldondecomimostanbien», porque la libertad consiste en eso, en llamarle a cada lugar lo que uno quiera.

    Ya después se puede disertar sobre un pueblo que se avergüenza de su propia toponimia, pero este no es el lugar ni el momento.

    P.D. ¿Le habrían llamado a la etapa «Lérida – La Almendra de Mar» de haberse disputado por otros lares?¿A que no? Pues eso…

    • juanmatrueba

      Le invito, si le parece y le inspira, a enviarme un texto al respecto que estaré encantado de publicar. Un saludo.

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