Los guerreros del Dortmund. Lo peor es que crecerán.

Los guerreros del Dortmund. Lo peor es que crecerán.

 

Entre todos los futbolistas del Borussia Dortmund no hacen una barba. Seguramente es el dato más inquietante. Esos chicos son buenos y serán todavía mejores. Tal cosa no significa que semejante concentración de calidad juvenil les baste para doblegar al Real Madrid. El talento que suma esa colección de niños prodigio no iguala el que tiene el campeón de Europa. Tampoco pueden competir en cuajo, en experiencia o en cicatrices. La prueba es el susto que le entró al Dortmund cuando Cristiano abrió el marcador. Es posible que nunca hubieran visto desde tan cerca un contragolpe perfecto, de los que se sueñan sobre una pizarra.

Donde el Borussia sí puede sostener una discusión con el Real Madrid es en hambre y en ilusión. Ahí gana por momentos. De hecho, fue el empuje y el entusiasmo lo que le permitió empatar por dos veces, cuando estaba más perdido. Ya vimos algo similar en Las Palmas. El equipo de Zidane, cuando por fin siente controlado el partido, espera que los rivales le entreguen las llaves de la ciudad. Tengo entendido que en la historia colonial española sucedió algo parecido.

El problema es relevante porque ha impedido que el Real Madrid gane los últimos tres encuentros, pero no creo que sea sustancial. Nadie se muere por un bostezo ni pierde una Copa de Europa por despistarse en los minutos finales de tres partidos jugados en septiembre.

No hay porque alarmarse aunque detecto que una parte del madridismo está deseando encender los pilotos rojos y activar las sirenas de bombardeo. No pasa nada extraño, pero no lo podré demostrar hasta que el Villarreal vaya escalando posiciones, hasta que otros se dejen puntos en Las Palmas y hasta que en los octavos de final, allá por marzo, el Borussia Dortmund elimine a un favorito. Hasta entonces sólo puedo pasar el sombrero y pedirles paciencia.