Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Mes: septiembre 2016

Chaves se impuso en Calabuch (digan lo que digan)

Indignación entre las fuerzas vivas de Calabuch por el indulto de la Vuelta.

Indignación entre las fuerzas vivas de Calabuch por el indulto de la Vuelta.

 

El colombiano Esteban Chaves fue el ganador de la etapa finalizada en Calabuch. Su triunfo no fue reconocido por los jueces, ni siquiera considerado, con la endeble excusa de que antes que él entraron trece ciclistas, Drucker el primero. Lo que olvida la judicatura (y la organización) es que esos trece corredores llegaron fuera de control en la etapa de Formigal, lo que debería haber provocado su fulminante expulsión, tal y como ordena el reglamento. Prueba de que el indulto ha convertido en rentable su ahorro de energía (llegaron a 54 minutos) es que más de media docena se agolparon en el sprint de Peñíscola, para grave perjuicio de Chaves, que es un muchacho educado y no protestará.

Luis Ángel Maté también tendría razones para sentirse molesto, incluso furioso. Integrante de la escapada del día, nunca sabrá cuál hubiera sido su suerte en caso de que los indultados no hubieran trabajado para echar abajo la fuga. Quizá hubiera ganado la etapa, quién lo sabe, o al menos habría peleado por ella hasta el último instante. Preguntado al respecto en meta, Maté, que es hombre de buen humor, consideró poco graciosas las medidas de gracia.  

Privilegiar los intereses económicos de los equipos por encima de los intereses deportivos es una implacable manera de matar el deporte. En otro artículo (en otra tesis) tocará analizar los impulsos suicidas del ciclismo. No sé, quizá utilicemos demasiadas veces la expresión tumba abierta.

Quintana, Contador y Cyrano

Justicia divina. Contador, en el podio.

Justicia divina. Contador, en el podio.

La escena cumbre del Cyrano y sus múltiples versiones es aquella en la que el desdichado narigudo le susurra a un muchacho sin luces cómo seducir a la bella Roxane, amor inconfesable del caballero de Bergerac. Supongo que ya les tengo a mi rueda. Contador tuvo la inspiración y alimentó el deseo, pero terminó por susurrar al oído de Nairo cómo ganar la Vuelta a España. Se lo explicó durante más de cien kilómetros y el colombiano lo entendió a la perfección, porque tiene muchas luces y todas están encendidas. Cuentan que, finalizada la etapa, Contador salió al encuentro de Nairo para estrecharle la mano con la misma generosidad y elegancia de Cyrano.

De lo inolvidable a lo histórico

Froome-Nairo. Duelo al sol.

Froome-Nairo. Duelo al sol.

 

Cuando Simon Yates atacó al grupo de favoritos a falta de 39 kilómetros para la meta, en plena subida al Marie-Blanque, se despertó la expectativa de una etapa histórica. La expectativa se mantuvo hasta el último instante, después de que Quintana y Froome, ambos colosales, tomaran el relevo del audaz Yates. No hizo falta más. Basta lo dicho para que podamos considerar lo ocurrido como inolvidable, que es la primera categoría de lo histórico.

Es cierto. No sucedió nada relevante si lo medimos con un reloj. Quintana y Froome llegaron juntos a la meta y Yates apenas les recortó un minuto. Sin embargo, el resultado es una minucia, casi una vulgaridad, en comparación con la promesa permanente de un momento único. Durante mucho tiempo asistimos a una sucesión de hechos extraordinarios sin tiempo para cerrar la boca. Primero, el desafío de un joven ciclista al orden natural de las cosas. Para atacar desde tan lejos, y para sostener la apuesta, hay que tener un punto de locura y muchas arrobas de talento. También es necesario contar con un director con el mismo punto de chifladura y con un ingenio similar (Neal Stephens Fan Club).

Fabulaciones sobre un sofá

Ante todo, mucha calma.

Ante todo, mucha calma.

 

Valerio Conti, el mejor de una escapada de doce corredores (ninguno español), se presentó en meta con 34 minutos de ventaja sobre un pelotón que llegó silbando la melodía de Verano Azul. Quien se sorprendió por la modorra del pelotón lo hizo sin observar el libro de ruta. La jornada, de 213 kilómetros, se disputaba en vísperas de la temible etapa del Aubisque.

Fiesta y memoria

Keukeleire, belga de inspiración vasca.

Keukeleire, belga de inspiración vasca.

 

No lo creerán, los forasteros pensarán que invento, pero hubo un tiempo en que la Vuelta a España no podía pisar el País Vasco, ni siquiera aproximarse con tranquilidad. Que le pregunten a los ciclistas que disputaron la edición de 1990 (la de Giovannetti), sacudida por el estallido de dos bombas colocadas por ETA en el recorrido de la etapa entre Logroño y Pamplona. Durante 33 años los trazados de la carrera esquivaron Euskadi sin que nadie se echara las manos a la cabeza, o se manifestara clamando sensatez. Y así sucedió hasta 2011, cuando la Vuelta regresó y se encontró las carreteras repletas de aficionados, juraría que celebramos poco aquella tarde.

Cinco años después ya no era noticia el regreso a Bilbao, ni la fiesta, ni las cunetas atestadas, tampoco lo espectacular del perfil. Sin embargo, conviene detenerse y hacer memoria, porque un lustro no es un siglo, aunque pueda dar la impresión de que hemos avanzado cien años.

 

Por lo demás toca señalar que ganó Keukeleire, que es lo más vasco que se puede encontrar entre los apellidos belgas. Venció al sprint, y casi fue el sprint lo más apacible de la jornada. Sky castigó los riñones del Movistar colocando a dos corredores en la escapada (Kennaugh y David López), lo que obligó al equipo del líder a un desgaste imprevisto.

Ya no hay dudas de que Froome ha decidido librar una guerra por tierra, mar y aire. No cejará hasta ganar la Vuelta. Lo mismo que Luis León no encontrará la paz hasta hacerse con la etapa que se le resiste. Observen. Escribí “guerra” y “paz” como palabras inocuas en un párrafo inocuo. Quizá sí hayamos avanzado cien años.

 

Página 2 de 2

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén