Kroos y Morata, en un momento del partido de ayer.

Kroos y Morata, en un momento del partido de ayer.

 

La aclaración sobra, pero la haremos igualmente: de lo que sucedió en León no se pueden extraer conclusiones relevantes, ni para el Real Madrid ni para la Cultural Leonesa. A la enorme diferencia de recursos se sumó, en los primeros minutos, una suerte muy desigual. Van a tener razón quienes sospechan que la buena fortuna es una rubia platino a la que le gustan los millonarios. Lo pudieron comprobar los aficionados leoneses: gol en propia puerta a los seis minutos y lesión del capitán local muy poco después. Añadan la ansiedad consiguiente y la falta de acierto. Sólo faltó un rayo sobre el portero de la Cultural. A cambio le cayeron siete goles.

Constatados los atenuantes, la exhibición atacante del Real Madrid no deber ser pasada por alto. No asistimos a una anodina sucesión de goles, sino a un juego excepcional por lo dinámico de los movimientos. Hacer coincidir sobre el campo a futbolistas como Isco, James o Asensio, de posiciones intercambiables, provoca lo que podríamos denominar un efecto enjambre, similar en cierto sentido al que generaba la proliferación de bajitos jugones en la Selección del tiqui-taca.

Si no incluyo a Lucas y Morata entre los jugadores de alta movilidad es simplemente por fijarlos como delanteros, pero bien podría meterlos en el avispero. Con semejante animación ofensiva, Kroos disfrutó como nunca de su liderazo en el medio del campo.

Nunca sabremos cuánta influencia tuvo la alineación de Zidane en el derrumbe de la Cultural y me temo que no tendremos muchas ocasiones de confirmar el experimento. Lo que sí se puede afirmar es que el Real Madrid pareció más activo y alegre que de costumbre, como si se sintiera liberado por la ausencia de los hermanos mayores.

Por si no bastaran los dobletes de Asensio y Morata, Nacho adornó la goleada con un remate de media chilena que puede optar a mejor gol del siglo. Por último, un pestañeo de la rubia platino propició el gol de Benja, premio honorífico para quien puso la casa, la música y las mediasnoches.