Bale, poco antes de controlar el pase de Isco en el primer gol.

Bale, poco antes de controlar el pase de Isco en el primer gol.

 

Si tienes galgos, haz que corran. Parece obvio, pero no debe serlo tanto. El Real Madrid empleó 37 minutos en entender que la defensa del Leganés, muy adelantada, se descosía con desmarques en velocidad. Digo el Real Madrid, pero debería ser más concreto y apuntar a sus delanteros y, probablemente, a su entrenador. La aportación de Cristiano, Morata y Bale fue inútil mientras intercambiaron sus posiciones en línea horizontal. A sus vigilantes les importaba poco que quien empezó por la izquierda se moviera luego por la derecha o por el centro. Nada grave mientras los atacantes aguardaran el balón al pie y se dejaran planchar el dorsal.

Así nos pasamos más de media hora, que puede ser mucho tiempo cuando no ocurre absolutamente nada. El Leganés no perdía ni la figura ni olvidaba la presión. El Madrid se ahogaba en esa ausencia de espacio y, a falta de gol, el público se consolaba con el sol, que sacaba pecho después de tres días de lluvia.

Hasta que alguien lo comprendió, y ojalá supiéramos quien para colgarle un collar de flores en el cuello. El esquema del Leganés no era una caja fuerte, sino una puerta con pomo. Para burlarlo sólo había que tirar balones largos a la espalda de los defensas. Algo sencillo para un equipo con delanteros velocistas y centrocampistas delineantes. En cuanto se ajustara el límite del fuera de juego, llegaría el gol. Y llegó.

Con el primer tanto de Míster Bale se acabó el partido y la emoción. El galés volvió a marcar para desesperación de Cristiano, pero aquello ya no era un duelo con espada, sino un entretenimiento hasta que fuera la hora de marcharse a casa.

Modric fue ovacionado cuando se puso a calentar en la banda, en lo que fue un merecidísimo reconocimiento a su importancia en el equipo, sólo comparable tácticamente a la que tiene Casemiro. Y aquí les tiro esta pelota por si tiene a bien que juguemos partido. La mañana estuvo algo aburrida.