Diosa Fortuna, peligrosa pelirroja.

Diosa Fortuna, peligrosa pelirroja.

 

Por Chobo Álvarez

Se levantó hundido entre las sábanas del hotel, motivado por lo que le venía. Era su primera vez en la ciudad de Granada, para defender a su país en una competencia que siempre les ha sido esquiva. Su día comenzó bien, mejor de lo esperado, con pequeños detalles que lo guiaban a pensar en lo mejor. Pudo conciliar sus problemas de insomnio, se llevó el último vaso de jugo de naranja del desayuno y el DT le informó que iba de titular. Suerte o no, Darko Velkovski sentía que el día le sonreía.

A sus 21 años la ilusión de vestir la camiseta de Macedonia era una realidad. Estaba listo para su cuarto partido, el primero oficial y frente a un rival que contribuía con la ilusión de un gran día. La idea de sorprender a una selección campeona del mundo no le parecía tan descabellada con el paso de los minutos. Al fin y al cabo, para él la suerte estaba de su lado.

Ni siquiera la lesión de Alekovski, el portero titular, lo desanimó. “Puede ser una señal positiva”, pensó mientras se amarró el botín derecho. Escuchó a su técnico las últimas indicaciones de la ordenada estrategia que pretendían aplicar, repasó los últimos detalles para combatir la presión española y se convenció de sus oportunidades. El comienzo del partido incluso lo ilusionó más, con dos ocasiones claras para su humilde equipo.

Velkoski, entre abatido y desolado a pesar del buen cabezazo.

Velkoski, entre abatido y desolado a pesar del buen cabezazo.

Poco sabía Velkoski que su percepción estaba por cambiar en doce minutos. Desconcertado miró a sus compañeros en busca de una explicación. Un extraño giro en su cabeza terminó de vencer su propia puerta. Su primer gol en la selección y en contra. Un punto de inflexión para su día y el juego.

Tuvo que aguantar varias arremetidas rojas y tratar de mantener su estratégico trabajo. Sintió como la presión del rival los hacia tambalear con el pasar de los minutos. Observó a Vitolo marcar un gol que sepultó sus oportunidades. Le tocó tragarse la desilusión al ver como De Gea le negaba el gol a su selección. Incluso recibió un pelotazo en el estomago. ¿Qué más podía salir mal?

Capaz que su rival empiece a soltarse en los últimos minutos. Posiblemente observar una ráfaga de toques precisos que termine en el tercer gol español. O que inmediatamente luego, el veterano Aduriz le dé una cachetada para complicar la digestión de la goleada. Desorbitado, para él desde ese autogol, la fortuna dejó de estar de su lado.