Bienvenidos al Ramón Sánchez Pizjuán.

Bienvenidos al Ramón Sánchez Pizjuán.

 

Mi pésame a los cronistas de lo instantáneo (yo mismo lo fui y todavía juego) porque el gol de Benzema en el minuto 92 no sólo desbarató los párrafos ya escritos, sino que obligó a escribir algunos nuevos y en distinto tono. Del elogio del susto (y del Sevilla) hubo que pasar corriendo al elogio de la flor; nadie puede con el Madrid porque nada puede con Zidane.

Aunque insistamos en la botánica, hace bastante tiempo que la suerte ha dejado de ser una explicación. Hubo suerte en el golpeo de Benzema, desviado por un defensa, pero no en la resistencia del equipo a perder el partido y la racha. El compromiso común no es carambola. Ni la implicación, ni el orgullo.

Escucho, según escribo, que Sampaoli se felicita por haber puesto contra las cuerdas al “mejor equipo del mundo” y tiene razón. El Sevilla generó las oportunidades que exigía el milagro y hasta se repuso del soberbio gol de Asensio, el que hubiera debido sentenciar a cualquier otro rival con un mínimo sentido común. No es poco mérito seguir corriendo después de que te claven una lanza.

Sin embargo, del análisis no se puede obviar la alineación del Real Madrid, al borde de lo experimental. Tampoco el Sevilla sacó los tanques y doy por seguro que los dos bandos se arrepintieron de tanta prudencia. Será otra historia cuando se vuelvan a encontrar, el próximo domingo o en posterior ronda de Champions.