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‘La La Land’: Cuando la vida puede ser maravillosa

La La Land. Tómese cada seis horas.

La La Land. Tómese cada seis horas.

 

Te haré llorar. Lee las noticias. La historia de los padres que comerciaron con su hija y un cáncer inventado. Los refugiados que se congelan en la Europa rica. Los que se ahogan en el Mediterráneo. Los autobuses de Alepo. Si consiguiera fijarte durante dos horas ante esas imágenes y en nuestra inacción, llorarías o no te faltarían ganas. Ahora intentaré que seas feliz. Y no digo reír, digo ser feliz. Para conseguir que el mundo te parezca un lugar maravilloso no me alcanza un chiste, ni el vídeo de un gato bailando claqué. Para hacer llorar o para hacer reír no hace falta más que un Informe Semanal y una cáscara de plátano. Para hacerte feliz, aunque sea un rato, necesitaría inventar algo formidable. Y no hablo de entretener, sino de provocar eso que podríamos denominar la sonrisa inconsciente, el primer síntoma de la felicidad. No, el objetivo ya no es tan fácil. Me tropezaré con tus prejuicios y con tu rechazo inicial, con el ancla que te agarra a la realidad. Para convencerte de que se puede volar sin alas y sin avión necesitaría ser muy persuasivo. Tanto como ‘La La Land’.

Aviso de que la película es tan sencilla que al principio cuesta entender la fama de la que viene precedida, la emoción general, las tantas nominaciones. Hasta que de pronto entiendes. Comprendes que la sencillez está lejos de ser el problema; es la virtud. Aquí no hay retórica, ni el cargante monumentalismo de ‘El Renacido’, ni efectos especiales de a millón el minuto. Aquí hay una historia infalible que relata las estaciones del amor y una música excepcional. Un aroma de ‘Cantando bajo la lluvia’, si miramos hacia atrás y a lo más grande. Un perfume de ‘Un día volveré’ y un ritmo similar al de ‘Mo Better Blues’. Algo de ‘Todos dicen I love you’ y un recuerdo inevitable de ‘Al otro lado de la cama’. Diría que el último referente es ‘The Artist’, por cuanto tiene de amor idealizado y musicalizado hacia el mito de Hollywood.

El rapto, como iba diciendo, resulta progresivo. De inicio, desconfías. Ocurre con todas las películas musicales. Se pasa rápido. Transcurridos unos minutos, el raro eres tú por no vivir cantando y bailando. Persiste la ligereza que no imaginabas en una candidata a tantos premios, pero ya comienzas a detectar algo especial. Seas hombre, mujer o caniche, te estás enamorando de Emma Stone. Y, además, no paras de mover los pies. Durante el breve espacio de dos horas, la señorita Stone se transforma en la mujer más hermosa del universo conocido, tan expresiva como la Davis (Bette) y tan elegante como la Hepburn (como cualquiera de ellas). La película es suya. Y no sólo eso. Da la impresión de que también la música le pertenece. Y el vestuario. Por no hablar del Oscar.

A Ryan Gosling sólo Tom Hardy puede discutirle el título de mejor actor de su generación. Sin embargo, pienso que su inmenso talento adquiere más matices en los papeles dramáticos (‘Drive’), de ahí que se crezca cuando la película gira hacia el melodrama. Excelente en el baile y en su interpretación con las manos, además de correcto en el canto con la voz que no tiene, lo más relevante es que Gosling genera la química necesaria. Doy por hecho que es tan imposible resistirse a Emma como a Ryan.

Vuelvo al principio. Estoy seguro de que quien la acuse de ser una película insustancial expondrá buenas razones. Nada es grave en ella. Ni solemne. Sin embargo, cuando se encienden las luces de la sala el público se ilumina con una sonrisa inconsciente de origen inequívoco. Igualen eso si pueden.

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1 Comentario

  1. José Jayme

    No puedo estar más de acuerdo. Cuando entraba en la sala recordaba tu twit, diciendo Que al salir de la sala volverías a entrar a verla de nuevo. Y me ocurrió lo mismo. Es que no es solo una película. No sé si es una obra maestra, si se convertirá en un clásico, ni si quiera sé si es un pedacito que arte que de vez en cuando, muy de vez en cuando, genera esta maravillosa industria del cine. No lo sé.

    Pero si lo que es. Es un regalo.

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