Cary Grant y Grace Kelly. Ciglogénesis de belleza.

Cary Grant y Grace Kelly. Ciglogénesis de belleza.

 

No deja de sorprender la inclinación histórica del Real Madrid hacia los finales felices, en las grandes o en las pequeñas producciones. Siempre se inventa una historia y la termina con beso. Pienso en los goles sobre la bocina, en la colección de Champions y en los gloriosos regresos. Bale, sin ir más lejos. Volvió después de 88 días lesionado y el destino, o quien quiera que mande, no se conformó con un plácido retorno. Además, le concedió un gol.

En ocasiones, tengo la sensación de que la energía que genera el Real Madrid para cumplir sus propósitos es tan poderosa que arrastra a sus adversarios, que terminan por nadar a favor de la corriente y en dirección a la catarata. Es un hecho que las inercias destructivas nos atrapan con la misma facilidad que las otras, y no tenemos más que pensar en Trump, en el Brexit o en Eurovisión.

No digo con esto que el marcador de Bale renunciara voluntariamente a su marcaje: expongo, simplemente, que hubo un momento en que se dejó fascinar por la carrera del centauro y le apeteció ver el gol. No es tan raro. Con Messi sucede constantemente.

Que Bale consiguiera marcar en flamígera galopada por el flanco izquierdo, y que tal cosa le permitiera rematar con la zurda, es un asunto que merece una anotación: cuánto mejoraría su rendimiento, ya notable, si pudiera culminar sus carreras con naturalidad, sin escorzos contra su pierna buena. Lo reconozco: algunos siempre tenemos un suspiro dispuesto para apagar la vela.

Ahora caigo, por cierto, en que el regreso de Bale podría estar directamente conectado con la melancólica generosidad de Cristiano. Desde el primer momento, en su relación se fijó un progresivo traspaso de poderes que Ronaldo ha retrasado hasta el límite y que ya parece inevitable. Era imposible que reinaran al mismo tiempo.

Ante la inacción del Espanyol (su primer plan fue no perder y el siguiente no perder por mucho), el partido nos dejó ver otros mundos, todos virtuales. En uno de ellos, Morata es delantero titular y nadie le discute. En otro se acepta a Isco con sus genialidades y sus leves desmayos. Y todavía hay espacio sideral para otro más en el que Nacho es reconocido sin la condescendencia habitual.

Sirven para mucho estos encuentros sin rival. Sirven para imaginar una historia, o varias, y para ponerle un beso, o una ráfaga.

Los besos y el Real Madrid.

Lo siento: es que no me resisto a este beso.