Aclamación general. Las razones son otra cosa.

Aclamación general. Las razones son otra cuestión.

 

Me siento algo raro, la verdad. La razón es que no me ha gustado la aclamada Moonlight, candidata a ocho Oscar, entre ellos el de Mejor Película. No me atrae este relato, o no lo suficiente, o no todo el tiempo. Tampoco me atrapa el ritmo. Se me hace larga. Me interesa más la presentación que el desarrollo. En mi opinión, el interés y la magia decaen cumplido el primer tercio, precisamente cuando desaparece el personaje interpretado por Mahershala Ali, bien conocido y admirado por los seguidores de House of Cards. No me quito de la cabeza que la historia estaba en ese acto inicial y quiero pensar que el director Clint Eastwood coincidiría conmigo: de la relación del tipo duro con el niño roto se desprende un intenso aroma a Gran Torino. Abandonada esa posibilidad, o tomado otro camino, mucho de lo que se muestra ya nos lo enseñó Brokeback Mountain.

Tengo la impresión de que Moonlight juega con algunas cartas marcadas. Intentaré explicarme. Al tratar en mayor o menor medida el acoso infantil, el mundo de las drogas y la homosexualidad perseguida, la película parte con varias medallas aun antes de empezar la carrera. Quien no valore la película corre el riesgo de ser confundido con alguien que no considera relevantes el acoso infantil o la homosexualidad perseguida. Algo similar sucedió con Brokeback Mountain. Si añadimos el componente racial, una producción negra con reparto negro, podemos comprender mejor el elogio unánime del Hollywood racista que niega serlo. Tengo la impresión de que Fences y Figuras Ocultas están en situación parecida: un año después, y como respuesta a las denuncias por discriminación racial, el establishment incluye tres películas negras entre las triunfadoras de la temporada. Me parece una lástima, aunque tal vez sea una esperanza.