Sirve para el fútbol, el baloncesto y para las discotecas del Levante. Nunca sabrás si estás preparado hasta que no juegues contra un italiano. El fútbol de un equipo se puede medir de muchas maneras, pero no hay otro modo de examinar el carácter. Decía Luis Aragonés que eran una raza superior y Josep Pla observó en sus viajes por la bota que no había un nativo con cara de tonto. También lo hemos comprobado con un balón de por medio. Cuando conseguimos ganar a Italia en los cuartos de la Euro 2008 nos dimos cuenta de que lo podíamos ganar todo. Cuando perdimos en la pasada Eurocopa pensamos que ya no volveríamos a ganar nada.

El triunfo en el Olímpico de Roma tiene un valor extraordinario porque nos concede una ventaja anímica para los próximos diez años. No exagero. Que me perdone Celades si digo que la preparación para la Eurocopa Sub-21 es un asunto secundario. Aquí está en juego el Mundial de Qatar y los torneos de alrededor, eliminatoria y finales en las que el complejo será suyo. Recuerden que somos lo que fuimos en nuestra infancia y juventud.

Los síntomas no pueden ser mejores. El pasado jueves, España derrotó a Dinamarca, un equipo que acumulaba casi dos años sin perder. Lo siguiente ha sido doblegar a domicilio a una selección invicta en la fase de clasificación, siete victorias y tres empates.

No había nada de amistoso, que le pregunten a Yeray y a su cara ensangrentada. Había una disputa que es continuación de batallas anteriores, el pique eterno. Así se explica el arranque de los nuestros, tres ocasiones en siete minutos. Y así se comprende la respuesta italiana, dos oportunidades en los cinco minutos que siguieron. El ansia por la victoria nos descubrió a dos equipos afiladísimos. La diferencia es que España sabe jugar tanto al trote como al galope y para los italianos sólo existe el toque de corneta.

Saúl abrió el marcador porque en estos partidos se nota mucho quienes han vivido peligrosamente, quienes son reclutas y quienes soldados. Jugadores como Denis, Williams, Bellerín, Llorente, Jony o el propio Saúl destacan sobre los meritorios que les rodean, ya sean propios o ajenos. El segundo gol lo marcó Borja Mayoral y a partir de entonces cometimos el primer error: pensar que los italianos ya no son lo que eran. Fallamos goles cantados y nos disgustamos poco, como si bastara con tener paciencia.

Después de media docena de postes y remates a placer, Italia la moribunda recortó distancias. Nosotros jugábamos y ellos empujaban. Sufrimos porque así debe ser. Pero más sufrieron ellos. Créanme. Ni preparación ni amistoso. Anticipo de lo que vendrá. Quien guste de mirar por las cerraduras y tenga curiosidad por el futuro debe frecuentar a la Selección española Sub-21.