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#LaDiferenciaPelayo: España tropieza con lo amistoso


Habría que buscar otro nombre para los partidos amistosos, porque creo que la denominación nos confunde. Amistoso no significa hacer amigos, ni hacer proclamas en favor de la fraternidad. Lo cierto es que el término “amistoso” es un contrasentido en el modo en que los españoles entendemos el fútbol, y por extensión el juego y la vida. A nadie se le ocurriría calificar como “amistoso” un partido entre solteros y casados, o una pachanga dominguera. En cada uno de esos combates, en apariencia irrelevantes, se dirime el orgullo de la especie, y así lo aceptamos cuando ponemos en riesgo nuestros ligamentos.

La etiqueta de amistoso es un freno al ímpetu natural del futbolista español, de ahí que estos nos deparen más decepciones que alegrías. Ni siquiera cuando ejercíamos de campeones conseguíamos librarnos del estigma de lo amistoso. Vacaciones, pensábamos. Citas irrelevantes en comparación con los torneos que reparten gloria.

Todavía estamos en esas. El español tipo tiene dificultades a la hora de percibir la paleta de colores que cabe entre el odio y el amor, y descartado el odio, se entrega al amor. Nos ha ocurrido un millón de veces y volvió a sucedernos en Murcia. El rato que nos duró la concentración nos pusimos por delante en el juego y en el espíritu. Hasta que perdimos el hilo. Lo recuperamos por momentos al contacto con el balón, pero los colombianos no estaban para juegos florales. Ellos querían ganar para vengar a James, para honrar a su país y para rendir homenaje a sus compatriotas por el mundo. Frente a motivos semejantes había poco que hacer. De hecho, sólo lo hicieron los más jóvenes. La representación de la Sub-21 fue la oposición más activa porque el hambre sigue siendo un estímulo incomparable.

No es casualidad que Falcao marcara a pase de James y tampoco es coincidencia que Morata consiguiera el empate casi sobre la campana. Si hablaron ellos fue porque tenían cosas que decir, y porque el despecho vale tanto en el fútbol como una buena zurda.

Para España, fue la enésima prueba de que lo amistoso nos aburre. Para Colombia resultó un ejercicio tonificante. Quien diga que el partido no sirvió para nada olvida lo que se sufre en las pachangas domingueras cuando el vecino te mete un gol.

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2 Comentarios

  1. Jairo Castillo

    Profe un saludo desde Bogotá, como siempre un gran escrito, lo único es que Colombia no jugó para vengar a James, el no necesita venganza, solo necesita jugar.

  2. Elaine Cristina Sanguino

    Juanma, adoro ler suas cronicas.

    Beijos brasileiros !!!!!!!

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