La duda es si tendrían ganas. Si no jugarían con chanclas. Piensen en su último día de trabajo antes de irse de vacaciones. Recuerden en qué piensan. En hacer la maleta. En el apartamento que espera. En la paella con vistas al mar. Donde dije paella pongan langosta y donde escribí apartamento imaginen un hotel con playa privada y embarcadero propio. Pero es lo mismo. Deseos de esfumarse. De cambiar de entorno. Tiempo para descubrir que sólo hay un placer comparable a irse: volver.

La duda se resolvió pronto. España tenía ganas. Probablemente porque las ganas se contagian y hay futbolistas que nunca las pierden. Es casualidad que siempre sean los bajitos. O no. La travesura es un plan de fuga y no hay mayor travesura que un regate. Por ejemplo: Iniesta burló a los altos por alto, con un pase de cuchara, como desganado. Silva completó la jugada con un movimiento de cintura, el tipo de gesto que confunde a los toros y a los centrales. Y gol. Despacito, como el hit de moda.

Esto duele si además de alto eres macedonio. Porque descubres que ni la concentración ni el sudor sirven de nada, que los tipos esos pertenecen a otro mundo, al planeta Panini. La sospecha quedó confirmada cuando Isco superó a un rival con un regate que llaman “la cuerda” a la espera de mejor definición. Como siempre, el mérito no es hacerlo, ustedes podrían, incluso yo, sino hacerlo rápido. Lo que importa, en el fútbol y en la vida, es acertar con la velocidad, ya volveremos a esto algún día.

Diego Costa marcó el segundo gol (casi el tercero) y es buena noticia porque es un futbolista que necesita sentirse integrado en ese fútbol bajito. No es fácil participar de esas ocurrencias que tienen como secreto objetivo entrar en la portería con el balón. Eso vale dos goles. Son puñeteros los niños.

Nos marcaron un gol y se vinieron arriba (demasiado), pero no jugamos con chanclas. Lo que me hace pensar que esos mismos futbolistas pisarán la arena con botas. No habrán visto cosa igual en los mejores resorts de las Seychelles. Tipos pateando cocos de rabona. Deseando jugar y deseando volver.