El aficionado al fútbol tiene entre sus máximos disfrutes las horas previas a un gran partido. La victoria o la derrota son cuestiones incontrolables, pero las horas anteriores son moldeables casi a discreción. Sospecho que ese tramo, el de ahora, en el que todo lo que sucede es nuestro, está poco aprovechado, más allá de las ocurrencias espontáneas de cada cual. Hay gente de posibles que entretiene el tránsito entre la comida y el partido con partidas de mus e ingesta de espirituosos. Los hay que se saltan el mus. Sin embargo, hasta donde pude comprobar en su día (ahora carezco de datos actualizados), estas actividades están reservadas a rentistas, potentados de capital o provincias, ceos, federativos de alto copete y directores de periódico.
La mayoría de los aficionados, y en esto no se distinguen autónomos de fijos discontinuos, dedican estas horas a fingir que su cabeza no está secuestrada por el partido, por lo general con poco éxito. Los únicos momentos de liberación se registran en la máquina del café, en incursiones a las webs deportivas, o cuando el jefe pregunta quién ganará esta noche, aunque en este caso se recomienda no explayarse; de otro modo, el debate, al que ya se habrán sumado otros, será zanjado por el patrón con una frase cortante como el sílex, siempre la misma: “Bueno, habrá que ponerse a trabajar”.
En cierta ocasión, participé de la iniciativa de una marca que antes de un partido de campanillas reunió a varios empleados y clientes en un vestuario para recrear la previa desde el punto de vista periodístico y futbolístico. Fue un éxito. La gente invitada pudo disfrutar sin subterfugios de las horas que anteceden al gran momento y, sobre todo, pudo hablar y preguntar. No está en mi ánimo de defender aquí el absentismo laboral por razón futbolística, pero sí sería interesante que los responsables más atrevidos (no necesariamente los más futboleros) hicieran coincidir sus ejercicios de teambuilding con estas horas, tan adecuadas para hablar de equipos y estrategias.
Cuando era un niño, en jornadas como esta, me gustaba imaginar cómo vivirían los futbolistas de mi equipo la aproximación al gran partido. Los suponía nerviosos, conjurados la noche anterior en la habitación del capitán, jaleados cada poco por el entrenador, motivados por viejas hazañas. Al saber que estos arrebatos terminaron en los noventa, me dio por pensar que los clubes deberían reaccionar y aprovechar esas horas muertas para proyectar vídeos de fabulosas remontadas, en cierto modo para impartir historia del club, para que los jugadores no se crucen con un veterano sin saber quién fue y qué hizo, para instruir sobre lo que significa la institución y el adversario. Lo sé. Es una ingenuidad pensar que la estrella de turno se sumaría a la idea. Seguramente a la hora propuesta tenga peluquería para retocarse el peinado frasciscano.
Rendido a la evidencia, sólo me queda esperar que, a esto, algún día, se sume el resto del mundo. Que no somos pocos.
Un comentario en «Tarde de fútbol»
Los comentarios están cerrados.
Querido Juanma
Hoy estuve leyendo una entrevista que te hicieron en Jot Down, donde de una forma elegante, cuentas tu salida del As.
Nunca entendí como se deshicieron del mejor cronista de la redacción de largo.
Para muchos, lo mejor de muchos partidos del Madrid era leer tu crónica.
Las metáforas, esas imágenes tan descriptivas que creabas, han desaparecido del periodismo deportivo .Yo lo hecho mucho de menos y leyéndote antes, cómo te la jugaron en el As, me he decidido a escribirte estas líneas.Simplemente para reconocer tu trabajo y sobre todo tu TALENTO, eso que se tiene o no se tiene .
Te propongo, si puedes en alguna ocasión, volver a hacer en este blog crónicas de los partidos de nuestro Madrid. No sabes cómo lo disfrutaríamos.
Te mando un fuerte abrazo.
Enrique