El Atlético de Madrid no estuvo lejos de jugar su primera final de Copa (1921) con Santiago Bernabéu como delantero. Lo impidió la Federación Española, que no atendió la solicitud del Atlético para inscribir a Bernabéu por no haber transcurrido un año desde su último partido oficial con el Madrid; habían pasado sólo diez meses y medio. Es ahora cuando toca preguntarse cómo llegó Bernabéu, que ya era gloria madridista, a semejante situación. La respuesta es aproximada porque el tiempo ha borrado huellas y el interesado no quiso hablar nunca del tema; limitaba su escarceo atlético a un partido amistoso, que en realidad fueron dos y quizá alguno más. En enero de 1919, Bernabéu (en la foto, tercero por la derecha) se vistió dos veces de rojiblanco para enfrentarse al Español de un jovencísimo Ricardo Zamora, al que marcó dos goles en el segundo partido. No era extraño que los futbolistas jugaran amistosos con otros clubes y Bernabéu ya lo había hecho con el Real Unión (1918) y lo haría después con el Servette suizo (1923).
Sin embargo, la aproximación al Atlético era diferente. Estaba motivada por una frustración, cuesta decir si personal o deportiva. El 26 de enero, tras perder contra el Racing de Madrid por 4-1, Bernabéu declaró: “Somos una birria. En cuanto el contrario le echa coraje al juego, estamos perdidos”. Poco tiempo después, Bernabéu se lio a guantazos con un defensa del equipo mallorquín Alfonso XIII. El presidente de este club escribió una carta al semanario Madrid-Sport para denunciar el comportamiento del madridista: “… le he visto el mes pasado cometer faltas en los partidos del campeonato que fueron penadas por los referees; yo le he visto levantar el puño a Zamora, del Español (…). Todo esto quiere decir que, si Bernabéu es limpio jugando, también pierde los estribos de vez en cuando, y como niño mimado en el sport madrileño se altera con facilidad”.
El 1 de enero de 1920, Santi Bernabéu volvió a ser expulsado en un amistoso, en esta ocasión por “excederse en su energía” y esta vez contra el NAC Breda, que venció al Madrid por 0-4. Según la crónica de La Tribuna, “el Madrid jugó detestablemente y no tuvieron disculpa ni sus incorrecciones ni sus procedimientos sucios”. Si algo le quemaba, terminó de abrasarlo en el mes de abril, cuando el Athletic vapuleó a los blancos en San Mamés (4-1) y los dejó fuera de la Copa. En la crónica de Madrid-Sport se dejó una pregunta en el aire: “¿Quién sería aquel rabioso madrileñista que acabó el partido a lágrima viva mordiéndose los labios?”.
Según relata Julián García Candau en su biografía de Bernabéu, la razón del desencuentro definitivo se la confesó a un compañero de pesca: “Me hicieron una putada y me cabreé. Me fui con mi amigo Ruete al Athletic y estaba dispuesto a quedarme allí, pero la Federación lo impidió, se me pasó el cabreo y volví”. La “putada” debió ser considerable porque se dio de baja como socio madridista, condición que había adquirido en 1911. Y no sólo le afectó a él: Sansinenea siguió el mismo camino, aunque en este caso la Federación sí aceptó el tránsfer por ser un futbolista con residencia temporal en Madrid.
Bernabéu, que tenía entonces 25 años (un veterano para la época), hubiera sido un refuerzo fabuloso para el Atlético en su primera experiencia copera. Como era jodón, es fácil que hubiera jugado con una motivación extra y lo probable es que hubiera marcado goles, porque esa habilidad siempre la tuvo. El Atlético salvó los cuartos por incomparecencia del Barcelona —en protesta por el cambio de sede para la final, de Sevilla a Bilbao— y venció en semifinales al Real Unión. El día decisivo, en San Mamés y frente a los anfitriones, el Atleti plantó cara en la primera parte y se derrumbó en la segunda (4-1).
Llegados a este punto, imaginemos que Bernabéu hubiera jugado la Copa con el Atlético y lo hubiera acompañado a su primera final. Supongamos, y no es tan raro referidos a un goleador, que hubiera marcado en San Mamés y que gracias a un gol suyo el Atleti hubiera salido campeón. ¿Habría regresado entonces al Madrid? Se hace difícil creerlo. No sólo el Atlético habría ganado su primera Copa; en cierto modo, para Bernabéu también habría sido una experiencia única después de perderse por lesión la final ganada por el Madrid en 1917. Muchos lazos sentimentales para desatarlos luego.
Cumplida esta primera ensoñación, el resto es más fácil dibujarlo. Bernabéu hubiera acabado por ser presidente del Atlético, quién lo duda, club que habría afrontado diferentes ampliaciones del Metropolitano hasta alcanzar los cien mil espectadores. Conseguido el dinero necesario y sobrevenido el éxito deportivo, el Atleti hubiera tomado distancias con el Madrid, club que hubiera desarrollado un relato de rebeldía contra el poder establecido a partir de la consagración emblemática de un futbolista de la cantera: Luis Aragonés.
Lo demás es conocido y nos conduce a Sevilla, donde hoy el Atlético vuelve a una final 105 años después de la primera. En principio, lo tiene todo a favor, excepción hecha de Oyarzábal… y, por supuesto, de Bernabéu.
Extractos del libro «Bernabéu, el hombre detrás del escudo».
