Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Categoría: Ciclismo (Página 1 de 5)

¿Por qué se dopan los ciclistas?

Henri Pelissier confesó a Albert Londres cómo era el dopaje en los años 20.

 

Los ciclistas se siguen dopando porque no creen que estén haciendo nada malo. Estoy convencido de que por su mente no pasa el hecho de estar jugando sucio, o delinquiendo, o poniendo en riesgo su deporte. Es más, apuesto a que ni siquiera piensan que se estén dopando. Para ellos, doping, esa palabra, es una simpleza, una antigualla a la que recurren los periodistas inquisitoriales, los científicos de bata blanca y los burócratas de la WADA. Los que no saben nada. Los que no se han montado jamás una bicicleta, los que no han mirado su rostro en un espejo y, después de tres semanas, han pasado la mano por el perfil de su calavera.

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El Tour del ausente presente

Que viene, que viene.

Dense prisa, porque el año que viene correrá Tom Dumoulin. Ese debería ser el consejo para todos los candidatos al Tour que está a punto de comenzar. Caballeros, en la próxima edición todos ustedes bajarán un puesto. La proyección, creo que poco discutible, compromete especialmente a los favoritos de primer rango, Chris Froome y Nairo Quintana. Pero tampoco resulta estimulante para la segunda línea de aspirantes, al podio o a la gloria, de Porte a Contador.

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Azafatas del podio y ‘paragüeras’: ¿tradición o anacronismo sexista?

Esteban Chaves, la vida en rosa. ¿Y ellas?

Esteban Chaves, la vida en rosa. ¿Y ellas?

Iré al grano, para variar: ¿por qué hay mujeres en el podio de las carreras ciclistas y por qué es costumbre que posen besando al ganador? ¿por qué son ellas quienes le ponen el jersey correspondiente? Y si hablamos de motor, ¿por qué hay chicas en la parrilla de salida quitando el sol a los pilotos o señalizando su posición? Y cuando digo chicas, digo jóvenes despampanantes porque todavía no se conoce el caso de que la chica fuera señora y sus carnes en lugar de turgentes resultaran comúnmente flácidas. No hago bromas porque sé que el terreno es pantanoso, sólo pretendo exponer la cuestión.

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Nairo en las alturas

Nairo Quintana, en modo galán.

Nairo Quintana, en modo galán.

 

Cuando Nairo Quintana, ya ganador de la carrera, sprintó a Froome en los últimos metros hizo demostración pública de una rivalidad que no será amable, sino encarnizada. Había quien especulaba con que podrían llegar juntos y de la mano, y es cierto que hubieran compuesto una bonita foto, resumen ilustrado de la Vuelta 2016. Sin embargo, si no hubo galanterías en la cumbre de Aitana es porque allí no acabó una batalla; empezó una guerra.

Froome contestó al último acelerón de su adversario con un aplauso que creímos inequívocamente irónico, más leña para el fuego que nos calentará en los próximos años. Lo desconcertante es que horas más tarde el británico felicitó a Quintana en las redes sociales y acompañó su enhorabuena con la imagen de su aplauso. O Froome maneja una ironía extrema o es bueno como el corderito de Norit. Las dos posibilidades resultan igual de inquietantes.

 

Fue un gran día para Colombia, que no reinaba en España desde 1987 (y excluyo de esta contabilidad a Shakira, Sofía Vergara y Angie Cepeda). Ese año, Lucho Herrera se proclamó campeón por delante de Dietzen y Fignon. Al triunfo total de Quintana, hay que añadir la proeza de Esteban Chaves, que se fugó a falta de 45 kilómetros para la meta y dejó a Contador compuesto y sin podio.

Angie Cepeda, por si la habían olvidado.

Angie Cepeda o cuando el Pisuerga pasa por Valladolid.

Da pena por Contador, que ha hecho todo lo que estaba en su mano (en sus piernas) por tener un papel un relevante en la carrera (no olvido la operación Formigal), pero es de justicia que la valentía de Chaves/Orica tenga premio. Referidos de nuevo al español, queda la amarga sensación de que es un gran jugador de póker sin cartas; todo lo resiste menos las escaleras, los fulls, los colores…

La mejor noticia, en términos competitivos, es que la venganza está servida. Nairo y Froome continuarán con su particular disputa para disfrute de los aficionados y mayor gloria del ciclismo. Lo más descorazonador es que faltan diez meses hasta el próximo mes de julio.

El perseguidor

Tintín Froome. Ojo con él.

Tintín Froome. Ojo con él.

 

Nos inclinamos poco ante Froome. O no tanto como merece. Quizá le hagamos de menos por su estilo algo desmadejado, o por su origen exótico (ya nos pasó con Lemond) o tal vez porque tiene una cara demasiado amable, de Tintín metido a ciclista. No sé qué más queremos que haga si ya va camino de los cinco Tours. Tal vez necesitemos que también gane esta Vuelta. Somos bestias insaciables.

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Bajo el peso de la ley

La fuga del día.

La fuga del día.

 

En las etapas más anodinas, las buenas historias viajan en el bolsillo trasero de los escapados. Partimos de un relato esencial: el de un grupo de reclusos que escapan del presidio (de la muchedumbre, del anonimato) y son perseguidos por una jauría de sabuesos. Que entre los rebeldes se encontrara un japonés convierte la tradicional película de fugas en un film de Jim Jarmusch (véase Bajo el peso de la ley); así es a la internacionalización del ciclismo.

Cada actor presentaba algo que lo hacía inigualable. Lo mejor del nipón Beppu es, sin duda, su nombre: Fumiyuki. De sus condiciones como gregario habla su trayectoria profesional en Europa, iniciada en el Discovery Channel en 2005. Tampoco es poca cosa el nombre de pila del francés Jauregui: Quentin. Han de saber (imagino que les interesa) que es el cuarto nombre más común en Francia, después de Thomas, Nicolas y Julien. Sobre el éxito de las películas de Tarantino en territorio galo disertaremos en otro momento.

Jauregui (hijo, claro está, de un ciclista vasco) no era el único niño en la escapada. Vervaeke cuenta con los mismos años (22) aunque acumula algo más de fama: se le anuncia como el gran escalador belga del futuro, cosa muy impresionante porque, desde Van Impe, belga y escalador son conceptos incompatibles, casi contrapuestos.

Hay que suponer que Pierre Rolland se preguntó varias veces qué diablos hacía allí, entre críos, sin montañas y sin apenas opciones de victoria; nosotros también nos lo preguntamos. Aquello era una locura adecuada para corredores como Cattaneo, un muchacho sin victorias profesionales y por debajo de las expectativas que generó cuando el ganó el Baby Giro en 2011.

Ni qué decir tiene que venció un tipo al sprint, Magnus Cort Nielsen, un prometedor velocista que, como tantos, ha decidido estrenar su palmarés en la Vuelta. Algún día será famoso y, si no se quedaron dormidos, podrán decir que lo vieron primero.

No es mucho pedir

El pelotón, en algún punto de Europa Occidental.

El pelotón, en algún punto de Europa Occidental.

 

No me terminan de convencer estas etapas que se anuncian como jornadas de montaña pero en realidad son únicamente finales puntiagudos. No pongo en duda su efecto sobre la audiencia. Sin embargo, el mismo interés que generan se convierte en decepción en cuanto comprobamos que las rampas son tan duras que todo el mundo las trepa con las mismas miserias, sin opción para atacar, sin otra posibilidad que sobrevivir.

Si a lo anterior le añaden un realizador ecuánime, se encontrarán con una transmisión televisiva que concede la misma importancia a la cabeza de carrera, al grupo perseguidor 1, al grupo perseguidor 2 y al pelotón de los favoritos. Comprenderán que esa dispersión hace mucho bien a la democracia, pero poco al espectáculo.

Así las cosas, a duras penas pude observar el ataque de Contador en Mas de la Costa o la agónica remontada de Froome. No pretendo defender aquí el proteccionismo francés, ni restar mérito alguno al suizo Matthias Frank (ganador de la etapa), pero si las audiencias cuentan hasta el punto de ofrecer ciclismo en píldoras de media hora, tal vez se podría prestar mayor atención a la disputa que libran los candidatos al triunfo final, representantes, por cierto, de golosos mercados televisivos, Colombia y Gran Bretaña, por no mencionar al país anfitrión.

O dicho de otro modo: estoy de un humor de perros porque la Vuelta está cerca de terminar cuando Contador está próximo a encontrarse. Si hubiera un mínimo voluntad municipal y organizativa, podríamos alargar la carrera una semana más con el mismo salero y desparpajo que repetimos elecciones, por el bien de España y hasta que ocurra, de un maldita vez, lo que deseamos.

Chaves se impuso en Calabuch (digan lo que digan)

Indignación entre las fuerzas vivas de Calabuch por el indulto de la Vuelta.

Indignación entre las fuerzas vivas de Calabuch por el indulto de la Vuelta.

 

El colombiano Esteban Chaves fue el ganador de la etapa finalizada en Calabuch. Su triunfo no fue reconocido por los jueces, ni siquiera considerado, con la endeble excusa de que antes que él entraron trece ciclistas, Drucker el primero. Lo que olvida la judicatura (y la organización) es que esos trece corredores llegaron fuera de control en la etapa de Formigal, lo que debería haber provocado su fulminante expulsión, tal y como ordena el reglamento. Prueba de que el indulto ha convertido en rentable su ahorro de energía (llegaron a 54 minutos) es que más de media docena se agolparon en el sprint de Peñíscola, para grave perjuicio de Chaves, que es un muchacho educado y no protestará.

Luis Ángel Maté también tendría razones para sentirse molesto, incluso furioso. Integrante de la escapada del día, nunca sabrá cuál hubiera sido su suerte en caso de que los indultados no hubieran trabajado para echar abajo la fuga. Quizá hubiera ganado la etapa, quién lo sabe, o al menos habría peleado por ella hasta el último instante. Preguntado al respecto en meta, Maté, que es hombre de buen humor, consideró poco graciosas las medidas de gracia.  

Privilegiar los intereses económicos de los equipos por encima de los intereses deportivos es una implacable manera de matar el deporte. En otro artículo (en otra tesis) tocará analizar los impulsos suicidas del ciclismo. No sé, quizá utilicemos demasiadas veces la expresión tumba abierta.

Quintana, Contador y Cyrano

Justicia divina. Contador, en el podio.

Justicia divina. Contador, en el podio.

La escena cumbre del Cyrano y sus múltiples versiones es aquella en la que el desdichado narigudo le susurra a un muchacho sin luces cómo seducir a la bella Roxane, amor inconfesable del caballero de Bergerac. Supongo que ya les tengo a mi rueda. Contador tuvo la inspiración y alimentó el deseo, pero terminó por susurrar al oído de Nairo cómo ganar la Vuelta a España. Se lo explicó durante más de cien kilómetros y el colombiano lo entendió a la perfección, porque tiene muchas luces y todas están encendidas. Cuentan que, finalizada la etapa, Contador salió al encuentro de Nairo para estrecharle la mano con la misma generosidad y elegancia de Cyrano.

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De lo inolvidable a lo histórico

Froome-Nairo. Duelo al sol.

Froome-Nairo. Duelo al sol.

 

Cuando Simon Yates atacó al grupo de favoritos a falta de 39 kilómetros para la meta, en plena subida al Marie-Blanque, se despertó la expectativa de una etapa histórica. La expectativa se mantuvo hasta el último instante, después de que Quintana y Froome, ambos colosales, tomaran el relevo del audaz Yates. No hizo falta más. Basta lo dicho para que podamos considerar lo ocurrido como inolvidable, que es la primera categoría de lo histórico.

Es cierto. No sucedió nada relevante si lo medimos con un reloj. Quintana y Froome llegaron juntos a la meta y Yates apenas les recortó un minuto. Sin embargo, el resultado es una minucia, casi una vulgaridad, en comparación con la promesa permanente de un momento único. Durante mucho tiempo asistimos a una sucesión de hechos extraordinarios sin tiempo para cerrar la boca. Primero, el desafío de un joven ciclista al orden natural de las cosas. Para atacar desde tan lejos, y para sostener la apuesta, hay que tener un punto de locura y muchas arrobas de talento. También es necesario contar con un director con el mismo punto de chifladura y con un ingenio similar (Neal Stephens Fan Club).

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