Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Categoría: Real Madrid (Página 3 de 9)

El Real Madrid le arrancó la armadura al Atlético

El Atlético, camino de vestuarios.

El Atlético, camino de vestuarios.

El fútbol colecciona paradojas. La mejor plantilla del Atlético fue la que menos resistencia opuso al Real Madrid en su cuarto enfrentamiento consecutivo en Copa de Europa. Los tomamos por agoreros supersticiosos, pero tenían razón quienes advirtieron que la excelencia en el juego era una aspiración contra natura. Y no porque el Atlético tenga vedado el buen fútbol, sino porque el mejor Atlético de la historia, el de Simeone, se ha construido como candidato a base de disciplina y hierro, a golpe de cálculo infinitesimal. A partir de la conciencia de su inferioridad y reduciendo al mínimo el margen del azar, los futbolistas llegaron a entender que el máximo esfuerzo era la única escapatoria. Cambiar el modelo era arriesgar el resultado.

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Hay otros mundos

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

Probablemente, el mejor Real Madrid del curso. Con certeza los mejores minutos, el fútbol más brillante. Un placer con un único lamento: cuántas opciones se dejan sin explorar a lo largo de una temporada. Lo que vimos en Riazor, presentado como una sospechosa ensalada de suplentes (nueve no jugaron el Clásico), fue en realidad un prodigioso descubrimiento. Sin esperarlo, nos encontramos con un equipo dinámico, chispeante en la circulación gracias a las posiciones intercambiables de los futbolistas de creación y ataque, y con más alternativas ofensivas, tan eficientes como las titulares.

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Messi, principio y final

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

 

Primera explicación: Messi. Y la segunda y la tercera. Ser un futbolista extraordinario no significa hacer cosas extraordinarias, cualquiera las hace en según qué momentos. Ser extraordinario es imponer una voluntad sobre once en el campo y ochenta mil en la grada: ganar porque se quiso ganar. Se lo vi a Ronaldo (Nazario) en bastantes ocasiones y se lo hemos visto a Messi en número indeterminado. El valor aumenta si tenemos en cuenta el escenario y se multiplica si recordamos la endeblez del Barça en los primeros minutos, los del penalti a Cristiano. Respecto a esta jugada diré que hay patadas que duelen, pero no derriban, y fue la escenificación de la caída lo que hizo perder crédito a la víctima.

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Se coló un árbitro

Árbitros, criaturas prodigiosas.

No sé qué escribir. Tenía los pulmones preparados para gritar por la ventana, tal y como merecen las eliminatorias que se resuelven en la prórroga. Sin embargo, antes de proceder, me llegó un aluvión de capturas televisivas que mostraban el fuera de juego de Cristiano en los goles que sentenciaron el pase, el segundo y el tercero. No soy partidario de entretenerme con los árbitros y sobre ello insisto a menudo, también cuando el Barça remontó al PSG. Considero al árbitro como un poste que te ayuda o como un palo contra el que te estrellas, tan imprevisibles y tan cargados de electricidad como una tormenta de verano. No creo en sus malas intenciones, sino más bien en sus instintos básicos: miedo, agresividad, deseo de agradar o de corregir…

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Isco merece más

Los niños al poder.

Los niños al poder.

 

Isco no defiende, Isco conduce en exceso, Isco no es regular. Los detractores de Isco, a los que ahora se les podrá observar silbando por el paseo marítimo, no tienen mal gusto. Lo que les falta es paciencia. Consideran que Isco no merece el margen de distracción que se permiten otras estrellas del equipo. Y aunque los críticos esgrimen argumentos futbolísticos, en el fondo subyace un menosprecio al jugador español, al que se le buscan con más ahínco los defectos. Que si chupa, que si es lento, que si tal. El último y más irritante son las ambiciones económicas: no tenga usted duda de que Isco querrá mejorar su contrato en la próxima renovación y no se imagina cuánto pide. ¡Intolerable! Tengo entendido que Casillas tenía el mismo vicio…

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La hora de la verdad

El Real Madrid, camino de la Duodécima.

El Real Madrid, camino de la Duodécima.

 

Todo es mentira hasta que llega la hora de la verdad. Lo anterior, a lo que hemos dedicado el tiempo durante ocho meses, ha sido la descripción de pequeñas glorias y dramas en miniatura con la misma perdurabilidad que una pompa de jabón. La hora de la verdad es perder en Múnich y tener que reponerse. Aceptar que un mal comienzo no implica un mal final. No afligirse cuando lo harían otros y trasladar el partido de lo anecdótico (el ambiente, los cojones, los accidentes) a lo esencial, quién es mejor.

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Rey derbi, reina Ginebra

Gintonería, Úbeda, Jaén.

Gintonería, Úbeda, Jaén.

“Hola, ¿podría decirme dónde se puede ver el partido del Madrid?” (pude decir del Atlético, pero dije del Madrid, qué quieren, y eso que Úbeda es plaza rojiblanca, ya lo sé, lo que diga Sabina, Bar Melancolía). Ella responde, sin mirarme porque está colocando las sillas de la terraza y hay cosas más importantes: “En el Carrefour”. Y lo dice completamente serio, tan seria como debe serlo la encargada de una confitería en la Plaza de Andalucía. “En el Carrefour”. Con dos santos cojones, caso de tenerlos. O hay un bar que se llama el Carrefour, cosa harto improbable, o me está remitiendo a la sección de televisiones del Carrefour, probablemente del Carrefour de Jaén, la muy. No me rindo. Prosigo el paseo y, desesperado, vuelvo a preguntar. “Hola, ¿podría decirme dónde se puede ver el partido del Madrid?” (yo insisto en lo mío, como se puede advertir). “¡Pues aquí mismo, para qué mandarle a otro lugar, entre en mi casa!”. Un santo. Plateresco. Un divino calvo. Me conduce a una sala interior, con wifi, con enchufe y camareras sonrientes que me arrojan uvas y laurel al gintonic, como si fuera el César. La Gintonería, amigos, un templo junto a la Plaza del 1º de mayo, precisamente donde nació Sabina.

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Morata, los goles y la confianza (o su ausencia)

La confianza, potenciado del talento.

La confianza, potenciador del talento.

 

Hay quien piensa que a Morata no le alcanza. La calidad, se entiende. Lo que yo creo es que no le alcanzan los minutos. Y no lo afirmo por su doblete en Leganés, en campo que algunos considerarán propicio. Lo digo por su rendimiento general en el campeonato de Liga, ocho goles en 888 minutos, uno menos que Benzema en 1.475 y uno más de los que ha conseguido Bale en 1.305. La estadística debería ser un argumento de peso, aunque sólo fuera para abrir el debate, pero es un asunto menor para quienes sostienen que el chico no tiene categoría para ser titular, demasiado desmadejado, demasiado blando, demasiado de la casa.

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La táctica de James Bond o cómo ganar a la japonesa

Victoria dedicada a los japoneses.

Victoria dedicada a los japoneses.

 

El resumen general responde a un guion bien conocido: el Real Madrid metió al final los tres goles que anunció al principio, añadan un relleno de incertidumbre trufado de buenas ocasiones del rival para empatar el partido. Para un japonés esto es una película de James Bond en la que el héroe nunca corre verdadero peligro. Para los madridistas de cierta alcurnia esto es un sufrimiento que ataca la úlcera y multiplica las canas.

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Iñigo Montoya en San Mamés

Tú mataste a mi padre. Prepárate para morir.

Tú mataste a mi padre. Prepárate para morir.

 

Hay una escena de La Princesa Prometida en la que Iñigo Montoya y el joven Westley se baten en tan singular combate que casi sale fuego de sus espadas. Es entonces cuando Montoya le descubre a su oponente que no es zurdo, sino diestro (o tal vez sea al revés, poco importa), al tiempo que se cambia el sable de mano y prosigue el duelo con esa alegría tan poco criminal de los espadachines de los cuentos. Me ahorraré contar cómo continúa la batalla para no estropearme el argumento, pero si tienen curiosidad les invito a revisar el clásico.

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