Narciso, gran jugador.

Narciso, gran jugador.

 

Son matemáticas, o lo más parecido que se me ocurre. Cualquier entrenador que incluya a tres delanteros de vocación y talento absolutamente ofensivos, compromete su esquema. El único modo de equilibrar un planteamiento semejante es con tres centrocampistas puros y competentes, tres tipos adiestrados en el corte y en la confección. La otra opción es convencer a los famosos delanteros para que se impliquen en tareas defensivas, cosa que sólo harán en partidos especiales, contra rivales de tronío o después de rachas penosas. Nada estimula tanto a un futbolista como la venganza.

Como sus señorías saben poco de historia, el Athletic no proporcionó la inspiración suficiente. El resultado es que los delanteros no bajaron, más preocupados en sus números que en leer el partido, ya saben que los jóvenes cada vez leen menos, o nada. En el mediocampo, entretanto, Kroos era el único experto en el puesto, más por origen que por crianza; es de conocimiento público que el alemán comenzó como mediapunta. A su lado se encontraban futbolistas que se han reciclado peor, como Kovacic e Isco. No tengo duda de que le pusieron la mejor voluntad y, en bastantes ocasiones, notable acierto. Sin embargo, ninguno tiene interiorizadas las exigencias del puesto, la ocupación del campo o el sentido del ritmo.