Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

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Consejo para transeúntes: no hagamos sangre

Mocitas madrileñas a la salida del estadio. Obsérvese el cielo maravilloso by Goya.

Entre las motivaciones de un lector, cada vez menos (confiemos en cambiar eso pronto), está la del descuartizamiento compartido. El lector, que ya ha trasladado el partido a la sala de despiece, espera que el cronista complete el trabajo y, después de salpicarlo todo sangre, termine por darle razón: pésimo planteamiento táctico, alineación fallida, invisibilidad de Bale, inacción de Benzema, caos absoluto.

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Un partido para degustar

Asensio, en un momento del partido contra el Valencia.

El partido del Bernabéu compensa por cien malos partidos. Qué divertido si te abstraes de tus colores. Y qué divertido si no consigues abstraerte. El buen fútbol no es aquel que minimiza los errores defensivos, como todavía predican algunos puristas de triste semblante, sino el que hace prevalecer las maniobras ofensivas. La delicia del fútbol es el intercambio de golpes, la ambición compartida, la ausencia de miedo. De todo hubo. Y por si lo anterior no fuera suficiente, un futbolista sobrevoló la gran noche formando un vendaval de helicóptero: Marco Asensio. Los dos goles que marcó son una anécdota en comparación con su influencia en el juego y su liderazgo sobre el equipo. En un verano ha pasado de promesa a estrella mundial. Es normal que Bale se sienta algo aturdido. Han pasado cuatro años y sigue intentando arrancar su moto.

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Morata, los goles y la confianza (o su ausencia)

La confianza, potenciado del talento.

La confianza, potenciador del talento.

 

Hay quien piensa que a Morata no le alcanza. La calidad, se entiende. Lo que yo creo es que no le alcanzan los minutos. Y no lo afirmo por su doblete en Leganés, en campo que algunos considerarán propicio. Lo digo por su rendimiento general en el campeonato de Liga, ocho goles en 888 minutos, uno menos que Benzema en 1.475 y uno más de los que ha conseguido Bale en 1.305. La estadística debería ser un argumento de peso, aunque sólo fuera para abrir el debate, pero es un asunto menor para quienes sostienen que el chico no tiene categoría para ser titular, demasiado desmadejado, demasiado blando, demasiado de la casa.

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La táctica de James Bond o cómo ganar a la japonesa

Victoria dedicada a los japoneses.

Victoria dedicada a los japoneses.

 

El resumen general responde a un guion bien conocido: el Real Madrid metió al final los tres goles que anunció al principio, añadan un relleno de incertidumbre trufado de buenas ocasiones del rival para empatar el partido. Para un japonés esto es una película de James Bond en la que el héroe nunca corre verdadero peligro. Para los madridistas de cierta alcurnia esto es un sufrimiento que ataca la úlcera y multiplica las canas.

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Historia de Sergio León

Piña del Real Madrid después de uno de los goles, el que gusten.

Piña del Real Madrid después de uno de los goles, el que gusten.

 

Cada partido señala a un protagonista que suele jugar en el equipo ganador. Es lo frecuente y así se podría describir lo ocurrido en Pamplona, del ingenio de Benzema al talento de Isco, adornado el texto con las fotos de alguno de los goleadores, o quizá con la piña del equipo, y es curioso esto de la piña, porque nunca he sabido si la piña es piñonera o de la marca Del Monte, tan apretada me resulta una como otra.

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Celta-Real Madrid: lo que pudo haber sido

Vigo: vientos moderados con tendencia a amainar.

Vigo: vientos moderados con tendencia a amainar.

 

El grito se escuchó en varias ocasiones y no fue para cantar gol: “¡Alá vai!”. Del minuto cinco al noventa se repitió ante cada incidente y con pequeñas variaciones: “¡Alá vai o carallo!” y “¡Alá vai o gaiteiro!”. Sucedía cada vez que de la cubierta de la grada de Río Alto se desprendía un panel, y se desprendieron siete en dirección al campo y otros seis volaron en dirección hacia Vigo y la Ría del mismo nombre. Por fortuna, ninguna placa impactó contra espectadores, paseantes o percebeiros y la que parecía dispuesta a degollar a Cristiano Ronaldo fue atrapada por Benzema con agilidad felina; la suerte de tener un gato en el equipo.

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Nada por allí, todo por acá

No se asusten, es la Liga. Y Tamariz, naturalmente.

No se asusten, es la Liga. Y Tamariz, naturalmente.

 

Ya no hay crisis. Tamariz lo anunciaría con un tatachán, pero aquí seremos más sobrios (es domingo). El Madrid es líder con cuatro puntos de ventaja que serán siete si gana al Valencia en partido aplazado (22-F). Cualquiera de los semifinalistas de Copa cambiaría su posición por dominar la Liga y todavía invitaría a cenar. Hasta la Real Sociedad, revelación del campeonato, aceptaría lecciones sobre cómo ganar los partidos que maneja el contrario.

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Desnudos en Balaídos

Una pintada en una pared de Vigo. Así jugó el Celta.

Una pintada en una pared de Vigo. Así jugó el Celta.

 

El análisis estará equivocado si decimos que el Real Madrid se quedó a un gol de las semifinales. Le faltó mucho más que eso. En primer lugar, le faltó el fútbol necesario para generar el número oportuno de ocasiones de gol. Al mismo tiempo, careció del fuego y del carácter que exigía la remontada y la pasión del Celta. Por último, y metido en los últimos minutos, no tuvo siquiera el coraje de convertir el fracaso en algo heroico. No hubo agonía suficiente, ni camisetas desgarradas. El Madrid salió de Balaídos con el mismo peinado y la misma cautela con la que entró, como si tuviera todo el tiempo del mundo, como si la vuelta fuera la ida y remangarse estuviera mal visto.

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No es el Apocalipsis; son baches

Zidane o Gary Cooper.

Zidane o Gary Cooper.

 

Imagino a muchos madridistas ateridos de frío y no hay más razones que las meteorológicas. El Real Madrid sigue siendo el mismo equipo de hace una semana, el mismo que mereció puntuar en Sevilla (probablemente ganar) y el mismo que mantiene intacta su candidatura para los grandes torneos en disputa, Liga y Champions. El mismo de la cuarentena sin derrotas. Comprendo que este juego despierta emociones extremas, y entiendo que lo contrario de la alegría ha de ser la pena y la frustración. Sin embargo, no veo razones para profundizar en el chasco. Es más, recomendaría no hacerlo.

En mi opinión, lo peor de perder en Sevilla fueron las críticas a Keylor y el inmediato suspiro por De Gea; el reproche a Benzema por la pérdida de un balón como tantos después de un partido formidable, el avieso cuestionamiento de Zidane. El ventajismo, en definitiva. Ese impulso autodestructivo es una amenaza más seria que los rivales que surgirán por el camino.

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Partidazo con trampa

Máxima expectación entre casi todo el mundo.

Máxima expectación entre casi todo el mundo.

 

Gran partido. Homérico, impetuoso. Intenso por si no les pareció grande. Descarnadamente peleado y esto no lo discutiremos. Qué más se puede añadir sin ser redundante, sin manchar de retórica esta divina explosión, o implosión convencional, si lo prefieren, no vamos a enredarnos en discusiones de química inflamable. Prescindiré de los análisis tácticos porque para disfrutar de la emoción no hace falta trazarle el árbol genealógico. Obviaré el relato porque el viento pudo cambiar en cada remate o en cada decisión arbitral, en aquel tiro de Benzema o en aquel otro de Vietto, en el penalti evidente o en la consecución de decisiones sibilinas, tan perversas que habrán pasado inadvertidas para el ojo no entrenado, no para el nuestro, naturalmente.

No hablaré sobre los efectos trágicos de los aniversarios y de los récords o sobre cómo afeitan las guillotinas afiladas. Igualmente, pasaré por alto la alineación de Zidane, detalle menor. No me detendré en ninguno de los aspectos anteriores ni haré valoraciones sobre la justicia del resultado, aunque me veo en condiciones. Y no lo haré, caballeros (y damas, si las hubiera), porque si han llegado hasta aquí merecen saberlo: no he visto el partido. Al menos no lo he visto antes de ponerme a escribir, que suele ser la forma más extendida de redactar una crónica. Y no lo he visto porque esta misma noche he quedado con varios compañeros del colegio con los que no me encuentro desde hace más de veinte años, prácticamente treinta, y me resultaba de una ordinariez supina cambiar la cita fijada, o acudir a ella con un ordenador y unos auriculares. Ya les habré parecido suficientemente excéntrico, o aburrido, o gordo, o bajito, como para incorporar nuevas taras.

Se preguntarán algunos por qué diablos no me he tomado la noche libre. Bien, también me lo pregunto yo. Mi esquizofrénica respuesta es que no he faltado a un partido del Real Madrid desde que la pasada temporada decidí que seguiría corriendo a pesar de no tener dorsal. Y así continuo. A la espera de encandilar a algún magnate de la comunicación (se resisten), me conformo con servir el rancho a familiares de primer grado, amigos a prueba de bala, turistas accidentales y otros deliciosos lunáticos. De modo que, ante el dramático trance de elegir entre la tradición autoimpuesta y mis amigos del colegio, he optado por una fórmula intermedia: ustedes y ellos. Si cuando regrese esta noche descubro que algún amable lector ha tenido a bien contarme el Real Madrid-Sevilla, se lo agradeceré contándole yo mi cena. En ambos casos intuyo partidazo.

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