Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

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Con ustedes, un candidato


El fútbol inglés se aproxima. A nosotros, digo. Debía pasar, pero pensamos que nunca llegaría a ocurrir. Suponíamos que los jeques y los magnates seguirían gastando el dinero a tontas y a locas, que los entrenadores serían incapaces de sobreponerse a lo que parecía una tara estructural y una fatalidad histórica, ya se sabe que los británicos pierden gas cuando salen de las islas. Pues bien, todo es mentira. Entre otras razones porque el dinero, cuando es inagotable, termina por tener razón. Y porque el mestizaje se ha impuesto en el campo y en los banquillos, y porque el fútbol va y viene, y porque la vida es así.

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Un dragón menos

Zidane, en Alemania. Caballo blanco, observen.

Hay dos maneras de enfrentarse al Real Madrid y ninguna excluye rezar. La primera pasa por cerrar filas, protegerse en campo propio y fiarse de un contragolpe improbable o de un final loco. Así, más o menos, venció el Betis en el Bernabéu. La otra posibilidad es aceptar el intercambio de golpes y disfrutar del rato que se permanece en pie, que nunca suele ser demasiado. El Borussia Dortmund, tal y como ha demostrado en los últimos años, siempre elige la opción B. Que el rival salga con un ojo amoratado le compensa de cualquier resultado adverso.

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El hambre de Cristiano y las ganas de comer

La tenia de Cristiano y la serpiente de El Principito.

 

Cuando el próximo 26 de mayo se dispute la final de la Champions, probablemente con presencia del Real Madrid (estimación estadística, no sentimental), el partido contra el APOEL nos parecerá de otro siglo. A excepción de los chipriotas y los asistentes al estadio (japoneses debutantes), nadie recordará el rival de la primera noche salvo que consulte las fuentes adecuadas. No le quiero restar importancia al encuentro, pero convendrán conmigo que hay partidos que sólo son memorables si se pierden. Y en este caso, la derrota era una improbable extravagancia por el simple motivo de que Cristiano tenía hambre y el APOEL carece de colmillos.

Me dirán ustedes que Cristiano siempre está hambriento, y es muy cierto: su tenia (o solitaria) es de la familia de las anacondas. Sin embargo, esta vez se le acumulaban las dedicatorias después de 28 días sin vestirse de blanco, y ya hemos dicho por aquí que nada estimula tanto a los futbolistas como cerrar bocas (a los periodistas, a los jueces, a Montoro).

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Pax Madridista

Vajilla modelo Real Madrid.

 

Cada uno es muy libre de desgarrarse la camisa cuando le venga en gana, pero la Duodécima no es un triunfo desgarrador. Es una victoria absoluta, aplanadora, bien masticada. En las finales contra el Atlético existía el miedo a la burla y al ‘sorpasso’. En las finales anteriores se sentía el miedo de no volver pronto, que en la Séptima fue el terror a no volver nunca. En Cardiff no hubo temores confesados o inconfesables. La inquietud de muchos aficionados era un nerviosismo de carácter supersticioso, en ningún caso real. Los jugadores ni siquiera se tomaron el esfuerzo de disimular. La conquista fue razonada y el marcador descriptivo. La desolación de la Juventus tampoco fue desgarradora. Si acaso un par de lágrimas que se resistieron a salir, y no por perder lo que se pudo ganar, sino por el camino en balde, por la ilusión gastada, por la ‘porca miseria’.

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El Real Madrid le arrancó la armadura al Atlético

El Atlético, camino de vestuarios.

El Atlético, camino de vestuarios.

El fútbol colecciona paradojas. La mejor plantilla del Atlético fue la que menos resistencia opuso al Real Madrid en su cuarto enfrentamiento consecutivo en Copa de Europa. Los tomamos por agoreros supersticiosos, pero tenían razón quienes advirtieron que la excelencia en el juego era una aspiración contra natura. Y no porque el Atlético tenga vedado el buen fútbol, sino porque el mejor Atlético de la historia, el de Simeone, se ha construido como candidato a base de disciplina y hierro, a golpe de cálculo infinitesimal. A partir de la conciencia de su inferioridad y reduciendo al mínimo el margen del azar, los futbolistas llegaron a entender que el máximo esfuerzo era la única escapatoria. Cambiar el modelo era arriesgar el resultado.

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Se coló un árbitro

Árbitros, criaturas prodigiosas.

No sé qué escribir. Tenía los pulmones preparados para gritar por la ventana, tal y como merecen las eliminatorias que se resuelven en la prórroga. Sin embargo, antes de proceder, me llegó un aluvión de capturas televisivas que mostraban el fuera de juego de Cristiano en los goles que sentenciaron el pase, el segundo y el tercero. No soy partidario de entretenerme con los árbitros y sobre ello insisto a menudo, también cuando el Barça remontó al PSG. Considero al árbitro como un poste que te ayuda o como un palo contra el que te estrellas, tan imprevisibles y tan cargados de electricidad como una tormenta de verano. No creo en sus malas intenciones, sino más bien en sus instintos básicos: miedo, agresividad, deseo de agradar o de corregir…

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La hora de la verdad

El Real Madrid, camino de la Duodécima.

El Real Madrid, camino de la Duodécima.

 

Todo es mentira hasta que llega la hora de la verdad. Lo anterior, a lo que hemos dedicado el tiempo durante ocho meses, ha sido la descripción de pequeñas glorias y dramas en miniatura con la misma perdurabilidad que una pompa de jabón. La hora de la verdad es perder en Múnich y tener que reponerse. Aceptar que un mal comienzo no implica un mal final. No afligirse cuando lo harían otros y trasladar el partido de lo anecdótico (el ambiente, los cojones, los accidentes) a lo esencial, quién es mejor.

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Mañana de emociones: de la lista de Lopetegui al sorteo de la Champions

Lopetegui, en plena reinvención.

Lopetegui, en plena reinvención.

 

La comparecencia de Julen Lopetegui estaba prevista a las 11:30 y comenzó con razonable puntualidad, tampoco hay que excederse, no era esta la lista de Alemania. La conciencia general es que había treinta minutos para entregarse a la Selección hasta que el mediodía diera paso al sorteo de la Champions. De modo que, sin más preámbulos, si acaso el carraspeo habitual, el seleccionador nombró a los 25 futbolistas que forman parte de su cuarta convocatoria, la que servirá para enfrentarse a Israel (viernes 24) y Francia (martes 28), un encuentro clasificatorio y un amistoso de primer nivel. Las novedades más significativas son Illarramendi, Pedro y Deulofeu. La ausencia más morbosa (léase nostálgica) sigue siendo la de Casillas, aunque también fueron comentadas las bajas de Cesc, Lucas Vázquez, Sergi Roberto y los centrocampistas de la Unión Deportiva Las Palmas Roque Mesa y Jonathan Viera.

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Sol en el horizonte

San Paolo, todavía atónito.

San Paolo, todavía atónito.

Primer pensamiento de la noche: bendita pista de atletismo. Si no fuera por ella, los tifosi hubieran mordido los muslos de algún madridista durante la primera parte. Última reflexión nocturna: los grandes partidos de Champions, los inigualables, son aquellos cuya suma de goles despista al aficionado de letras, aturdido por el gol doble que nunca lo fue. Se necesita mucho disparate para experimentar tanto goce y en Nápoles todo se ciñó al sentido común.

Los locales salieron como se espera de un anfitrión en desventaja: arrebatados. El problema de los arrebatamientos es que agotan. En cuanto decayó la presión, el Madrid creció. A pesar del progresivo intercambio de papeles, el Nápoles se marchó al descanso tal y como había rezado a San Paolo: 1-0.

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El Real Madrid domesticó al Nápoles (breve nota)

El Real Madrid, durante los primeros minutos del partido.

El Real Madrid, durante los primeros minutos del partido.

 

Prescindamos del marcador para concentrarnos en los méritos que no se contabilizan con números. El Real Madrid no sólo se repuso de un gol en contra, una cuchillada que incomoda a la hora de toser y reírse. El Real Madrid se sobrepuso a un rival que fue mejor durante los primeros minutos, y esa comprobación duele más que un cuchillo en los riñones. El Nápoles del inicio superó al campeón en lo que ha sido insuperable durante los últimos siete años: el contragolpe. A partir de esa evidencia, el Real Madrid se vio obligado a alejar el partido de ese terreno que le abrasaba los pies. En cierto modo, fue como domar a un caballo salvaje graduando los objetivos de menor a mayor: no romperse el cuello, no demostrar pánico y, por último, hacer ver a la bestia que tampoco es mala vida la de un rucio doméstico.

Domesticar al Nápoles ha sido mucho más relevante, y creo que perdurable, que marcarle tres goles. En la vuelta, pesará más la superioridad futbolística y espiritual del Real Madrid que el marcador. Persiste el riesgo de coces y caídas, pero la eliminatoria ha señalado a un amo y el amo tiene espuelas.

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