Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

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Un dragón menos

Zidane, en Alemania. Caballo blanco, observen.

Hay dos maneras de enfrentarse al Real Madrid y ninguna excluye rezar. La primera pasa por cerrar filas, protegerse en campo propio y fiarse de un contragolpe improbable o de un final loco. Así, más o menos, venció el Betis en el Bernabéu. La otra posibilidad es aceptar el intercambio de golpes y disfrutar del rato que se permanece en pie, que nunca suele ser demasiado. El Borussia Dortmund, tal y como ha demostrado en los últimos años, siempre elige la opción B. Que el rival salga con un ojo amoratado le compensa de cualquier resultado adverso.

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El hambre de Cristiano y las ganas de comer

La tenia de Cristiano y la serpiente de El Principito.

 

Cuando el próximo 26 de mayo se dispute la final de la Champions, probablemente con presencia del Real Madrid (estimación estadística, no sentimental), el partido contra el APOEL nos parecerá de otro siglo. A excepción de los chipriotas y los asistentes al estadio (japoneses debutantes), nadie recordará el rival de la primera noche salvo que consulte las fuentes adecuadas. No le quiero restar importancia al encuentro, pero convendrán conmigo que hay partidos que sólo son memorables si se pierden. Y en este caso, la derrota era una improbable extravagancia por el simple motivo de que Cristiano tenía hambre y el APOEL carece de colmillos.

Me dirán ustedes que Cristiano siempre está hambriento, y es muy cierto: su tenia (o solitaria) es de la familia de las anacondas. Sin embargo, esta vez se le acumulaban las dedicatorias después de 28 días sin vestirse de blanco, y ya hemos dicho por aquí que nada estimula tanto a los futbolistas como cerrar bocas (a los periodistas, a los jueces, a Montoro).

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Messi-Cristiano: el delito no debería afectar a la admiración deportiva (creo)

John Wayne. Actor mítico, racista deplorable.

 

Creo que el error es grave. Los delitos fiscales que se relacionan con Messi y Cristiano Ronaldo son, para algunas voces que escucho y leo, una mancha que no sólo los afecta como ciudadanos, sino también como futbolistas. Los argumentos giran sobre una idea principal: ¿cómo pueden ser objeto de admiración quienes defraudan al fisco y, en consecuencia, nos defraudan a todos?

La respuesta es muy sencilla. Quienes deseen admirar a Messi y Cristiano tienen tan buenas razones para hacerlo como los admiradores de Frank Sinatra (mafioso), Michael Jackson (pedófilo), Lennon (maltratador), Kurt Cobain (drogadicto), González Ruano (estafador y colaboracionista), John Wayne (racista), Clint Eastwood (trumpfílico) o Jacques Anquetil (polígamo). Cuentan que Cary Grant era un tacaño patológico, que Bogart escupía al hablar y que Cervantes pudo entregarse en cuerpo y alma (sobre todo en cuerpo) a sus captores en Argel. Por no mencionar a Maradona.

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Pax Madridista

Vajilla modelo Real Madrid.

 

Cada uno es muy libre de desgarrarse la camisa cuando le venga en gana, pero la Duodécima no es un triunfo desgarrador. Es una victoria absoluta, aplanadora, bien masticada. En las finales contra el Atlético existía el miedo a la burla y al ‘sorpasso’. En las finales anteriores se sentía el miedo de no volver pronto, que en la Séptima fue el terror a no volver nunca. En Cardiff no hubo temores confesados o inconfesables. La inquietud de muchos aficionados era un nerviosismo de carácter supersticioso, en ningún caso real. Los jugadores ni siquiera se tomaron el esfuerzo de disimular. La conquista fue razonada y el marcador descriptivo. La desolación de la Juventus tampoco fue desgarradora. Si acaso un par de lágrimas que se resistieron a salir, y no por perder lo que se pudo ganar, sino por el camino en balde, por la ilusión gastada, por la ‘porca miseria’.

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Largo camino hacia el éxito

Zidane, el hombre. Y la cabeza.

No es de hoy. Es algo que viene de tiempo atrás y no me quisiera remontar al origen de las cosas, no tanto. Hablo de la construcción de un equipo. De la premeditación y de la casualidad. De la primera piedra. Podría parecer que el éxito que ahora se celebra y que debería tener continuación en Cardiff comenzó con el fichaje de Cristiano Ronaldo en 2009, pero arrancó antes. Diría que con la llegada de Sergio Ramos en 2005 y la de Marcelo en 2007, aunque estoy dispuesto a dejarme corregir por alguien con visión más panorámica. Si hago notar los años es para incidir en que el éxito es compartido por dos presidentes antagónicos y por los directores deportivos que hubo hasta que dejó de haberlos. Estoy convencido de que Capello también dejó algo relacionado con la determinación. Y no niego la importancia del músculo que aportó Mourinho. La superioridad física del Real Madrid ha sido fundamental para inclinar unos cuantos títulos, y me vienen tres a la cabeza, los que se resolvieron más allá del tiempo reglamentario.

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Cristiano, la roja y la paranoia

Tarjeta roja. Bang. Hágase a un lado que me enfocan a mí.

 

Pensaba comenzar escribiendo que todo transcurría con placidez hasta que el árbitro expulsó a Iago Aspas, pero es mentira. Una población considerable de espectadores, debo suponer que madridistas, se sentían ofendidos por la ferocidad del Celta, como si lo educado hubiera sido una moderada apatía, presión mínima y renuncia a disputar los balones divididos. En vez de valorar la capacidad del Real Madrid para sobreponerse al fervor de su adversario (con cierta facilidad, además), ese número indeterminado de seguidores se concentró en el sospechoso interés del Celta por ganar el partido.

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Sensación de vivir

Nacho, en algún lugar o en todos.

Nacho, en algún lugar o en todos.

 

Hay varias formas de enfocar la crónica. La primera es por la proximidad del título. En ese caso el partido es intrascendente porque el resultado lo ocupa todo. Salvado otro escollo, una victoria y un empate (o viceversa) bastarán para dar el primer paso al doblete. Asumo que esta afirmación inquieta a los madridistas porque está instalado que anticipar una conquista es una buena manera de frustrarla, pero insisto pese a todo. El Real Madrid se encuentra a tres partidos de cumplir un viejo sueño: no dejarse plata por el camino. Y las supersticiones carecen de sentido, porque los lobos no acarician las patas de los conejos, se los comen.

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El Real Madrid le arrancó la armadura al Atlético

El Atlético, camino de vestuarios.

El Atlético, camino de vestuarios.

El fútbol colecciona paradojas. La mejor plantilla del Atlético fue la que menos resistencia opuso al Real Madrid en su cuarto enfrentamiento consecutivo en Copa de Europa. Los tomamos por agoreros supersticiosos, pero tenían razón quienes advirtieron que la excelencia en el juego era una aspiración contra natura. Y no porque el Atlético tenga vedado el buen fútbol, sino porque el mejor Atlético de la historia, el de Simeone, se ha construido como candidato a base de disciplina y hierro, a golpe de cálculo infinitesimal. A partir de la conciencia de su inferioridad y reduciendo al mínimo el margen del azar, los futbolistas llegaron a entender que el máximo esfuerzo era la única escapatoria. Cambiar el modelo era arriesgar el resultado.

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Se coló un árbitro

Árbitros, criaturas prodigiosas.

No sé qué escribir. Tenía los pulmones preparados para gritar por la ventana, tal y como merecen las eliminatorias que se resuelven en la prórroga. Sin embargo, antes de proceder, me llegó un aluvión de capturas televisivas que mostraban el fuera de juego de Cristiano en los goles que sentenciaron el pase, el segundo y el tercero. No soy partidario de entretenerme con los árbitros y sobre ello insisto a menudo, también cuando el Barça remontó al PSG. Considero al árbitro como un poste que te ayuda o como un palo contra el que te estrellas, tan imprevisibles y tan cargados de electricidad como una tormenta de verano. No creo en sus malas intenciones, sino más bien en sus instintos básicos: miedo, agresividad, deseo de agradar o de corregir…

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La táctica de James Bond o cómo ganar a la japonesa

Victoria dedicada a los japoneses.

Victoria dedicada a los japoneses.

 

El resumen general responde a un guion bien conocido: el Real Madrid metió al final los tres goles que anunció al principio, añadan un relleno de incertidumbre trufado de buenas ocasiones del rival para empatar el partido. Para un japonés esto es una película de James Bond en la que el héroe nunca corre verdadero peligro. Para los madridistas de cierta alcurnia esto es un sufrimiento que ataca la úlcera y multiplica las canas.

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