La La Land. Tómese cada seis horas.

La La Land. Tómese cada seis horas.

 

Te haré llorar. Lee las noticias. La historia de los padres que comerciaron con su hija y un cáncer inventado. Los refugiados que se congelan en la Europa rica. Los que se ahogan en el Mediterráneo. Los autobuses de Alepo. Si consiguiera fijarte durante dos horas ante esas imágenes y en nuestra inacción, llorarías o no te faltarían ganas. Ahora intentaré que seas feliz. Y no digo reír, digo ser feliz. Para conseguir que el mundo te parezca un lugar maravilloso no me alcanza un chiste, ni el vídeo de un gato bailando claqué. Para hacer llorar o para hacer reír no hace falta más que un Informe Semanal y una cáscara de plátano. Para hacerte feliz, aunque sea un rato, necesitaría inventar algo formidable. Y no hablo de entretener, sino de provocar eso que podríamos denominar la sonrisa inconsciente, el primer síntoma de la felicidad. No, el objetivo ya no es tan fácil. Me tropezaré con tus prejuicios y con tu rechazo inicial, con el ancla que te agarra a la realidad. Para convencerte de que se puede volar sin alas y sin avión necesitaría ser muy persuasivo. Tanto como ‘La La Land’.