Crónicas Mundanas

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Etiqueta: espanyol

Volvamos al fútbol

Lola en el Bernabéu.

Es mal día para decir que Isco es una república independiente. Aunque, según lo pienso, es posible que los chistes, malos o pésimos, sean lo único con capacidad para rescatarnos después de una jornada de tanto bochorno. Volvamos al fútbol y supongamos que las banderas de España que proliferaban en el estadio Bernabéu eran en homenaje a Quique, entrenador del Espanyol y sobrino de Lola Flores. Diremos, en atención de los más jóvenes, que La Faraona, con indispensable ayuda de El Pescadilla, matrimonió el cante más español con la rumba más catalana. Y les brotaron flores.

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Los finales con beso

Cary Grant y Grace Kelly. Ciglogénesis de belleza.

Cary Grant y Grace Kelly. Ciglogénesis de belleza.

 

No deja de sorprender la inclinación histórica del Real Madrid hacia los finales felices, en las grandes o en las pequeñas producciones. Siempre se inventa una historia y la termina con beso. Pienso en los goles sobre la bocina, en la colección de Champions y en los gloriosos regresos. Bale, sin ir más lejos. Volvió después de 88 días lesionado y el destino, o quien quiera que mande, no se conformó con un plácido retorno. Además, le concedió un gol.

En ocasiones, tengo la sensación de que la energía que genera el Real Madrid para cumplir sus propósitos es tan poderosa que arrastra a sus adversarios, que terminan por nadar a favor de la corriente y en dirección a la catarata. Es un hecho que las inercias destructivas nos atrapan con la misma facilidad que las otras, y no tenemos más que pensar en Trump, en el Brexit o en Eurovisión.

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El Real Madrid, el Espanyol y la señora Streep

Meryl Streep, la guapa que supimos ver.

Meryl Streep, la guapa que supimos ver.

 

Con la edad se producen cambios notables en los gustos de las personas (la verdura, Meryl Streep), aunque no creo en las transformaciones radicales que afectan a la personalidad. Una alteración significativa es que el fútbol deja de gustarte sin condiciones. Los partidos plomizos, antes masticados con entusiasmo, se convierten con el tiempo en tragos inaceptables. Ni siquiera la victoria compensa el aburrimiento. Hablo de un estado muy próximo al descreimiento en que el aficionado, tan generoso durante años, espera ser seducido por el juego. Y espera sentado, habitualmente.

Mal partido, ya lo habrán adivinado. Lo que perpetraron Espanyol y Real Madrid fue un ejercicio de contorsionismo, una batalla siderúrgica, una gimnasia con balón medicinal. Igualados en lo físico, el talento alumbró los goles porque el talento se sujeta malamente con cadenas.

Cuento lo que vi, pero no lo vi todo. Me distraje más veces de las que recuerdo. Sin apartar la vista de la pantalla pensé en cosas completamente distintas, en las horas que han pasado desde mi último paracetamol o en lo que podría escribir ahora. Cuando regresé al partido siempre lo encontré como lo había dejado, con el balón en el aire, perseguido por tipos con armadura.

No es que me haya vuelto un gourmet, no pretendo presumir de nada. Es simplemente que opongo más resistencia a perder el tiempo. Me gusta lo que me gustaba, con leves diferencias. Ahora me gustan las guapas y las que fueron guapas. También las que pudieron serlo. Y con el fútbol me sucede algo parecido. Celebro el buen juego y admito el intento, incluso el aroma. De lo demás huyo, camino de otra ventana o de otro paracetamol.

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