Hay algo que trasciende al juego e incluso a los resultados de un equipo de fútbol. Es el aspecto. Las sensaciones que transmite. La seguridad. Y también, por qué no decirlo, la elegancia. Cómo te cae el uniforme puede ser un indicativo de cómo te sienta el torneo, de si se ajusta a tu talla.

Lo obvio es señalar que la selección española de fútbol ganó a Portugal sin el menor sobresalto y no se puede pedir más para el partido inaugural de un gran campeonato. Sin embargo, lo que más llama la atención del equipo es el modo de manejarse, la facilidad para encontrar soluciones, la ausencia de crispación. El estilo de la Selección no es sólo futbolístico, ni siquiera filosófico. Es físico. Alexia, Losada o Hermoso, por no citar la alineación entera, comparten unas características (presencia, agilidad, clase) que nos convierten en un grupo homogéneo, enriquecido con la explosividad y el nervio de Amanda Sampedro. El campeonato nos colocará donde corresponda, pero España se mueve con aire de candidata y la cuestión es de máxima relevancia, pues en todo romance debemos empezar por enamorar al espejo.

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