El Madrid tenía flores y el Granada puso el jarrón.

El Madrid tenía flores y el Granada puso el jarrón.

 

Sol en el Bernabéu, sábado en el mundo y sensación general de día de fiesta. Así es completamente imposible vencer al Real Madrid, o llevarle la contraria. Para soñar con algo semejante (y digo soñar) se necesita una noche tormentosa o neblinosa, profundamente desapacible, que sirva como camuflaje para el asaltante. A continuación, conviene parecer débil sin serlo demasiado, con el objetivo de alcanzar los últimos minutos a la mínima distancia de un gol para el que no tenga respuesta Sergio Ramos o su espíritu. Disimular flojera, en definitiva. Asumo que el plan es incierto y gaseoso, pero cualquier otro está condenado al fracaso.