Qué sensación. Nos tienen miedo. No ha hecho más que empezar y ellos se repliegan y esperan. Corren detrás del balón que tenemos nosotros. Corren rápido, también es cierto. Pero es que si fueran lentos serían Luxemburgo, dicho con todo el afecto. Seguimos tocando. Bajitos crecidos. Atentos al espacio que se abre en una banda cada vez que la defensa francesa se concentra en la opuesta. Koke se encarga de los envíos. Koke, de blanco, con perdón. Pedro anda entusiasmado, eso se ve pronto; cada uno pide disculpas a su manera. Carvajal explora por la derecha, pero en cuanto se despista le exploran a él. Ese Kurzawa es un galgo, uno más en el canódromo.

Qué sensación. París siente complejo o todavía le asusta el Barça. París, amigos, la ciudad con borlas en los tejados. París no es la capital de Francia, es la alcoba de Europa. Bien, pues esa ciudad asume su inferioridad. Seguimos tocando. A Iniesta le divierte el tráfico. También a Isco. Llegan, miran, vuelven, van. En cada giro, gira Francia. Nos ha venido bien que nos rajaran la espalda un par de veces. Así sucedió al inicio. Mbappé se presentó como un velocista de primer nivel (100, 200 y 110 vallas) y Koscielny como rematador de cabeza dura. Nos vino bien porque no nos volvimos a fiar. Hasta el descanso.