Inglaterra tuvo una presentación imponente: gol al minuto y otro más anulado (injustamente) a los cinco. Sus jugadoras habían saltado al campo con capa y botas altas. Su presión nos ahogaba y su defensa daba la impresión de estar alicatada hasta el techo. En esas condiciones, sólo quedaba tocar madera y firmar el empate. Por fortuna, exploramos otra vía: mover el balón. Inglaterra no resultaba tan peligrosa cuando corría detrás de la pelota. Fue Luis Aragonés quien dijo que la Selección debía decidir si quería ser toro o torero, y el equipo femenino también lo tiene claro. Su éxito pasa por el capote, por burlar la fortaleza física de sus rivales.

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