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#LaDiferenciaPelayo: España tropieza con lo amistoso


Habría que buscar otro nombre para los partidos amistosos, porque creo que la denominación nos confunde. Amistoso no significa hacer amigos, ni hacer proclamas en favor de la fraternidad. Lo cierto es que el término “amistoso” es un contrasentido en el modo en que los españoles entendemos el fútbol, y por extensión el juego y la vida. A nadie se le ocurriría calificar como “amistoso” un partido entre solteros y casados, o una pachanga dominguera. En cada uno de esos combates, en apariencia irrelevantes, se dirime el orgullo de la especie, y así lo aceptamos cuando ponemos en riesgo nuestros ligamentos.

«You talkin’ to me?» James como De Niro en Taxi Driver

En opinión de la autora, James está así de enfadado.

Por Lila Castro

Un buen día de abril, James Rodríguez de levantó, se dirigió al baño, se afeitó, se miró al espejo y preguntó: ¿Me estás mirando?, ¿Me estás hablando a mí? Y no encontró respuesta. Entonces, insistió con vehemencia: ¿A quién demonios le estás hablando? Miró para todos los lados. Y dijo: “Bien, yo soy el único que está aquí ahora mismo. ¿A quién coño piensas que estás hablando?”. Y ante tanta insistencia, el del espejo, finalmente, le respondió: “Sí, es contigo, ¿ya estuvo bueno, eh?”.

James no es el mejor jugador del mundo (podría ser uno de ellos), pero convendrán que es una estrella. Nadie puede negar el alcance de esa zurda prodigiosa, su calidad técnica, su polivalencia, la precisión de sus pases, la visión que tiene del juego, que se ofrece, que se asocia, que llega al área; un mediocampista que acostumbra a hacer igual número de goles que asistencias, lo que no es usual en su rol, y entre esos goles algunos decisivos y de gran factura, cómo no recordar el del empate en el reciente Clásico.

Granada, tierra soñada

Aquí vive Tony Adams y es raro que quiera marcharse.

Aquí vive Tony Adams y es raro que quiera marcharse.

El retraso en la crónica tiene explicación para quien lo haya notado y a quien le pasó inadvertido puede saltar al siguiente párrafo o al de más allá. Si la tradición ha sufrido una ligera alteración horaria es por un doble motivo: considero un buen ejercicio saltarse las obligaciones autoimpuestas (al menos una vez año) y ayer se celebró el 50 cumpleaños de Nacho Fajardo, primo totémico y defensa central paradigmático (libre, pivote, lateral y domador de Mikasas en campo de tierra), con lo que en ningún caso hubo traición al fútbol sino profundo homenaje al balompié.

Hay otros mundos

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

Probablemente, el mejor Real Madrid del curso. Con certeza los mejores minutos, el fútbol más brillante. Un placer con un único lamento: cuántas opciones se dejan sin explorar a lo largo de una temporada. Lo que vimos en Riazor, presentado como una sospechosa ensalada de suplentes (nueve no jugaron el Clásico), fue en realidad un prodigioso descubrimiento. Sin esperarlo, nos encontramos con un equipo dinámico, chispeante en la circulación gracias a las posiciones intercambiables de los futbolistas de creación y ataque, y con más alternativas ofensivas, tan eficientes como las titulares.

Isco merece más

Los niños al poder.

Los niños al poder.

 

Isco no defiende, Isco conduce en exceso, Isco no es regular. Los detractores de Isco, a los que ahora se les podrá observar silbando por el paseo marítimo, no tienen mal gusto. Lo que les falta es paciencia. Consideran que Isco no merece el margen de distracción que se permiten otras estrellas del equipo. Y aunque los críticos esgrimen argumentos futbolísticos, en el fondo subyace un menosprecio al jugador español, al que se le buscan con más ahínco los defectos. Que si chupa, que si es lento, que si tal. El último y más irritante son las ambiciones económicas: no tenga usted duda de que Isco querrá mejorar su contrato en la próxima renovación y no se imagina cuánto pide. ¡Intolerable! Tengo entendido que Casillas tenía el mismo vicio…

Morata, los goles y la confianza (o su ausencia)

La confianza, potenciado del talento.

La confianza, potenciador del talento.

 

Hay quien piensa que a Morata no le alcanza. La calidad, se entiende. Lo que yo creo es que no le alcanzan los minutos. Y no lo afirmo por su doblete en Leganés, en campo que algunos considerarán propicio. Lo digo por su rendimiento general en el campeonato de Liga, ocho goles en 888 minutos, uno menos que Benzema en 1.475 y uno más de los que ha conseguido Bale en 1.305. La estadística debería ser un argumento de peso, aunque sólo fuera para abrir el debate, pero es un asunto menor para quienes sostienen que el chico no tiene categoría para ser titular, demasiado desmadejado, demasiado blando, demasiado de la casa.

Partido con niña

Todas las bufandas existen. Pregunten y verán.

Todas las bufandas existen. Pregunten y verán.

 

Primer partido de fútbol para una niña de seis años. Primera visita al estadio Bernabéu y aproximación a pie. Las pulsaciones de la pequeña son las de Indurain en reposo. Las de su padre se disparan. La irreverencia inicial es leve: se come el bocadillo antes de llegar al campo. Acto seguido, sobreviene la que será la gran sorpresa de la noche: la fila de autobuses. Nada superará esa visión. Autobuses y autobuses y, entre ellos, asómbrense, un minubús. Ni el gentío ni la visión del césped reflectante igualarán ese impacto brutal. Tampoco los goles.

Instalados en la grada, se suceden las preguntas impertinentes.

—¿Va a salir Torres?

—No, cariño, es del Atleti.

—¿Los de rosa son del Madrid?

—No, de la Cultural Leonesa.

Los niños del Real Madrid se divierten a costa de la Cultural

Kroos y Morata, en un momento del partido de ayer.

Kroos y Morata, en un momento del partido de ayer.

 

La aclaración sobra, pero la haremos igualmente: de lo que sucedió en León no se pueden extraer conclusiones relevantes, ni para el Real Madrid ni para la Cultural Leonesa. A la enorme diferencia de recursos se sumó, en los primeros minutos, una suerte muy desigual. Van a tener razón quienes sospechan que la buena fortuna es una rubia platino a la que le gustan los millonarios. Lo pudieron comprobar los aficionados leoneses: gol en propia puerta a los seis minutos y lesión del capitán local muy poco después. Añadan la ansiedad consiguiente y la falta de acierto. Sólo faltó un rayo sobre el portero de la Cultural. A cambio le cayeron siete goles.

Constatados los atenuantes, la exhibición atacante del Real Madrid no deber ser pasada por alto. No asistimos a una anodina sucesión de goles, sino a un juego excepcional por lo dinámico de los movimientos. Hacer coincidir sobre el campo a futbolistas como Isco, James o Asensio, de posiciones intercambiables, provoca lo que podríamos denominar un efecto enjambre, similar en cierto sentido al que generaba la proliferación de bajitos jugones en la Selección del tiqui-taca.

Tierno verano de lujurias y Anoetas…

Asensio pellizca la pelota en el segundo gol del Real Madrid.

Asensio pellizca la pelota en el segundo gol del Real Madrid.

 

La Real Sociedad es el adversario al que querría enfrentarse el Real Madrid en todos los partidos de la temporada y San Sebastián la ciudad donde le gustaría hacerlo: rival amable, escasamente fogoso, defensa laxa y marco incomparable. Hablamos de un equipo, la Real, que está por ver ante sus iguales o parecidos, pero que fue insignificante para un aspirante al título, a cualquier título.

Lo mejor que se puede decir del Real Madrid es que no hubo quien echara de menos a los ilustres ausentes (Cristiano, Benzema, Modric). Los meritorios hicieron méritos para dejar de serlo: Morata completó un partido espléndido (mordiente en ataque y defensa) y Marco Asensio no se quedó atrás, golazo incluido. El primer impulso es rendirse a sus pies y el siguiente temer por su vida (léase titularidad). Sin embargo, las especies protegidas a las que Zidane ampara acaban por prosperar y encontrar sitio. No hay mejor ejemplo que Casemiro. Ningún otro entrenador se hubiera sentido autorizado a convertirlo en eje, en detrimento de inversiones estratégicas como James. Claro que ningún otro entrenador se llamaba Zidane.

El Real Madrid pasó un buen rato en el campo del Getafe

No diré que fue un paseo militar porque fue una excursión al campo. Recordó a los partidos que se disputan en los niveles más modestos del fútbol aficionado en la sobremesa de los sábados. Partidos de veteranos, de empresas, de treintañeros castigados y cuarentones irreductibles. Quien los ha disfrutado, o todavía los disfruta, sabe de lo que hablo. Cada equipo juega su propio encuentro con independencia del rival. Sin más estrategia que alcanzar la portería contraria y evitar el corte de digestión. Sin marcajes, sin tensiones excesivas y con novias de primer semestre en las gradas. Si alguien se pone violento no falta quien le recuerda el objetivo fundamental de la reunión: “Oye, tranquilo, que aquí hemos venido a jugar al fútbol”.

El Getafe se tomó la visita del Real Madrid como uno de esos partidos sabatinos donde lo prioritario es ganarse la ducha caliente y las cañitas de después. Ajeno a la tragedia que le ronda, el equipo renunció a las argucias tácticas, incluso a la pasión, y decidió jugar a la pelota, como si el resultado fuera lo de menos. Ignoro la influencia de Esnáider en este acto de pacifismo, pero lo cierto es que nunca se le vio muy alterado: o está resignado o se hizo budista.

Como tantas veces, el ambiente no enardeció el desempeño local. Si el campo no estaba lleno es porque no todos los madrileños saben llegar a Getafe. No diré que desconozcan su ubicación en el mapa; quien más quien menos ha visto los carteles indicadores en la M-40. El problema es que hay madrileños que temen ser devorados en caso de tomar el desvío. Devorados por dragones o por carreteras en bucle, absorbidos por una circunvalación eterna que los haría coincidir en un polígono industrial con los barcos y aviones perdidos en el Triángulo de las Bermudas.

Ni qué decir tiene que el Madrid lo pasó mucho mejor que el Getafe: tuvo tiempo para pensar y campo para correr. Generó un sinfín de ocasiones y marcó cinco goles porque no debía marcar más. James jugó en la posición teórica del bueno del recreo y en su particular exhibición se vio secundado por Isco.

Del Getafe sólo se puede destacar a Sarabia, un futbolista por encima del entorno. Su gol no rescató a su equipo, pero probablemente le rescate a él. Algo es mejor que nada.

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