Crónicas Mundanas

Relatos de deporte, cine, política y de lo que sea menester

Etiqueta: Messi

Concierto de blues

Barça y Real Madrid (o viceversa), durante un momento del partido.

 

Debes estar viejo, no tiene sentido enfadarse por una cosa así. Qué digo enfadarse, enfurecerse. Al fin y al cabo, los colores se distinguían si fruncías el ceño y prestabas algo de atención. Aunque pertenezcan a la misma familia en grado directo de parentesco, no es lo mismo el azul marino que el azul turquesa, ni siquiera admitiendo que el turquesa puede tornar en azul marinado por causa de la transpiración. Ese minúsculo detalle no justifica los espumarajos ni las imprecaciones. Además, hay que vender camisetas y los chinos se movilizarán en masa para comprar esta equipación (segunda, tercera o cuarta), con la ventaja de que si está agotada la del Real Madrid se llevarán la del Barcelona, tampoco hay que ser escrupuloso. No puedes permitir que una cuestión meramente cromática te arruine un partido que esperabas con ilusión. Es de todo punto absurdo que sólo hicieras un par de anotaciones con la excusa de que las tarjetas amarillas eran lo único que se distinguía.

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Messi-Cristiano: el delito no debería afectar a la admiración deportiva (creo)

John Wayne. Actor mítico, racista deplorable.

 

Creo que el error es grave. Los delitos fiscales que se relacionan con Messi y Cristiano Ronaldo son, para algunas voces que escucho y leo, una mancha que no sólo los afecta como ciudadanos, sino también como futbolistas. Los argumentos giran sobre una idea principal: ¿cómo pueden ser objeto de admiración quienes defraudan al fisco y, en consecuencia, nos defraudan a todos?

La respuesta es muy sencilla. Quienes deseen admirar a Messi y Cristiano tienen tan buenas razones para hacerlo como los admiradores de Frank Sinatra (mafioso), Michael Jackson (pedófilo), Lennon (maltratador), Kurt Cobain (drogadicto), González Ruano (estafador y colaboracionista), John Wayne (racista), Clint Eastwood (trumpfílico) o Jacques Anquetil (polígamo). Cuentan que Cary Grant era un tacaño patológico, que Bogart escupía al hablar y que Cervantes pudo entregarse en cuerpo y alma (sobre todo en cuerpo) a sus captores en Argel. Por no mencionar a Maradona.

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Messi, principio y final

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

 

Primera explicación: Messi. Y la segunda y la tercera. Ser un futbolista extraordinario no significa hacer cosas extraordinarias, cualquiera las hace en según qué momentos. Ser extraordinario es imponer una voluntad sobre once en el campo y ochenta mil en la grada: ganar porque se quiso ganar. Se lo vi a Ronaldo (Nazario) en bastantes ocasiones y se lo hemos visto a Messi en número indeterminado. El valor aumenta si tenemos en cuenta el escenario y se multiplica si recordamos la endeblez del Barça en los primeros minutos, los del penalti a Cristiano. Respecto a esta jugada diré que hay patadas que duelen, pero no derriban, y fue la escenificación de la caída lo que hizo perder crédito a la víctima.

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Caperucita y dos lobos

Varane y Luis Suárez, en la jugada del gol.

Quién se come a quién, esa es la cuestión.

 

Sólo dos futbolistas imaginaron el Clásico. En primera instancia, Luis Suárez. La debilidad de un defensa, un mordisco sin dientes y un gol decisivo. Algo así puede ocurrir sin conexión con el entorno y así sucedió. A Sergio Ramos la imaginación siempre le traslada al último minuto, por pura costumbre o por abrir la puerta grande, quizá porque no hay placer más arrebatado. Gol de cabeza, naturalmente. Si el partido no le pertenece a nadie más es porque nadie tuvo el valor de imaginarlo.

Buena parte de la tarde la pasamos discutiendo sobre penaltis opinables, medios penaltis y tres cuartos de pena máxima pero cortada muy fina. Medimos la intensidad de las cargas, el despliegue de los brazos y la opinión mayoritaria es que el árbitro, el muy malandrín, se había equivocado gravemente por no pitar tres o cuatro penales en el área del Madrid y otros tantos en el del Barcelona. No duden que, de haberlos señalado todos, ahora estaríamos reclamando su ingreso en la institución psiquiátrica Green Manors.

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Los líos de Leo

Graffiti de Messi junto a su sombra.

Graffiti de Messi junto a su sombra. El niño es humano.

Por Catalina Lombana

De seguro aquella vez que Messi aclaró, para el mundo entero, que su nombre abreviado se decía ‘Leo’ y no ‘Lío’, por su cabeza no pasaba la posibilidad de retirarse del fútbol siendo el más grande de la historia y sin un solo título con su Selección. ‘Lío’ suena a problema, y ¿quién quiere ser llamado problema? Pero él sí que los ha tenido vestido de rayas albiazules.

La historia aún no ha terminado de escribirse, pero a Messi se le agotan las páginas y en el fútbol no hay refill de diarios. Escribes uno, y ya está. Como un buen lector, el pueblo gaucho aún sigue comprando ese libro. Algunos más escépticos que otros, pero todos, sin falta, con el fervor deseo de que ojalá para la pulga, en el suyo quede bien grabada, con negrillas y en mayúscula, la diferencia entre ‘Lío’ y ‘Leo’.

El Sevilla lo tuvo en la mano y el Barça se lo llevó

Que el balón sea un cuerpo esférico de carácter ingobernable, y que el mundo sea un balón de mayor tamaño (evidentemente pinchado), debería servirnos para entenderlo todo, incluida la final de la Copa del Rey. La diversión de una pelota es cambiar de cara en cada giro. Asumido que el engaño es consustancial al fútbol, la única defensa del fútbol es engañarnos a nosotros.

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Guardiola, éxito o fracaso

La pasada semana, después de la eliminación del Bayern ante el Atlético, Santiago Segurola publicó en Marca un interesante artículo que titulaba: “Guardiola y las antípodas del fracaso”. El título ya resulta bastante descriptivo y la argumentación, del máximo interés (quiero insistir), sigue la misma línea, impecable en el desarrollo y discutible en el juicio final. Como mi osadía sólo es comparable a mi ignorancia, me permití el lujo de disentir y así lo hice público en Twitter, por hablar de algo. Ni qué decir tiene que me encontré con adhesiones inquebrantables y con críticas clorhídricas, casi en la misma medida. También hubo quien me pidió (uno, creo) un razonamiento más extenso que la simple disensión y aquí voy a exponerlo.

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El Real Madrid venció al miedo

Fue cuestión de liberarse del miedo, de aproximarse al fantasma, de medirse en las carreras, de compararse en estatura. Fue un proceso que necesitó tiempo. Primero fue necesario entender que no había tanta diferencia y a continuación comprender que no había ninguna. El complejo, evidente al inicio, desapareció al final del partido. El Real Madrid venció en el Camp Nou porque no sólo metió más goles, sino que metió más miedo. Cualquier cosa es posible a partir de ahora. Que los guapos lo parezcan menos y que los ogros comiencen a resultar terriblemente atractivos.

Lo más hermoso del fútbol es su capacidad para cambiar el guión y, en consecuencia, para destrozar las crónicas medio escritas (este deporte no soporta que lo prevean y es posible que tampoco soporte a los cronistas). El primer análisis, elaborado en el descanso, analizaba las excesivas precauciones del Real Madrid, al menos de inicio. Al primer golpe de vista quedó claro que para Zidane el orden era más importante que el juego y la pizarra más relevante que el balón. Es obvio que sentía algo muy parecido al miedo.

En esa actitud defensiva, admisible en la ida de unas semifinales (todo llegará), había un reconocimiento de inferioridad que el Real Madrid no puede permitirse en ningún caso, ni siquiera en el Camp Nou. Y menos aún con diez puntos de desventaja.

El plan de arranque dio confianza al Barça, pero le obligó a pensar. Para Messi pudo significar incluso un estímulo. Nada interesa tanto a un genio como un acertijo. Decía Cruyff, muy generoso en este juicio, que todo el mundo sabe jugar al fútbol con espacios. Como casi siempre tenía razón.

A pesar de su interés, Messi no tuvo éxito: lo intentó como delantero entre líneas hasta que confirmó que Casemiro no tiene cosquillas, probablemente carezca incluso de axilas. Después probó como centrocampista y también alternó en la banda izquierda. Además, reclamó un penalti que estuvo muy cerca, pero le faltó un palmo. Apuesto a que todavía busca fórmulas para ganar la partida.

Durante muchos minutos, el Barcelona estuvo más cerca de la victoria sin necesidad de marcar un gol. El simple hecho de dominar el juego sin oposición le concedía una autoridad moral sobre el Clásico. Sin embargo, las pocas veces que el Madrid se desplegó en ataque generó en el ambiente algo muy parecido, sí, al miedo: frío repentino sin que baje la temperatura. No había diferencias de talento cuando el visitante replicaba. No tenía sentido alguno verse inferior.

La fortuna del Madrid es que los jugadores tienen problemas para retener las normas (las de circulación en mayor medida). El equipo que salió en la segunda mitad fue más anárquico y valeroso, mucho más fiel a sí mismo, a sus condiciones naturales. Ni siquiera el gol de Piqué le afectó al ánimo. Benzema lo igualó muy pronto y a partir de entonces el choque cambió por completo, con la presunta víctima lanzada a por el teórico verdugo. El miedo cambió de bando y esa imagen vale más que un triunfo. Cristiano consiguió el gol de la victoria, aunque también pudo lograrlo Bale; si disculpamos al línea es porque debe ser una tortura llevar una bandera y no ondearla de vez en cuando.

Se equivocaron los que daban la historia de esta temporada por escrita, porque esta historia hay que empezar a escribirla a partir de abril. No digo que todo vaya a ser distinto. Sólo insisto en la irritación que le produce al fútbol que le marquen el camino. Vida nueva. Piensen en las posibilidades que esto tiene.

Picas apócrifas

Bravo (1); Alves (-), Piqué (2), Mascherano (1), Alba (1); Rakitic (1) [Turan, (-)], Busquets (2), Iniesta (1); Messi (2), Suárez (1) y Neymar (1).

Keylor Navas (2); Carvajal (1), Pepe (2), Ramos (1), Marcelo (2); Kroos (1), Casemiro (2), Modric (2); Bale (2) [Lucas Vázquez (1)], Benzema (2) [Jesé (1)] y Cristiano (2).

 

 

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