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Etiqueta: nairo quintana

Pelear por la gloria o por la calderilla, esa es la cuestión

Jarlinson, una moto.

Jarlinson, una moto.

La etapa, durísima, estaba pensada para un ataque encarnizado en el Grand Colombier, que daría paso a un descenso vertiginoso, con los favoritos divididos entre perseguidos y perseguidores, probablemente con el líder en problemas y el Tour patas arriba. Las diferencias, las que fueran, podían ampliarse o encogerse en la última y bellísima ascensión a los Lacets del Grand Colombier, donde en cada lazo, y a vista de pájaro, observaríamos la agónica batalla entre los mejores. La etapa, es obvio a estas horas, estaba pensada por un aficionado y no por un director deportivo.

Nadie atacó con grandeza en una jornada que era una constante invitación a las hazañas. Únicamente se dejó ver el Astana, pero de un modo excesivamente protocolario, llamando a la puerta. No es posible abordar a Froome sin haber minado antes a su equipo. Cualquier asalto al líder (y sería incierto) ha de plantear una pelea sin intermediarios. La lección es sencilla y debería estar aprendida porque Froome ya ha ganado dos Tours y el próximo domingo sumará el tercero.

Del viento al Ventoux

Ignoro si poseen un desarrollado sentido del espectáculo o si se divierten sobre la bicicleta como niños en verano. Es muy posible que lo tengan todo: ambición, entusiasmo y un punto de inocencia infantil. Hay que ser feliz para correr como lo hace Sagan y como lo está haciendo Froome en el presente Tour. Lo suyo no es una agresividad que nazca del odio al rival, o del miedo, sino de la alegría. Simplemente, se lo pasan bien. Froome y Sagan no dan hachazos, juegan al pilla-pilla. Dicho lo cual, es imposible que un ciclista tenga buen humor sin buenas piernas. Toda travesura que se precie exige salir corriendo.

Manual de instrucciones para Alberto Contador

Siempre escampa. Incluso en Normandía.

Siempre escampa. Incluso en Normandía.

 

Segunda caída en dos días, en los dos primeros, y 48 segundos de retraso en la cuesta de un garaje. Así expuesto no resulta muy alentador. A la pérdida de tiempo habrá que añadir además la pérdida de confianza, el desánimo que consolida la nube negra. Alberto Contador necesita dos etapas plácidas y soleadas antes de que la carrera se vuelva a agitar el miércoles. Las debe emplear para compararse, en primer lugar, con Richie Porte, que perdió 1:45 por culpa de un pinchazo. Tampoco le vendría mal observar a los 195 ciclistas que nunca han ganado el Tour. O pensar en los que ni siquiera tienen el consuelo de estar en Francia. O recordar el prólogo de Perico. La suerte es algo muy relativo.

Entregar 48 segundos no es relevante cuando todavía faltan 19 etapas, a no ser que provoque un daño irreparable en la moral del ciclista. Ese es el verdadero peligro. Si Contador toma perspectiva entenderá que para ganar el Tour sigue necesitando una acción valerosa (probablemente suicida) que trascienda el miserable cálculo de 48 segundos.

No nos engañemos y que no se engañe él. Nunca saldría vencedor de un combate directo con Froome y Nairo. Su única opción es el contragolpe, beneficiarse del marcaje entre ambos, y para explotar esa posibilidad no es mala cosa haber perdido 48 segundos y entablar amistad sincera con Richie Porte.

No estoy vendiendo falso optimismo. Me impongo paciencia para descubrir si nos han lanzado un rayo o un cable. Todavía no es posible saberlo. Confío en que Contador también dude y espero que después de las dudas, y restablecido el ánimo, finja unos achaques que no tiene. Así debería llegar a Andorra (próximo sábado), donde yo, desde la cuneta, le daré el resto de instrucciones. A saber: “¡¡Hala, hala, hala, hala, hala!!”.

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