Crónicas Mundanas

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Etiqueta: simeone

El diluvio que vino tarde

Llegó con retraso, ahí estuvo todo.

Llegó con retraso, ahí estuvo todo.

 

—Mono, ¿cómo va la tormenta?

—Está en Segovia, Míster, va camino de Los Angeles de San Rafael.

—Cojonudo, pero jugamos en el Calderón.

—Viene, viene, ya la huelo, carajo.

—Que venga pronto porque nos marcan. Mono, hay que joderse, cumplen los chicos, pero nos falla el cielo.

—Su reputísima, hasta el Meteosat es del Madrid.

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El Real Madrid le arrancó la armadura al Atlético

El Atlético, camino de vestuarios.

El Atlético, camino de vestuarios.

El fútbol colecciona paradojas. La mejor plantilla del Atlético fue la que menos resistencia opuso al Real Madrid en su cuarto enfrentamiento consecutivo en Copa de Europa. Los tomamos por agoreros supersticiosos, pero tenían razón quienes advirtieron que la excelencia en el juego era una aspiración contra natura. Y no porque el Atlético tenga vedado el buen fútbol, sino porque el mejor Atlético de la historia, el de Simeone, se ha construido como candidato a base de disciplina y hierro, a golpe de cálculo infinitesimal. A partir de la conciencia de su inferioridad y reduciendo al mínimo el margen del azar, los futbolistas llegaron a entender que el máximo esfuerzo era la única escapatoria. Cambiar el modelo era arriesgar el resultado.

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Diamantes por la borda

Nada raya tanto como un diamante. Recuérdenlo.

Nada raya tanto como un diamante. Recuérdenlo.

Entra dentro de lo posible que el mejor Atlético de Simeone fuera inmejorable porque no podía parecerse más a su entrenador. Afinarlo ha sido separarse del modelo. Ya no es el Cholo quien está representado sobre el campo, sino un proyecto aspiracional que pretende combinar el esfuerzo extremo con la inspiración sublime, como si tal cosa fuera realizable. El Real Madrid sabe que no lo es. Por eso, en sus mejores noches, arroja un diamante por la borda para quitarse lastre.

Así ocurrió en el Calderón. Bendecido por las lesiones que masacran a otros equipos y que al Madrid lo aligeran, Zidane pudo alinear un equipo compensado. Sin Benzema, el esquema se hizo más dinámico y el mediocampo más sólido, enriquecido en la mediapunta por la desbordante creatividad de Isco. No es un problema de Benzema, quede claro. Apuesto a que sin Bale o Cristiano el resultado hubiera sido muy similar. Se trata, simplemente, de no morir ahogado en confeti.

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Despedidas

Niño indio en busca de rostro pálido.

Niño indio en busca de rostro pálido.

 

Por Irene García (@IreneGarciaRM)

Hemos superado el coitus interrumptus al que nos somete el parón de Selecciones con una bofetada de gusto tal como aquella que le diste a tu ex cuando al final descubriste que sí, era precisamente lo que parecía. Bendito sea el golpe al estado catatónico en el que nos sumerge la falta del campeonato patrio, que, además, vuelve llamando a las puertas de un romanticismo que firmaría el mismísimo Espronceda con el que será el último derbi madrileño en el Vicente Calderón. Vuelve aquél de fachada quijotesca al once de Zidane, ese de cuyo nombre no quieren acordarse los atléticos, y podremos comprobar si cualquier pasado sin Sergio Ramos fue mejor, o peor. Espero al aprendiz de Galeano jaleando y agitando los brazos al borde del disloque, mientras al paciente francés no se le mueve un pelo de su vie en roseCreo en el querer del Madrid por ser generoso con el momento, con la atmósfera y con Sabina, entregándose a la causa con una victoria, porque, aunque pierda, el Atleti siempre gana.

A Benzema le esperamos en el muelle de San Blas, que para algo lo emotivo de la cita, dudando de si llegará un poco o a medias para darle la oportunidad a Lucas Vázquez. Al madridismo le gusta la opción del gallego en el once titular junto a una pareja a la que, al contrario que a nosotros, la convocatoria internacional no les ha dejado con las ganas. Al Atlético, el Manzanares le seguirá devolviendo un reflejo con cara de Tuco: “El mundo se divide en dos categorías, Tuco, los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”. Griezmann bailará con la más fea, Gabi rendirá homenaje a su dorsal con el enfrentamiento número 14 en su carrera frente al Real Madrid, y Oblak tratará de olvidar el escondite inglés al que jugó en la final de Milán para amargarle a Cristiano las mejores semanas de su vida. En esas estamos, a la espera de la épica, el mosaico pertinente y los clarines y timbales de un estadio clamando venganza con el arco entre los dientes para recibir al líder de la Liga. Y es que ya se sabe, que, aunque el Madrid gane, siempre pierde.

Periscope (fabulado) de Simeone antes de la batalla

 

Es fácil imaginar a Simeone, fina aleación de Bilardo y Luis Aragonés, en las horas previas al partido: su mirada, los paseos nerviosos alrededor del hotel, los ánimos personalizados al encuentro nada fortuito con cada jugador, no importa dónde, en el hall, en el ascensor o en un pasillo: “Antuán, vos te lo comés, ese Alaba es un queso”; “Saulito, aprovechá, porque esos pibes se piensan que eres Beckenbauer, no les quités la razón”; “Godín, tú ya lo sabés, al polaquito ni las buenas tardes”.

Parecido será lo del Mono Burgos, aunque de menos palabras y más cachetadas: en el pecho, en la espalda, en el hombro o, llegado el caso, en los genitales, para recordar a los muchachos que los tienen y habrá enemigos que se los querrán tocar esta noche. Y no se quedará atrás el Profe Ortega, corrigiendo a cada futbolista la postura al caminar o al comer, sugiriendo estiramientos, recomendando siestas, ahorren energía, ustedes corren más, han trabajado mejor y los tienen más grandes (los tendones, se entiende).

La charla final los congregará a todos en una sala de reuniones, con el Cholo de conferenciante, los gestos más altos que la voz: “Yo les invito a que salgan y los miren. A los alemanes, digo. Están cagados. Miren al recepcionista, al chico de las maletas o al camarero que les ha servido el arroz. Les sonríen porque están cagados y tienen bronca. No se explican cómo les podemos sacar ventaja si sólo tenemos dos rubios y son de peluquería…”.

“Dicen que nos hacemos futbolistas para jugar estos partidos, pero yo digo que la concha de su madre: nos hacemos futbolistas para ganarlos… Ellos juegan en casa y empujarán. Nada nuevo. Ustedes saben lo que tienen hacer y saben que funciona. Y no se olviden de la gente que está ahí fuera, de los nuestros. Ellos tiene una venganza pendiente y nos han pasado el encargo… Adelante, pibes y cómanse el mundo”.

Así lo imagino yo, llegados estos partidos a vida o muerte. Un discurso conmovedor, una arenga como la de Pacino en Un día cualquiera, un torrente de emociones, una actuación en carne viva. Eso imagino yo, pero podría estar equivocado. Del Bosque, antes de la final del Mundial, sólo quiso recalcar a sus jugadores (y cito de memoria) que no defendían el honor de un país, que simplemente eran futbolistas y que tuvieran presente que había muchos niños mirando. Más palmadas que frases. Quizá las cosas sean de ese modo. Los protagonistas siempre repiten que en partidos semejantes no hace falta decir nada. Cada uno es como es. Yo, si estuviera por allí, me limitaría a decirlo a todo.

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