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La suerte hace la cobra (de nuevo) a Alberto Contador

Contador se estrelló, otra vez, contra el mal fario.

Contador se estrelló, otra vez, contra el mal fario.

 

Carece de sentido que el deporte, actividad querida pero ajena a nuestra intimidad (por llamarlo de algún modo), tenga el poder de estropearnos un buen día o de arreglarnos uno pésimo. Tal cosa no debería sucederle a personas casi maduras, coherentes a ratos y relativamente sensatas. Esto es lo que me repito, sin éxito apreciable, para recuperar el ánimo tras la caída (enésima) de Alberto Contador. La experiencia, además, me dicta que lo peor está venir: le harán placas, descubrirán algún hueso roto y me quedaré sin chapa de Cinzano para proseguir la Vuelta.

A los menos iniciados en mi persona (y circunstancias) les diré que mi pesimismo es impostado y no tiene otro objeto que ser desmentido por la realidad. Tengo por seguro que si enuncias algo con suficiente firmeza y lo colocas en el primer párrafo no sucederá nunca. Ya saben aquello de que cada vez que hacemos planes se escuchan carcajadas en el cielo. Imaginen la reacción del cielo ante las proyecciones por escrito.

Entre mis convicciones sin fundamento manejo otra teoría improbable, aunque hoy precisamente me resulte más cierta (mis cosas): la acumulación de desgracias se acaba compensando con un golpe de suerte. El problema, en este caso, es que la vida paga con el retraso de los ayuntamientos. Esa esperanza será la que me haga soñar con un Contador sin secuelas, chapa y pintura, herido únicamente en su orgullo y más valeroso que nunca. Y con esa misma ilusión, o parecida, imagino victorias de Luis León Sánchez burlando a los sabuesos que se lo comieron esta vez. Pensarán ustedes que bebo demasiado Cinzano, pero es por las chapas.

 

Simon Yates: el campeón con un doble

Simon Yates, ganador en la Ribeira Sacra.

Simon Yates, ganador en la Ribeira Sacra.

 

Simon Yates ganó en la Ribeira Sacra una de esas etapas (diabólicas) que consagran a un ciclista, que lo identifican indudablemente como un campeón. Ya hay fundamento documental para justificar la fama con la que los gemelos Yates irrumpieron en el ciclismo hace dos temporadas: un mes después de que Adam terminara el Tour en cuarta posición, Simon ha conquistado su primera etapa en una grande. Los dos genios, de 24 años recién cumplidos, viajan sobre el horario previsto y a la velocidad imaginada, la de la luz.

El beso

Calmejane, entre azafatas.

Calmejane, entre azafatas.

 

Cuando Lilian Calmejane, flamante ganador de la etapa, se dispuso a besar a una de las azafatas, concretamente la situada a su derecha, los labios de ambos estuvieron a punto de coincidir accidentalmente. El chico salió algo azorado de la situación y ahí se le notaron los 23 años, la falta de podios y la escasez de novias comunitarias (léase de la UE). La joven, por su parte, evitó el equívoco con agilidad de cobra. Resulta evidente que conoce la naturaleza masculina pero no sabe nada de ciclismo: es Sagan quien la hubiera besado a tornillo.

Vaya en descargo de Calmejane que los franceses besan al revés, lo que significa (no se asusten, ni se exciten) que ofrecen primero la mejilla izquierda, la contraria de la que esperamos nosotros. Se dice que a los italianos les pasa lo mismo, pero en este caso sí conviene desconfiar. Más embarazoso habría sido si el ganador hubiera nacido en Normandía, pues ellos reparten cuatro besos, dos por mejilla. O que Calmejane hubiera practicado el beso nacional, el french kiss: aquel en el que las lenguas entablan conversación. Es muy posible que, en tal extremo, hubiésemos asistido al primer tortazo en la historia de los podios ciclistas.

Calmejane aprenderá y es fácil que la azafata en cuestión presuma algún día del chico al que negó el beso que merecía. Bastante fácil.

Formas de ganarse el cielo

Geniez, ganador en Ézaro, ya puede escalar el Everest.

Geniez, ganador en Ézaro, ya puede escalar el Everest.

 

Levantar los brazos en una etapa que ganó otro es comparable a saludar a una mujer que no te sonríe a ti, sino al tipo que está a tu espalda. Hay formas de salir del paso y todas pasan por disimular o por encontrar refugio en la mujer tras la mujer, caso de que exista y se deje.

Cuando el joven Rubén Fernández levantó los brazos al cruzar la meta, dio la certera impresión de que ignoraba que otro había sido el primero. Entrevistado luego como líder de la carrera, el chico aseguró que había celebrado el maillot rojo y no la etapa. Tal vez, podría ser, por qué no. En ocasiones (pocas), tras la guapa de referencia se coloca una guapa que todavía lo es más.

Ya estamos de Vuelta

Kennaugh ya ha elegido azafata.

Kennaugh, muchacho avispado, ya ha elegido azafata.

 

En el número 85 de Brewer Street, en el Soho londinense, se ubica un local que no se puede describir tan sólo como una tienda de bicicletas. Rapha, de hecho, se define en primer lugar como un Club de Ciclismo. De eso presumen sus empleados, y está bien que lo hagan, aunque la denominación sigue sin estar completa. Rapha es el selecto fabricante de la ropa del Sky, una firma tan elegante que podría tener sastrería en Regent’s Street. Convendrán conmigo en que la distinción del equipo no sólo es deportiva, también se relaciona con la indumentaria de los corredores, con la tecnología en general y con los coches en particular, unos Jaguar esplendorosos. No hay duda de que James Bond correría en el Sky.

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