Piqué, la salvación de España. Para que luego digan.

Piqué, la salvación de España. Para que luego digan.

El fútbol es un sádico adorable. Cuando ya empezábamos a dudar de la existencia de un nueve y de un dios, Piqué nos rescató con un gol que sirve para devolvernos la fe, para reordenar el cosmos y para ajustar nuestro Estado plurinacional a pocas horas del partido de esta noche (España-Venezuela).

No podía ser otro el goleador y no podía ser en otro momento, a tres minutos de la conclusión; cada uno es como es y nuestro equipo gusta de agotar las posesiones. Que Ramos corra tras Piqué con el único ánimo de abrazarlo es una escena que no debemos pasar por alto. Tampoco la celebración del central del Barcelona, fijado ante el fondo de los aficionados españoles, visiblemente satisfecho y orgulloso.

El final del festejo también es relevante: el enardecido ‘speaker’ aúlla por tres veces el nombre de Gerard mientras el estadio (sector ibérico) corea en las mismas ocasiones el apellido de Piqué. No hay como viajar para que se nos quite la tontería.

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