Crónicas Mundanas

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Largo camino hacia el éxito

Zidane, el hombre. Y la cabeza.

No es de hoy. Es algo que viene de tiempo atrás y no me quisiera remontar al origen de las cosas, no tanto. Hablo de la construcción de un equipo. De la premeditación y de la casualidad. De la primera piedra. Podría parecer que el éxito que ahora se celebra y que debería tener continuación en Cardiff comenzó con el fichaje de Cristiano Ronaldo en 2009, pero arrancó antes. Diría que con la llegada de Sergio Ramos en 2005 y la de Marcelo en 2007, aunque estoy dispuesto a dejarme corregir por alguien con visión más panorámica. Si hago notar los años es para incidir en que el éxito es compartido por dos presidentes antagónicos y por los directores deportivos que hubo hasta que dejó de haberlos. Estoy convencido de que Capello también dejó algo relacionado con la determinación. Y no niego la importancia del músculo que aportó Mourinho. La superioridad física del Real Madrid ha sido fundamental para inclinar unos cuantos títulos, y me vienen tres a la cabeza, los que se resolvieron más allá del tiempo reglamentario.

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#LaDiferenciaPelayo Plan B: del Real Madrid a la Selección

Marco Asensio. El jugador que hace girar los focos para que le miren a él.

Marco Asensio. El jugador que hace girar los focos para que le miren a él. Foto: SeFutbol.

 

Ya lo ven. En lugar de tener la cabeza centrada en lo que viene, me ha dado por trasladar el debate madridista, BBC o Plan B, a la Selección española. Habrá quien se vea en la obligación de recordarme que el Mundial es el próximo año y que no es momento para entretenerse en estas cuestiones. Sin embargo, según se cumplen años, uno adquiere hábitos peculiares, como observar por encima de la melé, comer brécol o enamorarse (también) de Meryl Streep.

No es año de Mundial, ciertamente, pero lo que nos ocurra en el verano ruso de 2018 dependerá en gran medida de cómo evolucione el brote revolucionario que el pasado miércoles se declaró en Riazor. Aquel fogonazo que todavía nos deslumbra reunió a Isco, Asensio, Lucas, Kovacic y James, en lo que fue un estallido de fútbol dinámico, una versión eléctrica del tiqui-taca acústico.

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Hay otros mundos

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

El Real Madrid en Riazor. De qué planeta viniste.

Probablemente, el mejor Real Madrid del curso. Con certeza los mejores minutos, el fútbol más brillante. Un placer con un único lamento: cuántas opciones se dejan sin explorar a lo largo de una temporada. Lo que vimos en Riazor, presentado como una sospechosa ensalada de suplentes (nueve no jugaron el Clásico), fue en realidad un prodigioso descubrimiento. Sin esperarlo, nos encontramos con un equipo dinámico, chispeante en la circulación gracias a las posiciones intercambiables de los futbolistas de creación y ataque, y con más alternativas ofensivas, tan eficientes como las titulares.

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Isco merece más

Los niños al poder.

Los niños al poder.

 

Isco no defiende, Isco conduce en exceso, Isco no es regular. Los detractores de Isco, a los que ahora se les podrá observar silbando por el paseo marítimo, no tienen mal gusto. Lo que les falta es paciencia. Consideran que Isco no merece el margen de distracción que se permiten otras estrellas del equipo. Y aunque los críticos esgrimen argumentos futbolísticos, en el fondo subyace un menosprecio al jugador español, al que se le buscan con más ahínco los defectos. Que si chupa, que si es lento, que si tal. El último y más irritante son las ambiciones económicas: no tenga usted duda de que Isco querrá mejorar su contrato en la próxima renovación y no se imagina cuánto pide. ¡Intolerable! Tengo entendido que Casillas tenía el mismo vicio…

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Cuatro minutos cuatro

Modesta idea para alargar los partidos.

Modesta idea para alargar los partidos.

 

El Valencia ganó el partido en ocho minutos, el mismo tiempo que empleó el Real Madrid en perderlo. Ya estoy mintiendo. El Valencia ganó el partido en cuatro minutos, cuatro, el mismo tiempo que empleó el Real Madrid en perderlo. Fue en el tramo del 4’ al 8’ cuando se decidió el combate. Los cientos de puñetazos que se repartieron después provocaron magulladuras, ahogos y calambres, pero alteraron mínimamente el marcador. No fue, por tanto, un mal inicio lo que condenó al equipo de Zidane. Fue un huracán repentino, la violenta corriente que se forma entre dos puertas abiertas. No le encuentro más sentido. Tampoco lo tuvo el gol de Zaza, consecuencia, asómbrense, de un mal control. Recibió en el área, se le fue la pelota, y antes de que le llamáramos “paquete”, se giró para chutar a la escuadra de nuestra boca.

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No es el Apocalipsis; son baches

Zidane o Gary Cooper.

Zidane o Gary Cooper.

 

Imagino a muchos madridistas ateridos de frío y no hay más razones que las meteorológicas. El Real Madrid sigue siendo el mismo equipo de hace una semana, el mismo que mereció puntuar en Sevilla (probablemente ganar) y el mismo que mantiene intacta su candidatura para los grandes torneos en disputa, Liga y Champions. El mismo de la cuarentena sin derrotas. Comprendo que este juego despierta emociones extremas, y entiendo que lo contrario de la alegría ha de ser la pena y la frustración. Sin embargo, no veo razones para profundizar en el chasco. Es más, recomendaría no hacerlo.

En mi opinión, lo peor de perder en Sevilla fueron las críticas a Keylor y el inmediato suspiro por De Gea; el reproche a Benzema por la pérdida de un balón como tantos después de un partido formidable, el avieso cuestionamiento de Zidane. El ventajismo, en definitiva. Ese impulso autodestructivo es una amenaza más seria que los rivales que surgirán por el camino.

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El Sevilla vuela alto

Zeppeling sobre La Giralda. Pilota Sampaoli.

Zeppeling sobre La Giralda. Pilota Sampaoli.

 

Creo firmemente en la compensación celestial, también en el fútbol: la suerte y la desgracia terminan por equilibrarse. Lo infrecuente es que las cuentas se salden en el mínimo espacio de tres días. Habitualmente se necesitan años, generaciones o, incluso, reencarnaciones. No me cabe duda de que lo vivido en los últimos minutos del Sevilla-Real Madrid es causa de lo que podríamos denominar un expediente express. Quien quiera que decida estas cosas aceleró un proceso que requiere una cocción una más lenta. De ahí el huracán que se llevó por delante el sentido común, la lógica establecida y al Real Madrid.

Así es. Niego la posibilidad de un trance deportivo capaz de impulsar al Sevilla hasta hacerse con la victoria. El empujón vino de arriba: llámenlo Manitú, ciclogénesis explosiva o energía fotovoltaica. De tal manera que, incapaz de explicar lo sobrenatural, me ceñiré a lo razonable, lo que abarca desde el inicio hasta el penalti a Carvajal. Allá vamos.

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Coentrao, ese hombre

Jerry Lewis, homenajeado en el José Alvalade.

Jerry Lewis, homenajeado en el José Alvalade.

 

Como de cada partido hay que destacar el hecho más prodigioso (o el más aproximado), esta crónica tiene la obligación de comenzar por Fabio Coentrao. Guille Uzquiano, fino analista y compañero en Movistar +, escribió en Twitter que “es uno de los jugadores más misteriosos del Real Madrid en los últimos veinte años”. Estando de acuerdo con el misterio, disiento del arco temporal. No creo que haya habido nunca un futbolista más inexplicable, porque de haber existido habría alguna reseña en los libros de historia. En ningún lugar se da noticia de un jugador con semejante habilidad para desaparecer, o para romper cosas, o para jugar finales y hacerlo razonablemente bien. En el caso de Coentrao, nada encaja con lo anterior. Ni siquiera nuestra desafección. Para mi sorpresa, cada vez tengo en mayor estima a este tipo indescifrable capaz de cometer un penalti con el brazo que reclama la mano de un rival. Esa acción no es una torpeza, sino un gag de Jerry Lewis. Al mismo tiempo, será el estímulo que encontrará para cerrarnos la boca en la próxima final. Así es la vida, mis jóvenes amigos. Con los años te gusta más lo que no terminas de entender.

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Diamantes por la borda

Nada raya tanto como un diamante. Recuérdenlo.

Nada raya tanto como un diamante. Recuérdenlo.

Entra dentro de lo posible que el mejor Atlético de Simeone fuera inmejorable porque no podía parecerse más a su entrenador. Afinarlo ha sido separarse del modelo. Ya no es el Cholo quien está representado sobre el campo, sino un proyecto aspiracional que pretende combinar el esfuerzo extremo con la inspiración sublime, como si tal cosa fuera realizable. El Real Madrid sabe que no lo es. Por eso, en sus mejores noches, arroja un diamante por la borda para quitarse lastre.

Así ocurrió en el Calderón. Bendecido por las lesiones que masacran a otros equipos y que al Madrid lo aligeran, Zidane pudo alinear un equipo compensado. Sin Benzema, el esquema se hizo más dinámico y el mediocampo más sólido, enriquecido en la mediapunta por la desbordante creatividad de Isco. No es un problema de Benzema, quede claro. Apuesto a que sin Bale o Cristiano el resultado hubiera sido muy similar. Se trata, simplemente, de no morir ahogado en confeti.

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Despedidas

Niño indio en busca de rostro pálido.

Niño indio en busca de rostro pálido.

 

Por Irene García (@IreneGarciaRM)

Hemos superado el coitus interrumptus al que nos somete el parón de Selecciones con una bofetada de gusto tal como aquella que le diste a tu ex cuando al final descubriste que sí, era precisamente lo que parecía. Bendito sea el golpe al estado catatónico en el que nos sumerge la falta del campeonato patrio, que, además, vuelve llamando a las puertas de un romanticismo que firmaría el mismísimo Espronceda con el que será el último derbi madrileño en el Vicente Calderón. Vuelve aquél de fachada quijotesca al once de Zidane, ese de cuyo nombre no quieren acordarse los atléticos, y podremos comprobar si cualquier pasado sin Sergio Ramos fue mejor, o peor. Espero al aprendiz de Galeano jaleando y agitando los brazos al borde del disloque, mientras al paciente francés no se le mueve un pelo de su vie en roseCreo en el querer del Madrid por ser generoso con el momento, con la atmósfera y con Sabina, entregándose a la causa con una victoria, porque, aunque pierda, el Atleti siempre gana.

A Benzema le esperamos en el muelle de San Blas, que para algo lo emotivo de la cita, dudando de si llegará un poco o a medias para darle la oportunidad a Lucas Vázquez. Al madridismo le gusta la opción del gallego en el once titular junto a una pareja a la que, al contrario que a nosotros, la convocatoria internacional no les ha dejado con las ganas. Al Atlético, el Manzanares le seguirá devolviendo un reflejo con cara de Tuco: “El mundo se divide en dos categorías, Tuco, los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”. Griezmann bailará con la más fea, Gabi rendirá homenaje a su dorsal con el enfrentamiento número 14 en su carrera frente al Real Madrid, y Oblak tratará de olvidar el escondite inglés al que jugó en la final de Milán para amargarle a Cristiano las mejores semanas de su vida. En esas estamos, a la espera de la épica, el mosaico pertinente y los clarines y timbales de un estadio clamando venganza con el arco entre los dientes para recibir al líder de la Liga. Y es que ya se sabe, que, aunque el Madrid gane, siempre pierde.

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