En la primera aproximación a la Selección Sub-21 pueden rondar los prejuicios habituales: chicos por hacer y talentos por contrastar. O dicho de otro modo, sírvanme el plato cuando esté cocinado. Craso error. Las categorías inferiores, y concretamente la Sub-21, nos presentan la personalidad de generaciones de futbolistas que no siempre pueden expresarse en el fútbol de élite por falta de minutos o de paciencia. No estamos hablando de abrir la tapa de la cazuela para ver que se cuece. Hablamos de algo tan maravilloso como observar a los talentos en libertad sin la angustia que contagian los adultos. No se trata de intuir lo que estos muchachos pueden llegar a ser, sino de disfrutar de lo que son ahora. La edad no mejora, suele estropear.