Primavera, propiedad registrada de Botticelli.

Primavera, propiedad registrada de Botticelli.

 

 

Por Anchorage

 

Asperjando los caminos antes de ellos llena todo de colores y olores excelentes.

                                                                                                     Lucrecio

 

1.

Una mágica mujer capricorniana tira de mí. Me agarra del brazo y me arrastra como a un pedazo de su propiedad que, a pesar de haber sufrido algunos daños, todavía conserva cierto valor sentimental. Cuando ella cruza, yo me paro y espero desesperado a que el semáforo cambie de color. Ella sonríe. 

Me gusta La Negra porque no sé cuándo dice la verdad y cuándo miente, y me gusta mucho cuando miente. La cara de alucinado que se me pone, como venido de un planeta remoto de crédulos, no acostumbra a reflejar ese entusiasmo. La sigo sin condiciones, sin pretextos, cada vez que me niega yo la creo, demasiadas veces desde la transparente frontera que separa devoción y fanatismo. Ya te rezaba, Negrita, antes de conocerte, ya te deseaba y te buscaba dentro de los ojos de cada mujer que consideraba hermosa.

La Negra ahora aletea calle arriba, congelando mis latidos, escapándose un metro más de mí con cada paso militar que sus patitas de gallina caribeña alcanzan a dar. Yo todavía espero, como un bólido en la línea de salida, escuchando las pálidas excusas que balbucean los demás peatones estáticos y cobardes que tampoco se han atrevido a cruzar, incapaces de pisar el mismo suelo volcánico en el mismo momento que ella lo pisa; sospechosos de contarte una vida entera en un paso de cebra.