Crónicas Mundanas

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Messi, principio y final

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

El Clásico, durante la segunda parte. O la primera.

 

Primera explicación: Messi. Y la segunda y la tercera. Ser un futbolista extraordinario no significa hacer cosas extraordinarias, cualquiera las hace en según qué momentos. Ser extraordinario es imponer una voluntad sobre once en el campo y ochenta mil en la grada: ganar porque se quiso ganar. Se lo vi a Ronaldo (Nazario) en bastantes ocasiones y se lo hemos visto a Messi en número indeterminado. El valor aumenta si tenemos en cuenta el escenario y se multiplica si recordamos la endeblez del Barça en los primeros minutos, los del penalti a Cristiano. Respecto a esta jugada diré que hay patadas que duelen, pero no derriban, y fue la escenificación de la caída lo que hizo perder crédito a la víctima.

La diferencia de Messi con Ronaldo (Nazario) a la hora de corregir destinos es que sus rescates son integrales. Lo que uno resolvía con goles, más o menos insospechados, Messi lo arregla desde el mediocampo y cualquier día lo solucionará desde la defensa. Esta vez lo hizo desde la posición de mediocentro, voluntariamente enfrentado al jugador que equilibra tácticamente al Real Madrid y para el que no existe recambio: Casemiro.

Messi le buscó y le citó como quien se planta frente a un toro bravo. Bastó un regate, un quiebro violentísimo, para que el torero resultara volteado y el morlaco amonestado. Desde un punto estratégico, aquello valía casi como medio gol.

Hay otro hecho fundamental con el mismo protagonista, aunque ahora convertido en objeto paciente. Me refiero al codazo de Marcelo a Messi, probablemente alevoso, aunque siempre hay demasiados meandros en la cabeza del prójimo como para erigirse en juez de intenciones. Esa acción añadió al Clásico una especie de legitimidad moral que pasó a defender el Barcelona, al tiempo que activó a Messi al sabor de su propia sangre. Y ya saben cuál es la bebida favorita de los tiburones.

No creo equivocarme si afirmo que ahí estuvo todo. Los goles de Messi, la expulsión de Sergio Ramos y la remontada que no fue. El Real Madrid ya debería haber aprendido la lección. Es una torpeza infinita aceptar el papel de malo de la película, especialmente cuando eres mejor.

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2 Comentarios

  1. edu

    Algo sobre Valverde no?

  2. David R

    Se podría decir que unos se entregaron a un goleador-que no goleó- y otros a un futbolista.Que unos juegan a meter goles y otros al fútbol.Que por eso unos necesitan el balón y los otros no.Todo es cuestión de perspectiva.Pero lo realmente preocupante es que el Atleti no se convierta en el niño que grita entre la multitud “¡Pero si el emperador va desnudo!”

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