Crónicas Mundanas

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Etiqueta: Kroos

Silbando al trabajar

Cerezas y tal.

Con intensidad se puede sorprender al Real Madrid. Andone lo demostró al inicio del partido, dos ocasiones. El rumano es un futbolista que conmueve por su hiperactividad. Si fuera soldado tendría el pecho lleno de medallas, condecoraciones por haber tomado una colina protegida por un nido de ametralladoras, cada fin de semana una colina distinta. Hay tipos así: les pides que muerdan y se lo toman al pie de la letra. El problema, siempre existe uno, es que la intensidad es una aceleración que no se sostiene largo rato. El tiempo que al Depor le duró el rugido, el partido tuvo cierta intriga, tampoco excesiva. A los veinte minutos se terminó. La película de suspense dio paso al documental sobre leones.

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Sensación de vivir

Nacho, en algún lugar o en todos.

Nacho, en algún lugar o en todos.

 

Hay varias formas de enfocar la crónica. La primera es por la proximidad del título. En ese caso el partido es intrascendente porque el resultado lo ocupa todo. Salvado otro escollo, una victoria y un empate (o viceversa) bastarán para dar el primer paso al doblete. Asumo que esta afirmación inquieta a los madridistas porque está instalado que anticipar una conquista es una buena manera de frustrarla, pero insisto pese a todo. El Real Madrid se encuentra a tres partidos de cumplir un viejo sueño: no dejarse plata por el camino. Y las supersticiones carecen de sentido, porque los lobos no acarician las patas de los conejos, se los comen.

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El Madrid, contra el espejo y contra las matemáticas

Narciso, gran jugador.

Narciso, gran jugador.

 

Son matemáticas, o lo más parecido que se me ocurre. Cualquier entrenador que incluya a tres delanteros de vocación y talento absolutamente ofensivos, compromete su esquema. El único modo de equilibrar un planteamiento semejante es con tres centrocampistas puros y competentes, tres tipos adiestrados en el corte y en la confección. La otra opción es convencer a los famosos delanteros para que se impliquen en tareas defensivas, cosa que sólo harán en partidos especiales, contra rivales de tronío o después de rachas penosas. Nada estimula tanto a un futbolista como la venganza.

Como sus señorías saben poco de historia, el Athletic no proporcionó la inspiración suficiente. El resultado es que los delanteros no bajaron, más preocupados en sus números que en leer el partido, ya saben que los jóvenes cada vez leen menos, o nada. En el mediocampo, entretanto, Kroos era el único experto en el puesto, más por origen que por crianza; es de conocimiento público que el alemán comenzó como mediapunta. A su lado se encontraban futbolistas que se han reciclado peor, como Kovacic e Isco. No tengo duda de que le pusieron la mejor voluntad y, en bastantes ocasiones, notable acierto. Sin embargo, ninguno tiene interiorizadas las exigencias del puesto, la ocupación del campo o el sentido del ritmo.

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Bienvenidos a Alemania

¿Qué pasó? Desde luego no fue lo de otros tiempos. Las historias que dieron forma al ogro alemán no tienen que ver con lo que sucedió en Wolfsburgo. En primer lugar, en aquellos relatos, había alemanes. En este caso sólo pude contar tres y excluyo al feliz espontáneo que interrumpió los últimos minutos. Tampoco cuento a Kroos entre los teutones ‘perversos’, aunque habrá quien me lo discuta.

No, no fue lo de otros tiempos. En aquellos partidos sin televisión las transmisiones radiofónicas nos hacían imaginar, en cada viaje a Alemania, una conjura wagneriana contra el Real Madrid. Al ambiente se sumaba una colección de gigantes rubios como la cerveza (Hoeness, Hrubesch…) con ático en el segundo palo. Si era imposible ganar es porque no había respuesta para la superioridad física de los rivales, más altos y más fuertes. No es que los alemanes llegaran antes a los balones, es que habían llegado antes a los Corn Flakes.

En aquellas condiciones, sobrevivir era el único objetivo realista, perder por una diferencia remontable en Madrid. El 2-0 se hubiera considerado, en aquellos tiempos, un resultado aceptable. Ahora no lo es. Ahora el Real Madrid no sólo es más rico que sus enemigos alemanes, sino que también es más fuerte y más alto, indiscutiblemente más talentoso. No hay excusa en ese sentido y diría que no la hay en ningún otro.

La explicación de la derrota hay que buscarla en la cabeza de los futbolistas, tan empachados de todo que sólo encuentran estímulo en los desafíos extraordinarios. El Barça lo era y el Wolfsburgo, no. Lo será en el Bernabéu, para entonces no tengan la menor duda, pero no lo era en su estadio.

Hubo un tiempo en que había aficionados madridistas que visitaban Alemania como los americanos visitan Vietnam, para conocer los lugares de la derrota, Hamburgo, Karlsruhe, Múnich. Nadie irá jamás a Wolfsburgo con esa intención. Allí no ocurrió nada trágico, nada con entidad para entrar en la historia. Sólo sucedió que el Madrid se distrajo y fue incapaz de recordar lo que hay en juego. Lo mejor que se puede decir, a estas horas, es que hay peces con mejor memoria.

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