Crónicas Mundanas

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Etiqueta: Keylor Navas

Con ustedes, un candidato


El fútbol inglés se aproxima. A nosotros, digo. Debía pasar, pero pensamos que nunca llegaría a ocurrir. Suponíamos que los jeques y los magnates seguirían gastando el dinero a tontas y a locas, que los entrenadores serían incapaces de sobreponerse a lo que parecía una tara estructural y una fatalidad histórica, ya se sabe que los británicos pierden gas cuando salen de las islas. Pues bien, todo es mentira. Entre otras razones porque el dinero, cuando es inagotable, termina por tener razón. Y porque el mestizaje se ha impuesto en el campo y en los banquillos, y porque el fútbol va y viene, y porque la vida es así.

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Apuntes con y sin árbitro

Sergio Ramos, poco antes de marcar. O por después.

Sergio Ramos, poco antes de marcar. O poco después.

 

Está de moda justificarlo todo con la actuación arbitral, de manera que si queremos parecer a la última tendremos que comenzar por la roja que debió ver Keylor Navas y continuar con las especulaciones que más interesen. Si la idea es condenar al Madrid, afirmaremos que no hubiera podido ganar contra once porque casi no pudo ganar contra diez. Si defendemos la idea contraria, diremos, con bastante cinismo, que el Madrid no fue beneficiado en la acción de Keylor, sino seriamente perjudicado, pues a continuación el portero costarricense se metió el balón dentro de la portería, cosa que jamás hubiera hecho Kiko Casilla, guardameta de guantes más adherentes. Sin ese gol, el Betis se habría visto obligado a abrirse más y hubiera caído antes. A partir de aquí, podemos remontarnos en la discusión al partido del pasado miércoles y a José Emilio Guruceta Muro.

La otra opción es ignorar al árbitro, lo que no significa tenerlo por un ser inocuo. Los árbitros influyen en el juego y así debe ser porque el fútbol no se juega en una probeta, sino sometido a fenómenos naturales entre los que se cuenta un señor que ha de impartir justicia condicionado, tal y como lo estamos todos, por sus gustos, sus filias y fobias, su hipoteca, la última discusión con su pareja y el dolor accidental de un huevo.

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Cuatro minutos cuatro

Modesta idea para alargar los partidos.

Modesta idea para alargar los partidos.

 

El Valencia ganó el partido en ocho minutos, el mismo tiempo que empleó el Real Madrid en perderlo. Ya estoy mintiendo. El Valencia ganó el partido en cuatro minutos, cuatro, el mismo tiempo que empleó el Real Madrid en perderlo. Fue en el tramo del 4’ al 8’ cuando se decidió el combate. Los cientos de puñetazos que se repartieron después provocaron magulladuras, ahogos y calambres, pero alteraron mínimamente el marcador. No fue, por tanto, un mal inicio lo que condenó al equipo de Zidane. Fue un huracán repentino, la violenta corriente que se forma entre dos puertas abiertas. No le encuentro más sentido. Tampoco lo tuvo el gol de Zaza, consecuencia, asómbrense, de un mal control. Recibió en el área, se le fue la pelota, y antes de que le llamáramos “paquete”, se giró para chutar a la escuadra de nuestra boca.

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Calle Melancolía

El Real Madrid, en busca de Emma Stone.

El Real Madrid, en busca de Emma Stone.

 

De una crisis inventada puede surgir una depresión cierta. Entiéndase como depresión un estado de afligimiento y desgana. De repente, la suerte te deja como te dejan las novias que se hacen estrellas de cine. Entonces, y como sucede con todos los abandonos, lo que se impone es rebozarse en la melancolía del pijama a todas horas y de lo felices que fuimos. Para recuperar el ánimo ayuda mucho tener un club de jazz, pero también se puede remontar sin piano.

En ese trance anda el Real Madrid. Añorando la racha y la invencibilidad. Suspirando por el tiempo de los récords, por lo fácil que parecía. A ratos se acuerda de jugar y a ratos se hurga en la costra. Justo a la nostalgia hay un deseo de revancha que precipita los movimientos y vuelve a deprimir, vean Cristiano. Algunos son inmunes, los menos. Sergio Ramos le escupió el primer gol a todos los que dudan, critican o sonríen de medio lado. Había mucha verdad en la cantinela infantil: por mí, por todos mis compañeros y por mí el primero. En el segundo, más comedido, Sergio nos guió por el mapa que lleva impreso en la piel policroma y en la camiseta climalite.

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Deportivo Alavés-Real Madrid: el partido capturado

Pasen, vean y opinen.

Pasen, vean y opinen. Si pueden

 

Se pongan como se pongan, no hay partido, sólo polémica. Lo lamentarán especialmente Cristiano, Morata, Keylor y el Alavés de la primera mitad. A partir de este momento, prescindiremos de lo ocurrido y congelaremos el encuentro en el minuto 15, cuando Deyverson despejó con el brazo o con la cabeza un lanzamiento directo de Bale. El árbitro vio penalti y las cámaras de televisión, a la espera de la película de Zapruder, no han podido aclararlo. Hay quien observa perfectamente el impacto en el antebrazo y hay quien distingue sin género de dudas el golpeo en el parietal. No faltan quienes analizan la violencia del rechace (rechazo según la romántica Fundéu) para concluir científicamente que fue mano o cabeza, penalti o robo.

Según pasen los días, y hasta que el próximo partido nos aplaque los ánimos, seguiremos escrutando la imagen, en busca del monstruo del Lago Ness y del segundo tirador en Dallas. No nos pondremos de acuerdo y hasta es probable que se abra otra vía de discusión, la que planteó el alavesista Alexis, nada más finalizar el encuentro, en los micrófonos de BeIn Sport: “Da igual. Lo que está claro es que en el área del Madrid no se hubiera pitado nada”.

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El Real Madrid venció al miedo

Fue cuestión de liberarse del miedo, de aproximarse al fantasma, de medirse en las carreras, de compararse en estatura. Fue un proceso que necesitó tiempo. Primero fue necesario entender que no había tanta diferencia y a continuación comprender que no había ninguna. El complejo, evidente al inicio, desapareció al final del partido. El Real Madrid venció en el Camp Nou porque no sólo metió más goles, sino que metió más miedo. Cualquier cosa es posible a partir de ahora. Que los guapos lo parezcan menos y que los ogros comiencen a resultar terriblemente atractivos.

Lo más hermoso del fútbol es su capacidad para cambiar el guión y, en consecuencia, para destrozar las crónicas medio escritas (este deporte no soporta que lo prevean y es posible que tampoco soporte a los cronistas). El primer análisis, elaborado en el descanso, analizaba las excesivas precauciones del Real Madrid, al menos de inicio. Al primer golpe de vista quedó claro que para Zidane el orden era más importante que el juego y la pizarra más relevante que el balón. Es obvio que sentía algo muy parecido al miedo.

En esa actitud defensiva, admisible en la ida de unas semifinales (todo llegará), había un reconocimiento de inferioridad que el Real Madrid no puede permitirse en ningún caso, ni siquiera en el Camp Nou. Y menos aún con diez puntos de desventaja.

El plan de arranque dio confianza al Barça, pero le obligó a pensar. Para Messi pudo significar incluso un estímulo. Nada interesa tanto a un genio como un acertijo. Decía Cruyff, muy generoso en este juicio, que todo el mundo sabe jugar al fútbol con espacios. Como casi siempre tenía razón.

A pesar de su interés, Messi no tuvo éxito: lo intentó como delantero entre líneas hasta que confirmó que Casemiro no tiene cosquillas, probablemente carezca incluso de axilas. Después probó como centrocampista y también alternó en la banda izquierda. Además, reclamó un penalti que estuvo muy cerca, pero le faltó un palmo. Apuesto a que todavía busca fórmulas para ganar la partida.

Durante muchos minutos, el Barcelona estuvo más cerca de la victoria sin necesidad de marcar un gol. El simple hecho de dominar el juego sin oposición le concedía una autoridad moral sobre el Clásico. Sin embargo, las pocas veces que el Madrid se desplegó en ataque generó en el ambiente algo muy parecido, sí, al miedo: frío repentino sin que baje la temperatura. No había diferencias de talento cuando el visitante replicaba. No tenía sentido alguno verse inferior.

La fortuna del Madrid es que los jugadores tienen problemas para retener las normas (las de circulación en mayor medida). El equipo que salió en la segunda mitad fue más anárquico y valeroso, mucho más fiel a sí mismo, a sus condiciones naturales. Ni siquiera el gol de Piqué le afectó al ánimo. Benzema lo igualó muy pronto y a partir de entonces el choque cambió por completo, con la presunta víctima lanzada a por el teórico verdugo. El miedo cambió de bando y esa imagen vale más que un triunfo. Cristiano consiguió el gol de la victoria, aunque también pudo lograrlo Bale; si disculpamos al línea es porque debe ser una tortura llevar una bandera y no ondearla de vez en cuando.

Se equivocaron los que daban la historia de esta temporada por escrita, porque esta historia hay que empezar a escribirla a partir de abril. No digo que todo vaya a ser distinto. Sólo insisto en la irritación que le produce al fútbol que le marquen el camino. Vida nueva. Piensen en las posibilidades que esto tiene.

Picas apócrifas

Bravo (1); Alves (-), Piqué (2), Mascherano (1), Alba (1); Rakitic (1) [Turan, (-)], Busquets (2), Iniesta (1); Messi (2), Suárez (1) y Neymar (1).

Keylor Navas (2); Carvajal (1), Pepe (2), Ramos (1), Marcelo (2); Kroos (1), Casemiro (2), Modric (2); Bale (2) [Lucas Vázquez (1)], Benzema (2) [Jesé (1)] y Cristiano (2).

 

 

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